El proyecto político de Tejero ha fracasado (por muy tarde que se acueste y muy temprano que se levante): Nunca entendió la idiosincrasia de Pozuelo y terminó enfrentándose a sus vecinos

El proyecto político de la alcaldesa Paloma Tejero ha fracasado por muy tarde que se acueste y por muy temprano que se levante.
Y, probablemente, ella sea la primera en saberlo.
La alcaldesa transmite desde hace semanas la sensación de quien busca desesperadamente un éxito que le permita salvar una legislatura que se le ha ido escapando entre los dedos. Quiere seguir. Necesita seguir. Pero el tiempo ya juega en su contra.
Por mucho que uno madrugue, no amanece antes.
Los dos grandes problemas que han marcado este final de mandato son el mejor ejemplo de su falta de sindéresis política. El escándalo del proyecto de la Real Federación de Fútbol de Madrid (RFFM) y la obcecación por el Recinto Ferial han sido las guindas su desastrosa gestión.
En el primero, bastaba con reconocer que existían conversaciones con la RFFM y que el Gobierno estaba estudiando una iniciativa que podía resultar interesante para Pozuelo. Era una salida política razonable. No pasa nada por estudiar proyectos.
Sin embargo, los nervios pudieron más que la estrategia política. Negó la mayor, culpó a todo el mundo y el asunto terminó convertido en un espectáculo bochornoso de improvisación que dañó la credibilidad del Gobierno municipal y la suya propia. Mostró tanto desquiciamiento que entró en guerra contra todo lo que se movía en ese terreno. Esta señora no vale para la política. Lo siento.
Con el Recinto Ferial ocurrió algo parecido.
Políticamente, la solución más cómoda era dejar que la Justicia decidiera sobre las medidas cautelares. Si el recinto no podía utilizarse por una decisión judicial, las fiestas regresarían provisionalmente al centro, aunque fuesen menos espectaculares, y la responsabilidad recaería sobre el procedimiento contencioso.
Y ya se vería el tema en la legislatura que viene.
En cambio, ella se sintió herida en su orgullo y fue a por todas. No vale para esto de la política. Y una vez autorizada temporalmente su utilización por la juez, el Gobierno municipal volvió a equivocarse al presentar dicha autorización como una victoria frente a unos vecinos poco menos que rebeldes.
Un error innecesario que, además, reabrirá el conflicto y el problema volverá cuando terminen las fiestas. Porque volverá a haber problemas. Problemas que los vecinos no quieren.
Pero ella entró también en guerra con ellos.
Pero, claro, sería injusto atribuir todo el fracaso exclusivamente a Paloma Tejero.
Es cierto que, políticamente, está muy verde pero nadie de Madrid le explicó que Pozuelo no es un municipio cualquiera.
Hace demasiado tiempo que el PP regional dejó de prestar verdadera atención a esta ciudad. Se daba por ganada. Era una plaza segura. Y esa confianza acabó convirtiéndose en desinterés.
La forastera Tejero llegó creyendo que Pozuelo era un lienzo en blanco sobre el que podía dibujar la ciudad de sus sueños.
Su actitud fue siempre “adanista” tirando a vengativa.
(Vuelvo a Pozuelo por la puerta grande tras irme por la puerta trasera y ahora se van a enterar)
Sin embargo, se encontró con una realidad muy distinta. Pozuelo tiene una personalidad política propia, una sociedad extraordinariamente pasiva y unos vecinos acostumbrados a vivir y que les dejen hacerlo.
Lejos de intentar comprender esa singularidad, optó por hacer justo lo contrario. Desde el primer día comenzó a acumular enfrentamientos. Grandes proyectos. Grandes anuncios. Grandes transformaciones. Todo parecía responder más a impulsos que a un análisis serio de la ciudad.
La obsesión por impulsar operaciones urbanísticas, hablar de macroproyectos, reunirse repetidamente con promotores o prometer miles de viviendas demuestra que nunca llegó a preguntarse por qué Pozuelo, históricamente, es de una determinada manera. Aquí todo tiene una explicación. Todo tiene antecedentes. Y todo requiere una enorme sensibilidad política.
Si las prisas rara vez son buenas consejeras.
En política, menos todavía.
Tejero disponía, teóricamente, de dos legislaturas para construir un proyecto sólido. Ha consumido prácticamente una y ya ha fracasado. Fue perdiendo el pulso de la ciudad mientras iba acumulando conflictos con vecinos, asociaciones y colectivos de todo tipo.
En Pozuelo no basta con tener mayoría absoluta. Aquí hay que conocer la ciudad. Escucharla. Respetarla. Entender que no todo puede transformarse a golpe de ocurrencia o de soberbia.
Ahora el propio PP madrileño parece haber comprendido la dimensión del problema.
De hecho, lleva tiempo muy preocupado por el desarrollo de los acontecimientos políticos de la ciudad.
Incluso, ha llegado a tomar el control porque sabe que el llamado Gran Pozuelo de Alarcón ya no es una plaza inexpugnable.
Y cuando un partido empieza a intervenir a una alcaldesa de su propio color, suele ser porque ha llegado a la conclusión de que el proyecto político ha dejado de funcionar.
Y eso, precisamente, es lo que ha ocurrido con el proyecto Tejero.
Juan Manuel Sánchez






