¿Cuál es el papel de las bases de los partidos políticos después de lo sucedido a Carmona o el abuso de ‘paracas’ en Pozuelo?
(06-08-15) Tras el Congreso extraordinario de la antigua Federación Socialista Madrileña, ahora PSOE-M, se ha desatado una caza de brujas para erradicar cualquier vestigio del ‘Tomasismo’. Desde el pasado lunes, el candidato a la Alcaldía de Madrid, Antonio Miguel Carmona, deja de ser portavoz del Grupo Municipal Socialista en la Capital del Reino. Ni las cacareadas primarias que ganó, con los consiguientes apoyos de las bases, ni su popularidad en las diversas tertulias de variopintas cadenas, han servido para sucumbir ante el rodillo de los ganadores del equipo de Sara Hernández. Es cierto que los resultados en Madrid fueron muy decepcionantes, máxime con la diferencia de votos con Ángel Gabilondo. Pero creo que no hace justicia al bueno de Antonio Miguel, cuya amistad con Tomás Gómez y su defensa a ultranza hizo que le ignorasen en los medios de comunicación afines a la Izquierda y le torpedeasen desde dentro y fuera de la sede de Ferraz. Es lo que tiene enfrentarse con el poder.
Carmona es una persona brillante, un profesor de la Facultad de Económicas del CEU con una gran dialéctica, muy preparado intelectualmente y con una trayectoria política notable, salvo algún capítulo como el Prestige hace años, pero que queda en el anecdotario mediático. Su visión de estado supera con creces a su compañero de la Comunidad Gabilondo, cuyas meteduras de pata se silencian en aras de una imagen de intelectual muy superior a la que en realidad posee. Sin embargo, todas esas hipotéticas virtudes de nada sirven ante los gerifaltes del Partido. No hace falta ser brillante. Hace falta estar a la sombra del aparato de turno y grandes dosis de coba ante los superiores. Las voces críticas hay que amortiguarlas. Como Fuente Ovejuna, todos a una. No importa la valía personal; tan sólo ser disciplinado. Sólo hay que fijarse en su sustituto, una desconocida cuyo mérito es haber pertenecido a la Ejecutiva de Pérez Rubalcaba, pero con estrecha relación con Pedro Sánchez. Ahí es nada.
Es paradójico que los partidos políticos como instrumento de participación en una democracia sean precisamente los más antidemocráticos. Y viendo el espectro actual no se salva ni uno. Si hay primarias y no gusta el candidato, se hace lo imposible para que fracase o se retire. (Acuérdense de las primeras primarias del PSOE entre Joaquín Almunia y José Borrell) Si no las hay, un dedo divino señala a aquel elegido, bien enmascarado en un comité reunido en una de las salas de las sedes centrales. La cuestión es en el fondo, rodearse de acólitos para que las aguas estén tranquilas y no les “muevan la silla”.
Con todo ello, me hago una pregunta: ¿Qué papel en realidad tienen las bases de los partidos en nuestro país? A los políticos se les llena la boca de primarias, democracia interna y participación activa de sus afiliados. Sin embargo la realidad es diametralmente opuesta. Aquí está el caso de Carmona, pese a ganar las primarias. Claro que en otros ni siquiera tienen la oportunidad ni de votar. O alguien se puede creer que los paracaidistas que han venido a la zona oeste han sido elegidos por los componentes de las diferentes agrupaciones. No creo que todos esos ex altos cargos de la Comunidad de Esperanza Aguirre (Directores, Jefes de Gabinete, etc) que han copado los primeros puestos de las listas hayan sido refrendadas por sus respectivas sedes locales. Entonces ¿qué papel tiene en realidad el afiliado? ¿Pagar su cuota, hacer bulto en soporíferos actos electorales y sentarse todo el día en una mesa electoral? Y si tiene la suerte de poder elegir a sus compañeros en primarias, ¿de qué sirve si después los del estamento superior anulan el resultado por intereses personales?
Es curioso que la gran mayoría de españoles de una y otra ideología respondemos afirmativamente a la reforma electoral para implantar las listas abiertas. Da igual el color político. Es de los pocos asuntos que estamos mayoritariamente de acuerdo. Sin embargo son los propios partidos políticos los que por desidia o por sus propios intereses no quieren ni abordarlo siquiera. La desafección por la clase política en este país no sólo se debe a la corrupción, sino también a gobernar de espaldas a la sociedad, empezando por sus propios correligionarios.
J.Garcis






