Desarrollo con rostro humano o cómo una empresa mejora sus resultados cuanto mejor trata a sus trabajadores

Recientemente me ha llamado la atención un artículo publicado en diarioresponsable.com por Ramón Jaúregui, quien se pregunta “¿Ha agotado la Responsabilidad Social Empresarial (RSE) todas sus posibilidades como teoría transformadora del papel de las empresas en la construcción social del siglo XXI” Resulta notable cuando un miembro del PSOE reflexiona diciendo “Personalmente, estoy más cerca de la Economía del Bien Común que de aquellos que proclaman el fin de la Economía de Mercado, incluso del capitalismo mismo, pero no son capaces de ofrecernos un modelo alternativo para la economía del mundo global. Por lo menos, un modelo conocido y de éxito. Ya somos muy mayores para creer en los panfletos o en las consignas de protesta sin alternativas”.
Pues sí, señor. Somos muy mayores como para creer en utopías. No obstante, nos gustaría recordar que hace ya mucho tiempo los creadores de la Teoría de Juegos (teoría muy seria a pesar de su nombre) establecieron lo que llamaron “juegos de suma cero” .Un juego de suma cero, nos explica la Wikipedia “describe una situación en la que la ganancia o pérdida de un participante se equilibra con exactitud con las pérdidas o ganancias de los otros participantes”.
Sin embargo, en la Teoría de Juegos, dos y dos no siempre son cuatro. Pues “Un ejemplo frecuentemente citado es en economía, donde uno podría asumir que el dar cierta cantidad de riqueza a una persona (por ejemplo, a través de impuestos y subsidios) necesariamente resulta en que otros pierdan la misma cantidad de riqueza. De hecho, las actividades económicas pueden aumentar o reducir la riqueza del mundo, haciendo el “juego” económico de suma no cero.”
Y lo mismo que decimos de los impuestos podríamos decir en relación a los empresarios y a los trabajadores. Creo sinceramente que la revolución que ya mismo se está gestando en el mundo va a provenir de ciertas empresas. Como las pertenecientes a una lista de 51 recientemente elaborada por la revista Fortune, la cual, según nos informa Servimedia, “no pretende reconocer la “bondad” de las empresas, sino poner en valor a quienes están teniendo un impacto positivo sobre la sociedad como parte de sus estrategias de negocio.” Entre las 51 firmas listadas figuran algunas como Danone, Unilever, Enel, Novartis, GSK, Grameen Bank, Facebook, Patagonia, Starbucks, Philips, Ikea, Nike, Alibaba, Ford, y Equity Bank, etc.
El quid de la cuestión es que algunas empresas han empezado a creer que cuanto mejor se trate a unos trabajadores que no son vagos siempre a la búsqueda de la mayor retribución con el mínimo esfuerzo, sino seres humanos inteligentes y responsables a los cuales es necesario hacerles formar parte de la empresa, estos tendrán motivos para creer que tampoco todos los empresarios son vampiros chupasangres, se sentirán más y mejor integrados y mejorarán los resultados empresariales.
Me encantaría que quien pueda y quien quiera echara un vistazo a un libro titulado “Radical”, que hace ya años escribió el empresario Richard Semler. Y no crea que lo que se trata en esas páginas sea Ciencia Ficción, sino pura gestión empresarial. Quizá algún día me anime a hablar algo más extensamente de este hombre y la increíblemente transformadora labor que llevó a cabo en su empresa.
Y para acabar, unas palabras del ex presidente Bill Clinton, que ojalá sean proféticas: “Cuanto más complejas se vuelven las sociedades, y más complejas son las redes de interdependencia dentro y fuera de los límites de las comunidades y las naciones, un mayor número de gente estará interesada en encontrar soluciones de suma no nula. Esto es, soluciones ganancia-ganancia en lugar de soluciones ganancia-pérdida… Porque descubrimos que cuanto más crece nuestra interdependencia, generalmente prosperamos cuando los demás también prosperan”.
Abelardo Hernández





