Un grupo de vecinos de Pozuelo mostrará mañana su descontento a Tejero y a su gestión altiva en una concentración histórica, porque era algo impensable que sucediera en esta Villa

Hoy quiero contarles un cuento pozuelero con la esperanza de que, algún día, sea cantado por los juglares modernos ya que, ciertamente, la lucha que mantienen algunos vecinos contra la soberbia tiene la misma grandeza de la que mantuvieron David contra Goliath…
Y también la épica del chico contra el grande, que canta la lucha canaria…
“El grande perdió,
El chico ganó…
Como ganaron Méndez y Angelito, Palmero y Camurria,
Frente a rivales de peso mayor”.
La concentración transversal de mañana jueves, a las 19:30 h, en la Plaza Mayor de unos vecinos contra la altivez de la alcaldesa Paloma Tejero es la primera vez que pasa en el Gran Pozuelo de Alarcón y bien merece un cuento que recoja su heroicidad…
Así que…
Erase una vez una tranquila ciudad al noroeste de la Comunidad de Madrid, llamada Pozuelo de Alarcón, en la que durante décadas, sus vecinos vivieron con la tranquilidad que da vivir entre pinares, campo silvestre, parques y urbanizaciones cuidadas…
Una ciudad que esos vecinos habían elegido como lugar para vivir porque ella prometía algo cada vez más escaso como es la calidad de vida…
Pero sucedió que un día llegó a esa ciudad una alcaldesa con un poderoso proyecto. No conocía la ciudad ni le preocupaba. No sabía nada de su idiosincrasia. Solo quería brillar con unos proyectos resplandecientes sin importarle lo que cambiaría la ciudad y lo que molestaría a los vecinos…
Era un proyecto brutal para el que, además, no tenía dinero pero eso importaba poco… Alguien lo llevaría a cabo, aunque para ello hubiera que cederle temas poco confesables.
Eso, sí, el proyecto venía acompañado de grandes palabras, de maquetas relucientes, de promesas de modernidad y de millones de euros. Iba a construir un Recinto Ferial, un Palacio de Congresos y un hotel. Pero no en el centro de la ciudad.
Todo lo iba a construir sobre unos terrenos conocidos como La Mina del Cazador, uno de los últimos espacios de transición natural entre las viviendas y la Casa de Campo.
Y lo presentaron, torticeramente, como una gran conquista que iba a transformar la ciudad. Pero algunos vecinos miraron aquel fastuoso plan y vieron otra cosa. Vieron ruido. Vieron tráfico. Vieron hormigón donde antes había naturaleza. Vieron inseguridad. Vieron cómo su promesa de vida en zonas residenciales se desvanecía en el aire.
Y entonces ocurrió algo extraordinario. Casi un milagro en esta ciudad sin sentimiento de pertenencia a la misma…
Los vecinos decidieron organizarse para protestar como el “imperium” de la alcaldesa.
No tenían presupuestos millonarios. No tenían gabinetes de comunicación. No tenían asesores ni cargos públicos. Solo tenían convencimiento en su propia razón…
Y clamaron al cielo y le rogaron a la alcaldesa que cesase en su empeño…
Pero nadie les hizo caso. Peor, solo recibieron malos gestos y peores palabras. En Pozuelo de Alarcón hacía tiempo que se había acabado lo de escuchar a los vecinos salvo en simulacros de mini reuniones…
En Pozuelo, la alcaldía podía hacer lo que quería porque para eso gobernaba en mayoría absoluta o con la ayuda de concejales pazguatos cuando no la tuvo, como sucedió con VOX y C’S entre 2019-2023.
Y ante tanto rechazo gubernamental y tanto pasotismo, los vecinos refundaron una asociación llamada POZCAVIR (Pozuelo por la calidad de vida y contra el ruido) y comenzaron una batalla que muchos consideraban imposible.
Reunieron 6.000 firmas. Y las despreciaron como los necios desprecian a la sabiduría popular que no alcanzan a comprender. Y presentaron alegaciones. Y las despreciaron también. Y acudieron a plenos municipales. Y los ningunearon. Incluso llegaron a ser expulsados de uno de esos plenos por atreverse a protestar.
Y formularon preguntas que jamás obtuvieron respuesta.
Pero siguieron adelante.
Porque cuando uno cree que está defendiendo su hogar, el cansancio pesa menos.
Mientras tanto, los gigantes seguían caminando. La soberbia de la alcaldesa avanzaba con sus planes. Parecía una lucha desigual. El vecino frente a la institución. La perseverancia frente al poder. La épica del pequeño contra el grande.
Sin embargo, los pequeños también aprendieron a utilizar las herramientas de la democracia. Recurrieron a los tribunales. Recaudaron más de 11.000 euros mediante pequeñas aportaciones de convecinos. Euro a euro. Puerta a puerta. Vecino a vecino contra las forasteras que vinieron a mejorar sus carreras político-personales porque se sentían elegidas para la gloria.
Y entonces llegó una noticia inesperada. Cuando se creían ganadores y perdonavidas, la Justicia concedió medidas cautelares y frenó temporalmente las obras.
Y, por segunda vez en esta legislatura de la soberbia, el gigante se detenía. Le había pasado en Montengancedo pero a esta señora alcaldesa el pueblo le traía sin cuidado y, además, despreciaba a los vecinos de la Avenida de Europa.
Unos vecinos, curiosamente, votantes suyos…
Quizá por eso la historia que se vivirá este 4 de junio en la Plaza Mayor de Pozuelo tiene algo de especial. No será solo una concentración. No será únicamente una protesta.
Será la imagen de unos vecinos que han decidido dejar de callar. Será una heroicidad.
Y no estarán solos.
Junto a ellos acudirán otros colectivos que también sienten que el Ayuntamiento gobierna desde la soberbia, sin escuchar y sin responder a quienes deberían ser los verdaderos protagonistas de la vida municipal.
Es la primera vez que algo así ocurre en Pozuelo.
Una ciudad acostumbrada a mayorías cómodas y a escasas contestaciones públicas ve que hay muchos vecinos que se levantan como se levantó Fuenteovejuna…
Nadie sabe cómo terminará esta historia.
Pero sí sabemos algo.
Que los gigantes nunca son tan invencibles como creen.
Y que los pequeños, cuando se unen, pueden escribir páginas que terminan formando parte de la historia de una ciudad…
Y eso sí la transformará.
El Capitán Possuelo






