En Pozuelo no solo hubo fiesta hasta las 3, hubo botellón hasta que el cuerpo aguantó y bueno sería que el Gobierno publicase datos reales de las incidencias que produjeron en ese tiempo

Estimado Capitán:
Yo lo vi. Vi a menores aparentemente intoxicados, y alcohol, y ruido, y peleas, y suciedad y vecinos desesperados.
Y lo que es peor, yo vi como las Fiestas de la Consolación volvían a dejar una pregunta encima de la mesa que no tiene respuesta.
¿Quién vigila la ciudad cuando se apagan los focos del Recinto Ferial?
Pozuelo de Alarcón tiene un problema grave.
Y no es que sus fiestas tengan música.
Y no es que haya jóvenes con ganas de divertirse.
El problema es que, año tras año, la alcaldesa Tejero cree que las fiestas terminan cuando se cierran los chiringuitos.
Y no es así.
Hubo muchos más problemas.
Hubo imágenes patéticas producidas por el alcohol.
Y los botellones.
Y los gritos.
Y la suciedad.
Y los vómitos.
Y altercados.
Y ruido hasta la madrugada.
Y lo más preocupante de todo, menores que, según denuncias difundidas públicamente en las redes sociales, habrían presentado síntomas compatibles con una intoxicación etílica.
Pero después…
Vale, hubo 130 agentes…
Pero ¿y después de las tres?
El Ayuntamiento anunció un importante dispositivo de seguridad para las fiestas, con Policía Municipal, Policía Nacional, seguridad privada y los servicios de emergencias y protección civil.
Un despliegue considerable.
Como nunca.
Pero el problema no estuvo únicamente dentro del recinto.
Porque cuando terminaron los conciertos comenzó otra fiesta.
La fiesta de las calles.
La fiesta de los botellones.
La fiesta de los grupos de jóvenes.
La fiesta de los gritos.
La fiesta de los vasos tirados.
La fiesta de los vómitos.
La fiesta de los vecinos mirando el reloj y preguntándose cuándo podrían dormir.
La programación terminó a las tres de la madrugada.
Pero los vecinos sabemos perfectamente que las tres no significaron el final de la noche.
Y ahí es donde también falló la planificación.
¿Qué ocurrió entre las tres y las seis de la mañana?
¿Qué ocurrió en esa misteriosa franja horaria en la que la programación oficial termina, pero los problemas comienzan?
Y, aprovechando esta oportunidad que me da El Correo de Pozuelo, a mí me gustaría conocer algunos datos…
¿Cuántos controles de alcohol se realizaron entre las tres y las seis?
¿Cuántos menores fueron detectados consumiendo?
¿Cuántas intervenciones sanitarias realizó el SEAPA?
¿Cuántas intoxicaciones etílicas?
¿Cuántas reyertas?
¿Cuántas denuncias por consumo de alcohol?
¿Cuántas denuncias por ruido?
¿Cuántas actuaciones policiales se han producido?
Porque la transparencia no consiste únicamente en publicar fotografías de los conciertos.
La transparencia consiste también en explicar qué ha ocurrido cuando las cámaras se han apagado.
Y si el Ayuntamiento considera que todo ha funcionado correctamente que publique los datos.
Porque no todo se resolvió limitando los horarios.
No tienen perdón.
Juan Pozuelo





