Crónica rosa de un acto político de Tejero al que Antolínez no quiso venir a recibir una medalla (y le gustan tela) y Lorena (la nueva DG) quiso demostrar que Castillo es solo el comisario

El pasado viernes, el Gobierno de Pozuelo celebró el día de la patrona de la Policía Municipal, Nuestra Señora del Remedio, con un solemne acto en el MIRA Teatro.
Pase de revista, bandera, discursos, reconocimientos, condecoraciones, autoridades y mucha solemnidad.
Sobre el papel, todo perfecto. En la práctica, quizá demasiado perfecto. Y demasiado largo.
Pero, sobre todo, un acto con mucho morbo.
Parecía que lo importante no era homenajear a la Policía Municipal sino en rendir homenaje a la propia ceremonia. Tanto que, por momentos, el protagonista parecía ser el propio acto.
Típico de un acto político disimulado.
La escenografía tampoco ayudó.
La alcaldesa Paloma Tejero ocupando el lugar central y elevada sobre el escenario como si se le homenajease a ella, mientras el nuevo comisario jefe Félix Castillo, quedaba físicamente en un segundo plano.
Era una simple cuestión de colocación que, sin embargo, transmitía mucho.
Más aún, cuando la nueva directora general de Seguridad, Protección Civil y Emergencias, Lorena Álvarez, adquirió también un protagonismo destacado.
¿Acaso Lorena quería demostrar algo?
¿Era el día grande de la Policía Municipal o el día grande de la política de seguridad, protección civil y emergencias?
Parecer lo parecía…
Es más, parecía un acto político de precampaña electoral en donde la política era lo importante.
¿Acaso por eso no quiso venir el ex comisario Lorenzo Antolinez a recoger su medalla?
Las malas lenguas dicen que no vino porque él aspiraba a ese puesto político y Tejero se lo dio a Lorena Álvarez…
Y Antolínez es muy suyo…
¿O no vino, tal vez, porque le daba vergüenza torera que le dieran una medalla con los penosos resultados de inseguridad ciudadana que sacó el Ministerio del Interior sobre el primer semestre del año y que Tejero quiere camuflar con una de sus chuminadas?
Todo puede ser.
Lo mismo Antolónez tuvo un ataque de dignidad profesional…
No lo sé, pero en Pozuelo todo es posible…
Y aquello, menos un homenaje a la Policía Municipal, era cualquier cosa…
Pero sigamos con las condecoraciones.
Una veintena de reconocimientos exige organización, ritmo y, sobre todo, que el público sepa quién recibe cada distinción y por qué.
Sin embargo, entre entradas, salidas, aplausos y presentaciones, hubo momentos en los que distinguir el mérito de cada homenajeado parecía casi una prueba de atención psicológica.
Una medalla no se entrega como quien reparte números en una cola de la pescadería.
Porque cuando alguien recibe una distinción, el público debe saber quién es, qué ha hecho y por qué está ahí. El reconocimiento debe ser audible, visible y comprensible.
Cada premiado debería tener sus minutos de protagonismo y gloria pero aquello parecía una churrería…
Y si el público no sabe por qué se aplaude, algo se está haciendo mal.
También cabe preguntarse si el Día de la Policía Municipal necesita tanta estética castrense.
La Policía Local no es el Ejército.
Es una policía de proximidad que trabaja con los vecinos, en colegios, accidentes, emergencias, fiestas y problemas cotidianos.
Su grandeza está en trabajar, no en desfilar.
¿El Día de la Policía Municipal necesita reproducir una estética militar?
Puf, huele a república bananera…
La Policía Municipal es de proximidad. De estar en las calles, en los colegios, en los accidentes, en las fiestas, en los problemas de convivencia, en las emergencias y al lado del vecino.
Su grandeza no está en desfilar.
Está en trabajar.
Quizá este homenaje debería haberse más a la Policía que se quiere reconocer y menos a una parada militar.
Estoy seguro de que esa “militaritis” forma parte de una búsqueda de influencias…
Y luego está el catering. En un acto cuyo servicio estaba presupuestado en 26,95 euros por asistente, IVA incluido, según la información publicada previamente por este periódico, quizá no se esperaba un banquete.
Pero sí algo tan elemental como que hubiera bebida y comida suficiente.
Según varios asistentes, hasta conseguir una Coca-Cola se convirtió en una pequeña misión de supervivencia.
Al final, el problema no fue la solemnidad, la bandera ni las condecoraciones.
Fue el exceso.
La Policía Municipal merece un acto a su altura.
No necesariamente más grande, sino mejor. Más ágil, más cercano, mejor organizado y con los policías en el centro.
Porque la pregunta que debería hacerse el Ayuntamiento estuvo rondando todo el acto…
¿Se quería homenajear a la Policía Municipal u organizar un gran acto político de Tejero alrededor de la Policía Municipal?
No es exactamente lo mismo.
El viernes, en el MIRA Teatro, hubo momentos en los que costaba decidir si se estaba celebrando el Día de la Policía Municipal… o el Día de la presentación de la campaña electoral de Tejero.
No sé.
Quizá el mejor homenaje a un policía sea precisamente hablar menos de la Policía y dejar que la Policía sea la protagonista.
Manuela García






