Los gloriosos encierros de Pozuelo ya solo son una pantomima para contentar a unos cuantos nostálgicos, con chivos en lugar de toros, y no tiene sentido que mantengan su lenta agonía

Estimado Capitán:
Avergonzado ante el deprimente espectáculo que estoy viendo con el desarrollo de los, en otro tiempo, “gloriosos encierros de Pozuelo”, me gustaría decirle a la nueva alcaldesa que no los vuelva a organizar…
(Se lo digo por El Correo de Pozuelo porque me temo que de otra manera no le llegaría)
Esto, señora, es una pantomima. Una parodia. En el encierro de hoy (por ayer), apenas había dos docenas de personas a lo largo de todo el recorrido. No había ni peñistas. Con el agravante de que solo se corren chivos en lugar de toros y con la gente a 40 metros por delante. Una burla para los que hemos visto lo que eran los encierros en esta ciudad y en donde se veían grandes carreras entre los cuernos de los toros con todo el peligro que conllevaba.
Entre unos y otros han acabado con la tradición taurina de la Villa. Las autoridades porque desprecian las tradiciones por mucho que se les llene la boca de darle “vivas” y los peñistas porque solo se dedican a comer como su gran actividad.
Es una pena que los encierros sean un remedo de encierros y que solo haya una corrida de toros (este año suspendida por el mal tiempo) en todas las fiestas cuando Pozuelo tiene una tradición taurina centenaria…
Nadie recuerda ya que el 5 de septiembre de 1911, murió en la Plaza de Pozuelo de Alarcón el gran torero Manuel Lagarto “Patolas” y, en la actual casa del párroco de la Iglesia de la Asunción don Mario, en el centro de Pozuelo, dicen que nació Rafael El Gallo el 18 de julio de 1882, estando su madre Gabriela Ortega de vacaciones en la villa, según cuentan los viejos de la ciudad y que ha sido recogido por los grandes historiadores de Pozuelo Carlos H. Fernández del Valle y Domingo Domené.
Y lo que es peor, el Gobierno de Pozuelo (este nuevo también) considera esta tradición, de tantos años, como un hecho cualquiera de las fiestas y no como algo principal en ellas como marca la historia.
Y que no me digan que este Gobierno no ha tenido tiempo de sobra para adornarlas con conferencias relacionadas con la Tauromaquia, Exposiciones de pintura taurina o un gran certamen de pasodobles que, para algo, Pozuelo es la ciudad de la música. O era, que ya no lo sé muy bien.
Termino con el ruego con el que empecé: Para ver como se mata lentamente una las grandes tradiciones de Pozuelo de Alarcón, sería preferible acabar con ella de un plumazo.
No se puede aguantar esta agonía…
Juan Pozuelo






