El PSOE de Pozuelo ha perdido, incluso, el sentido común


(08-10-14) Se sabía que el PSOE de Pozuelo ya no es un partido sino un grupo heterogéneo de izquierdas. Se sabía que ya sólo le quedan ‘francotiradores políticos’. Sueltos. Cada uno haciendo la guerra ideológica por su cuenta. Cogiendo ideas de aquí y de allí. Huyendo hacia la nada. A tres centímetros del vacío. Pero, ayer, me descubrieron que algunos de esos guerrilleros socialistas ya no tienen ni sentido común, que es el sentido básico del ser humano.
Cuando España entera se acongojaba con la infección de una auxiliar de enfermera por el virus del ébola, algunos socialistas pozueleros se metieron en su trinchera y se pusieron como locos a disparar tuits con mensajes alarmistas o a retuitear los de otros insidiosos. Pidiendo de todo. Acusando de todo. Sacando conclusiones de todo. Haciendo algo propio del manual leninista. El alarmismo por que sí. Para sacar provecho. Una acción que fue básica de una izquierda que ya ha caducado.
A Alberto Sotillos, por ejemplo, solo le faltó pedir un juicio sumarísimo sobre Ana Mato y que, como poco, la exiliaran. En caliente. Sin esperar a nada. Fuera. Al destierro por ser la causante de toso los males de España. Alberto no ya pedía su dimisión con rabia en unos tuits espumosos sino que, en su línea habitual, respondía con altanería a las peticiones de calma de su Secretario General. Casi con ira. Nada importaba. Para él era una oportunidad política para derrocar a la derecha. Menos mal que el PSOE no le votó en aquellas primarias. Se hubieran arrepentido eternamente. Con posiciones tan radicales puede que no le voten nunca.
Eva Izquierdo, por su parte, no hacía otra cosa que retuitear mensajes alarmistas. Es su típica acción de oposición. También era de las que creía que había que aprovechar la oportunidad política para hacer daño a la derecha. Ana Mato, dimisión. Esto es por culpa de los recortes en Sanidad. No pedía un juicio sumarísimo es sus tuits, sólo los retuiteaba. Y daba igual que Pedro Sánchez pidiese calma. Daba igual. A las barricadas digitales… Está vez, Ana Mato, no pasará.
En su desenfrenada pasión, ambos querían convertir una contaminación accidental en un 13 de marzo de 2004. Queremos saber la verdad, pásalo. Qué decepción. Ya ni siquiera les quedaba sentido común.
Lógicamente, tuvieron que frenar su ímpetu. Pero solo lo hicieron cuando vieron las declaraciones de Pedro Sánchez y de Tomás Gómez en televisión, diciendo ambos que lo primero había que hacer era esperar a que se curase la enfermera, que dicho sea de paso, se había ofrecido voluntaria para atender a uno de los enfermos de ébola repatriados, después conocer todos los pormenores de la situación y, por último, con las conclusiones sobre la mesa, pedir responsabilidades políticas. Puro sentido común. Ni siquiera Sentido de Estado. Sólo sentido común. La salud es algo muy serio y muy sensible a la alarma social. Hay que ser prudentes.
Pero de eso ya no queda en la Casa del pueblo de la calle Benigno Granizo de Pozuelo. Qué desatino. Qué poco talento político. Qué pena.





