Más madera contra la intransigencia política: POZCAVIR vuelve a demandar al Ayto de Pozuelo para que no se pueda seguir adelante con el Recinto Ferial y sus ruidos infernales

La intransigencia política de la alcaldesa Paloma Tejero tiene consecuencias. Las ha tenido, las tiene y las tendrá. Suele pasar cuando no se siguen la máxima de Bismarck: “La política es el arte de lo posible”.
En Pozuelo de Alarcón es al revés: La política es el arte de la intolerancia…
Y es que, cuando parecía que el conflicto del Recinto Ferial ya había alcanzado suficiente temperatura judicial, estamos en condiciones de afirmar que la asociación vecinal POZCAVIR vuelve a llevar al Ayuntamiento de Pozuelo ante los tribunales.
Y esta vez lo hace por una cuestión tan elemental como el derecho al descanso.
La nueva demanda no se refiere al proyecto faraónico urbanístico del futuro Recinto Ferial más Palacio de Congresos y Hotel, cuya tramitación ya sufrió un importante revés cuando la Justicia acordó medidas cautelares solicitadas por la propia asociación vecinal, no.
Esta vez el objeto del litigio son los ruidos generados por los conciertos, fiestas patronales, celebraciones de Nochevieja y demás eventos multitudinarios organizados por el Ayuntamiento de Pozuelo en el recinto ferial provisional durante los dos últimos años.
Y esta vez también solicitan medidas cautelares.
La posición de POZCAVIR resulta difícil de refutar porque la asociación ha insistido una y otra vez en que no pretende acabar con las fiestas. Lo que cuestiona es su ubicación. Es decir, no discute el derecho de los vecinos a divertirse, sino el derecho de otros miles de vecinos a dormir.
Y ahí es donde aparece el principal problema político para Paloma Tejero, empeñada en seguir adelante con el caprichoso y ruidoso Recinto Ferial.
Según denuncia POZCAVIR en su demanda, los niveles de ruido registrados durante numerosos eventos habrían superado los límites permitidos por la normativa vigente. Además, recuerdan que ya solicitaron formalmente al Ayuntamiento en noviembre de 2025 que estudiara ubicaciones alternativas e incluso que reconsiderara la celebración de determinados eventos especialmente conflictivos.
La respuesta municipal, como siempre suelen hacer los políticos soberbios, fue el silencio.
Un silencio convertido en una constante. Porque los vecinos también denuncian que desde aquella reunión mantenida con la alcaldesa hace más de un año no se han producido nuevos encuentros para abordar un problema que continúa generando quejas y malestar.
La consecuencia es que el conflicto ha abandonado definitivamente el terreno político para instalarse en los juzgados.
Cuando los vecinos consideran que no son escuchados por su Ayuntamiento, acaban buscando amparo en los tribunales. Y eso es exactamente lo que está ocurriendo.
Lo más llamativo es que esta nueva batalla judicial será la quinta contra la política estrambótica de la alcaldesa Tejero en apenas tres años de legislatura.
Mientras tanto, ella sigue adelante como si nada ocurriera. De fiesta en fiesta. Como si las demandas fueran simples molestias administrativas. Como si el ruido lo hicieran únicamente los altavoces y no también las advertencias vecinales que llevan años acumulándose.
Y es que cuando una alcaldesa deja de escuchar a los vecinos, tarde o temprano acaba escuchando a los jueces.
Malamente, claro.
Juan Manuel Sánchez





