El Ayto de Pozuelo debe empezar a reiniciarse: El Gobierno Regional prepara una ley que promueve la humildad administrativa, el lenguaje claro y, ojo, la petición de perdón

Ayer, El Correo de Pozuelo publicó una noticia muy importante aunque creo que pasó desapercibida para muchos lectores y, hoy, quiero volver sobre ella porque es un paso muy importante y muy vanguardista ya que introduce los conceptos de humildad administrativa, lenguaje claro, revisión de normas, silencio administrativo positivo y reconocimiento expreso de los errores de la Administración.
La idea de que la Administración deba pedir disculpas cuando pierde ante un ciudadano tiene una enorme fuerza simbólica. Rompe con esa imagen tradicional de infalibilidad burocrática y coloca al vecino en el centro de la acción pública y eso, particularmente para el Ayuntamiento del Gran Pozuelo de Alarcón y su soberbia político-administrativa puede ser algo muy significativo.
Se acabó la sensación de distancia, de soberbia o de sordera porque ellos lo valen, cuando cobran de los ninguneados…
Y es que la Comunidad de Madrid acaba de lanzar un mensaje político y administrativo de enorme calado: La Administración no siempre tiene razón.
Así de fácil.
Parece una obviedad en cualquier democracia madura, pero durante décadas muchos ciudadanos han tenido la sensación de enfrentarse a una maquinaria burocrática incapaz de reconocer sus errores, incluso cuando los tribunales la desautorizaban.
La futura Ley de Defensa del Contribuyente que prepara el Gobierno de Isabel Díaz Ayuso introduce una novedad tan sencilla como revolucionaria. Cuando la Justicia dé la razón al ciudadano frente a Hacienda, la Administración deberá pedir disculpas. Sí, disculpas. Disculpas. Esa palabra desconocida en demasiados despachos públicos.
Aunque la norma afecta principalmente a tributos gestionados por la Comunidad de Madrid, su filosofía terminará extendiéndose como una ola a todas las administraciones, especialmente a los ayuntamientos. También al Ayuntamiento de Pozuelo de Alarcón, claro.
Porque el verdadero valor de esta ley no reside únicamente en el ámbito tributario. Su importancia radica en el cambio cultural que propone. La Administración deja de situarse por encima del ciudadano para colocarse a su servicio. Parece una diferencia menor pero es gigantesca.
El caso es que estoy contento porque la Comunidad de Madrid ha entendido que una administración moderna debe hablar claro. No para rebajar la exigencia legal, sino para facilitar la comprensión.
La creación de una Oficina de Defensa del Contribuyente, la implantación de una carpeta fiscal digital, la revisión periódica de las normas y el fortalecimiento del silencio administrativo positivo apuntan en la misma dirección: menos burocracia, más derechos.
Y aquí es donde Pozuelo debería tomar nota.
En demasiadas ocasiones los pozueleros hemos recibido comunicaciones redactadas en un lenguaje incomprensible, plagado de tecnicismos, amenazas veladas y referencias legales que convierten cualquier notificación en un ejercicio de interpretación jurídica.
Y me estoy acordando, por ejemplo, de la pasada que se pegó Eugenio Martínez Serrano (Titular del Órgano de Gestión Tributaria del Ayuntamiento de Pozuelo) contestando al recurso de los vecinos a la ilegítima Tasa de Basuras, y que para los que pagamos el sueldo de este listo era arameo…
El tío se vino arriba de tal manera que cuentan en El Pasillo del Infierno que casi llegó al climax en aquella contestación onanista…
La nueva filosofía impulsada por la Comunidad de Madrid plantea exactamente lo contrario. Si la Administración se equivoca, debe reconocerlo. Si el ciudadano tiene razón, debe ser tratado con respeto. Si una norma genera problemas, debe revisarse. Y si una comunicación pública no se entiende, el problema no es del vecino, sino de quien la redactó.
Quizá, alcaldesa, haya llegado el momento de que algunos ayuntamientos comprendan que gobernar no consiste únicamente en recaudar, sancionar o regular. También consiste en escuchar, explicar y, cuando corresponda, pedir perdón.
Porque una administración fuerte no es la que nunca se equivoca.
Es la que tiene la humildad suficiente para reconocerlo cuando ocurre.
Manolo Pérez






