Los bancos que nos roban

Lo normal -y más en estos tiempos de crisis que nos han tocado- es que intentemos preservar nuestros ahorrillos y, si es posible, incrementarlos prudentemente. ¿Y cómo? Ahí está el quid de la cuestión. Lo más habitual es que los profanos, los que poco o nada entendemos de economía, acudamos a nuestro banco, ese “de toda la vida” en el que tenemos domiciliados nuestros recibos o la tarjeta de crédito. Son gente de fiar, ¿no? En algunos casos, ya nuestros padres o incluso los abuelitos confiaban en ellos. En la atención personalizada de la entidad, en el amable empleado que nos trata con la familiaridad de un conocido de siempre… Pues ¡Alto ahí! No lo haga y concédase un momento de reflexión.
Hace ya un tiempo, un autor llamado Penny Lernoux publicó un libro titulado “Esos bancos en los que confiamos”, que según un crítico es “una vigorosa acusación contra la comunidad bancaria y sus nada limpias asociaciones, un informe de corrupción en los más altos niveles de la institución bancaria a escala mundial, desde el Banco Vaticano hasta las entidades americanas más conocidas donde quedan al descubierto las íntimas relaciones entre los Bancos, la CIA, la Mafia, los narcotraficantes y los dictadores de América Latina”.
Pero bueno, como suele decirse, la corrupción y la ilegalidad campan a sus anchas por todo el mundo. Aunque seguramente solo hemos descubierto una punta emergida del gran iceberg, se ha visto una buena prueba de cómo actúan los financieros al generar una crisis económica mundial que durante casi diez años nos ha empobrecido a (casi) todos. Y para qué hablar de los múltiples escándalos y corruptelas de esos auténticos ladrones de guante blanco capaces de vaciar nuestros bolsillos con más rapidez que Bonnie & Clyde.
Lo peor es que, incluso descontando la faceta criminal, en el mejor de los casos nuestros bancos lógicamente arriman el ascua más a su sardina que a la nuestra. No hay más que recordar el caso de las acciones preferentes, de las clausulas suelo o tantas otros productos que nos ofrecen cariñosamente para invertir la pasta que nos ha costado años de sangre, sudor y lágrimas para reunirla. Y no, no sólo se la pegan a la inocente abuelita que entrega con manos temblorosas el destino de su escasa pensión. No. Se la meten doblada a infinidad de gente, o bien inocentes que creen en esa elevada rentabilidad que les ofrecen, o a perezosos (casi todos nosotros) incapaces de leer la letra pequeña hasta que reconocemos en ella nuestra perdición.
Así que ya lo sabe. Cuando el banco le ofrezca un producto muy muy rentable, por ser usted quien es, claro… Recuerde que sólo les importan sus beneficios, y un pito los de usted.
Pero no quiero acabar esta diatriba sin meterme con otro tipo de productos que se ofrecen como procedentes de entidades independientes de la banca: Los fondos de inversión. Ahí es donde se supone que están los Super Héroes de las finanzas. Pero ya, ya…
Y no, no es que estos sean sistemáticamente unos estafadores, aunque la inmensa mayoría lo que son es enormemente incompetentes. Si entráis en Internet, buscad “Rentabilidad de los Fondos de inversión en España. 1999 – 2014”, donde se transcribe un encomiable trabajo de los profesores Pablo Fernández, Alberto Ortiz, Pablo Fernández Acín e Isabel Fernández Acín, estos SÍ independientes.
El deprimente estudio expone hechos como que “La rentabilidad media de los fondos de inversión en España en los últimos 15 años (1,60%) fue inferior a la inversión en bonos del estado español a 15 años (5,83%) y a la inversión en el IBEX 35 (3,28%). Sólo 9 fondos de los 629 con 15 años tuvieron una rentabilidad superior a la de los bonos del estado a 15 años, 74 tuvieron una rentabilidad superior a la del IBEX 35 y 99 tuvieron rentabilidad negativa.”
Y cuando las lágrimas nos permitan seguir leyendo, sabremos algo más penoso aún. “También se muestran los resultados de un experimento en el que 248 escolares consiguieron mejor rentabilidad promedio que los fondos de inversión en renta variable en 2002-2012. De los 248 escolares, 72 de ellos superaron la rentabilidad de todos los fondos. La rentabilidad media de los escolares fue 105% y la de los fondos 71%.”
Y esto sucede, primero porque son una panda de merluzos que, como se ha visto en el párrafo anterior, tienen menos idea de la marcha de la economía que tu hija, sí, la peque. Ya lo dijo Marx (Groucho, no Karl) “Este problema lo entendería un niño de cinco años. ¡Que traigan un niño de cinco años!”
Y la otra causa evidente es que te clavan unas comisiones por su ineficiente gestión que dejan tu rentabilidad final por los suelos. Unas comisiones que, como decía recientemente un crítico de los gurús de Wall Street, “les sirve para comprar y mantener sus Lamborghini”.
“In God We Trust: En Dios Confiamos”, parece que dice en los billetes norteamericanos de un dólar.
Vale, porque nos resistimos a ser pecadores de la pradera. Pero en los bancos y sus adláteres, rotundamente NO.
Abelardo Hernández





