Los hombres se suicidan más y hay razones objetivas

Acabo de leer en el Diario El País un artículo de un tal Will Storr que trata de analizar por qué las tasas de suicidio masculino son mucho mayores y crecientes que en el caso de las mujeres. Y cita los estudios realizados por el presidente de la Academia Internacional de Investigación del Suicidio en el Reino Unido, profesor Rory O’Connor, quien asegura que casi ocho de cada diez suicidios son masculinos, la causa más probable de muerte para los hombres de entre 20 y 49 años; una cifra que lleva más de tres décadas en aumento.
Para O’Connor la mayor causa de suicidios es lo que denomina Perfeccionismo Social. “Un perfeccionista social tiene unas expectativas inusualmente altas de sí mismo. Su autoestima pende peligrosamente de su capacidad para mantener un nivel, a veces imposible, de éxito. Ante el fracaso, colapsa”. Un sentimiento mucho más frecuente entre los varones.
Sin embargo, hay un matiz importante. Los sentimientos que experimentamos de éxito o fracaso “no tienen nada que ver con lo que la gente piensa realmente acerca de uno,” asegura. “sino con lo que uno cree que ellos esperan”. O sea, que se puede llegar al suicidio simplemente por concebir una idea errónea. Podemos ser realmente valiosos, incluso estar rodeado de personas que así lo corroboran… pero si nosotros mismos nos consideramos unos fracasados, la idea de acabar con nuestras vidas puede empezar a rondar peligrosamente nuestras cabezas.
Obviamente, se diría que buena parte de tales ideas provienen de las expectativas que nos hemos creado; de la distancia entre lo que quisimos lograr y lo que creemos haber conseguido.
Yo pienso que buena parte de estos errores vitales provienen de dos de las creencias contemporáneas que más daño están haciendo a la sociedad, y que son muy abundantes en los libros de Autoayuda. Abreviando mucho, las frases que ilustrarían tales conceptos son dos “Todos somos (o hemos de ser) iguales” y “Tú puedes lograr todo lo que te propongas”. Bastaría con unos minutos de reflexión para que cualquier persona de inteligencia media se diese cuenta de lo absurdo de ambos eslóganes. Pero claro, sobre todo si unimos ambos, el desastre está servido. Si yo soy igual que cualquier otro (lo cual significa que tengo idénticos derechos) y, además, poseo la posibilidad de alcanzar esas metas en las que sueño… pues sólo tengo que ponerme en marcha. Y si no logro algo que está al alcance de cualquiera… pues menudo fracasado soy. Quizá únicamente me quede el recurso de refugiarme en las drogas o en cualquier tipo de paraíso artificial. Pero después de eso… sólo me quedaría una salida.
Pero al artículo le falta una parte esencial que, como cabría esperar, sería políticamente incorrecta. A saber: 1) por qué motivos el 90 % de las personas sin hogar que pululan por nuestras calles son hombres, 2) cuáles son los motivos para que los hombres divorciados se suiciden en una proporción escandalosamente mayor que las mujeres, y 3) explicar la razón de que, concretamente en España, a partir del año 2006, en las cifras facilitadas por el Instituto Español de Estadística no figure el estado civil de los suicidas. ¿Podríamos establecer alguna correlación entre todos estos factores con el fin de atajar esa espantosa mortalidad masculina?
Me da la sensación de que nunca será posible… Al menos mientras el hombre haga dejación de la lucha por defender sus cada vez menores derechos.
Abelardo Hernández






