El viejo ‘Vuelva usted mañana’ sigue siendo terrorífico para España

(12-04-15) Hace apenas unos días tuve la ocasión de leer una carta que un científico llamado Sebastián Chávez escribía dirigida a los contribuyentes. En ella nos explicaba “Usted paga mi sueldo de catedrático en una universidad pública y los proyectos de investigación científica que dirijo. Tiene por tanto todo el derecho a saber en qué empleo mi horario de trabajo”. Inmediatamente aclaraba que “Invertí un 30% de mi horario semanal en tareas docentes (…). Sólo pude dedicar otro 30% a tareas puramente científicas: (…) No puede dedicar apenas tiempo a la lectura de publicaciones de mi campo de investigación, algo esencial para la competencia de un investigador en activo, ni a escribir varios artículos científicos que tengo pendientes de publicar. La causa de ello es que dediqué 4 de cada 10 horas a realizar trámites burocráticos.”
Sí, usted ha leído bien. Casi la mitad del tiempo del que dispone un científico (y, por tanto, la mitad del dinero que entregamos para el desarrollo de la ciencia en nuestro país) se lo come la burocracia. ¿No sienten tentaciones de denominar a esas tareas “burrocráticas”?
¿Y las causas de semejante dislate? Don Sebastián nos cuenta que “En los últimos años, como consecuencia de los abundantes casos de corrupción, la burocracia se ha acentuado. Auditores privados que trabajan a comisión bucean en los legajos, buscando presuntas irregularidades en la justificación de gastos realizados hace años.” ¡Ajaaaa! Todo queda explicado. Hace bien la administración en investigar a gente tan sospechosa y que tantos casos de corrupción ha protagonizado últimamente como los investigadores científicos. Todos nos equivocábamos de medio a medio al pensar mal de personas tan íntegras como los políticos o los financieros. Vayan por delante nuestras más sentidas disculpas.
Pero, ¡un momento! Aquí hay trampa. El doctor Chávez nos informa de que “Esta fiebre fiscalizadora conlleva una reacción en las administraciones fiscalizadas, que cada vez imponen más controles a priori para autorizar los gastos. Más papeles pues, más memorandos, más instancias y por supuesto más burócratas que escruten los documentos y muevan toneladas de papel, ahora convertidas en innumerables terabites digitales que bullen en los ordenadores ministeriales, autonómicos y universitarios.” ¿Cómo? ¿Una fiebre fiscalizadora de las administraciones que cada vez imponen más controles para saber dónde se van a gastar o se han gastado nuestros fondos? ¿De qué lugar idílico habla D. Sebastián? ¿No será de un país llamado España donde las corruptelas acaecidas en ciertas Autonomías y ciertos partidos políticos que han dilapidado miserablemente millones o cientos de millones de euros justifican semejante coladero con la excusa de que “han fallado los controles”? Verdaderamente, los sufridos ciudadanos de a pie aún nos quedamos ojipláticos pensando cómo cualquier dirigente puede ostentar semejante morro sin ser automáticamente cesado en su cargo (como poco) por semejante nivel de incompetencia y desidia.
Es decir, que no teníamos bastante con la consuetudinaria pobreza de la ciencia española. No sé si existirá una correlación entre esa hiperabundante burocracia y el dinero que se destina a ella, pero no me extrañaría nada. O sea, poca pasta y encima mal invertida… Éramos pocos y parió la abuela…
Cientos de voces se han levantado en nuestro país para que la ciencia española esté más y mejor retribuida. Incluso sonadas manifestaciones hemos visto en las calles expresando sus protestas por parte de nuestros investigadores (D. Sebastián: se le ha olvidado a Vd. incluir en sus cálculos el tiempo utilizado en manifestarse). Pero como si no. Así que, cómo no dar la razón a la voz de otro de nuestros ilustres científicos, el director del Centro de Investigación del Cáncer de Salamanca, don Eugenio Santos, cuando el pasado año nos decía: “las instituciones -y también la sociedad- ven la investigación como un lujo, y no como una inversión necesaria para progresar (…) En cualquier área de investigación la única manera de que progrese la sociedad es con más conocimiento, y si quieres tener más conocimiento tienes que invertir en investigación. Obviamente, no se está haciendo.” Y añadía: “No sólo tenemos menos dinero, sino que parte del que ganamos para proyectos de investigación lo tenemos que dedicar a gastos corrientes de funcionamiento”.
No se queje tanto, don Eugenio, que el día menos pensado les dan una fregona con la obligación de dejar los laboratorios como los chorros del oro.
“Si he logrado ver más lejos, ha sido porque he caminado a hombros de gigantes”, se cuenta que dijo Isaac Newton en los albores de la ciencia contemporánea. Pensando en nuestras administraciones, no tenemos más remedio que pensar que nosotros caminamos sobre los hombros de enanos.
Abelardo Hernández






