Rectificar es de sabios, aunque sea porque la alcaldesa ya está precampaña electoral. Pero ha reparado el paso entre el Metro Ligero y el Arroyo Meaques para evitar más accidentes

A la fuerza ahorcan… O lo que es igual, a veces no queda más remedio que hacer algo aunque sea en contra de nuestra voluntad. Cuando una situación ineludible nos obliga a actuar aunque seamos reticentes a hacerlo
Y eso es lo que le ha pasado a la alcaldesa Tejero. La campaña preelectoral en la que está ya inmersa de hoz y de coz le han obligado…
No hay que buscarle una caída del caballo y gracias al porrazo se ha dado cuenta de que la política municipal tiene una obligación que demasiadas veces se pierde entre notas de prensa, fotos oficiales y mensajes más o menos desafortunados en lugar de “arrimarse al querer”, como diría el Gran Carlos Cano.
Hay que pisar la calle y escuchar a los vecinos antes de que ocurra una desgracia.
Y eso es exactamente lo que ha terminado pasando con el peligroso paso entre la línea de Metro Ligero y el tajo del Arroyo Meaques. Primero llegaron los avisos. Después, los accidentes. Más tarde, la indignación vecinal. Después el desdichado tuit del Ayuntamiento amenazando a los vecinos y por el que le dimos un palito en El Correo de Pozuelo… Y finalmente, la rectificación del Gobierno.
⚠️⛔ Por más que el Ayuntamiento corta y señaliza este punto peligroso entre las vías de Metro Ligero y el arroyo Meaques, algunos se empeñan en vandalizarlo y arriesgarse para luego culpar al Ayuntamiento
Este paso NO es para peatones ni para bicis pic.twitter.com/16FNZT4Y93
— Ayto Pozuelo de Alarcón (@ayto_pozuelo) May 25, 2026
Tras días intentando minimizar el problema e incluso abroncando, insisto, a los vecinos desde las redes sociales municipales, el Gobierno de Paloma Tejero ha terminado moviendo ficha.
Ahora anuncian a los medios (a El Correo de Pozuelo nos deben haber castigado por malote y haberlos criticado y no nos lo han contado) que impedirán el tránsito por ese estrecho y peligroso sendero “con los medios que sean precisos”.
Traducido del lenguaje político al castellano cotidiano: Vamos, que reconocen implícitamente que había un riesgo evidente y que las críticas tenían fundamento.
Y nos alegramos.
En este periódico no buscamos medallas ni palmadas institucionales. Nuestra obligación es contar lo que ocurre en Pozuelo aunque incomode al poder de turno. Y si hoy el Gobierno rectifica, bienvenido sea. Más vale tarde que nunca.
Pero también conviene decir algo que muchos vecinos piensan desde hace tiempo. Y es que otro gallo le habría cantado a este Gobierno si hubiera escuchado primero y reaccionado después de las primeras denuncias ciudadanas, y no tras el escándalo.
Porque sostener ahora que aquello era simplemente “una separación entre dos infraestructuras” y que “no era un paso accesible” es una verdad administrativa bastante conveniente.
Los vecinos saben perfectamente que ese camino llevaba años utilizándose. Mucho antes de que la plataforma del Metro Ligero estrechara el paso hasta convertirlo en una ratonera de apenas 60 centímetros.
Para cientos de trabajadores, estudiantes y peatones no era un capricho ni una gamberrada. Era el trayecto más directo y utilizado para conectar dos zonas separadas artificialmente por infraestructuras mal resueltas.
Cerrar el paso puede servir como medida de urgencia para evitar una caída de cuatro metros. Perfecto. Pero el problema político y de gestión sigue ahí.
Porque la solución real no consiste en levantar vallas de plástico o poner cascotes porque dentro de unas semanas volverán a aparecer abiertas. La solución pasa por sentarse de una vez con la Comunidad de Madrid, Metro Ligero y la Confederación Hidrográfica del Tajo para diseñar un acceso seguro y definitivo.
La pelota ya está incluso en manos del Defensor del Pueblo y de la Fiscalía.
Y eso debería hacer reflexionar a más de uno dentro del Ayuntamiento.
Rectificar el tono está bien. Admitir el riesgo, también. Pero gobernar Pozuelo exige algo más que propaganda institucional y publicaciones grandilocuentes en redes sociales. Exige anticipación, humildad y bastante menos soberbia cuando los vecinos levantan la voz.
Y no solo cuando la campaña electoral ya está en el ambiente político.
Manuela García






