El Gobierno de Pozuelo sigue de Semana Santa y en la ciudad hay sensación de no tener a nadie al volante tras Tejero no poder seguir fiando todo su éxito a unas obras faraónicas

Estimado Capitán:
Le escribo tras leer una noticia que cuenta que la presidenta de la Comunidad de Madrid Isabel Díaz Ayuso se ha reunido con su Gobierno para trabajar en las líneas estratégicas de su Ejecutivo en el último año de la legislatura y observar que, en Pozuelo de Alarcón, parece que políticamente seguimos en Semana Santa.
Y qué quiere que le diga, como ex afiliado del PP, estoy alarmado. No tanto por el Partido Popular de Madrid que ya ha demostrado durante muchos años que no entiende a esta ciudad sino por lo que parece que van a ser otros cuatro años perdidos.
Y Pozuelo no se lo merece.
Y es que, a estas alturas de la legislatura y con lo que se viene encima, el Gobierno del Gran Pozuelo de Alarcón, como usted dice, parece que sigue, insisto, celebrando la Semana Santa.
Está tan confundido que no se sabe si sigue en Semana Santa porque está cumpliendo la penitencia de su fracaso político de tres años de legislatura, pidiendo a Dios que le eche una mano a buscar un camino (el que sea) o, sencillamente, de vacaciones. Que también es posible.
Quizás exagero pero lo cierto es que hay silencios que dicen más que cualquier discurso. Y este Gobierno de la señora Tejero está en silencio. Es más, por momentos, da la sensación de quedarse sin nadie al volante.
Hay una gran sensación de orfandad, créame, director…
La ausencia de buena parte del equipo de gobierno (con la alcaldesa Paloma Tejero, al frente) no sería, en sí misma, un motivo de crítica si no encajara en un contexto más amplio. Porque lo preocupante no fue una escapada puntual en Semana Santa, lo preocupante es la impresión creciente de desconexión, de pausa indefinida, de administración en “modo avión” que hay en el Ayuntamiento…
Da la impresión de que el Gobierno municipal sigue instalado en una especie de vacación permanente o, lo que sería peor, no sabiendo por donde abordar este último año.
Y eso que empezó el año con una decisión de enorme calado al aprobar un presupuesto que asciende a 207 millones de euros. Una cifra ambiciosa, histórica incluso, que prometía abordar su utópica manera de transformar la ciudad. O eso se nos dijo.
Pero apenas unos meses después, la sensación es de parálisis.
¿Dónde están los proyectos que justificaban ese salto presupuestario?
¿Qué iniciativas están en marcha?
¿Qué hoja de ruta se está ejecutando?
Preguntas legítimas que, hoy por hoy, no encuentran respuesta clara. Y cuando la política deja de dar respuestas, el vacío lo ocupa la incertidumbre.
Mientras tanto, como decía al principio, en el otro lado del tablero político regional, el contraste es evidente. La presidenta de la Comunidad de Madrid Isabel Díaz Ayuso ha reunido a su equipo en Manzanares El Real para preparar el último tramo de la legislatura. Planificación, estrategia, foco. Se podrá estar más o menos de acuerdo con su gestión, pero hay una narrativa clara: Se está trabajando en lo que viene.
Trabajar para ganar…
En Pozuelo, en cambio, cuesta identificar ese pulso y todo apunta a perder.
Y aquí es donde conviene ser claro: Gobernar no es solo aprobar grandes cifras ni aparecer en los titulares en momentos puntuales. Gobernar es estar. Es sostener el día a día. Es dar continuidad. Es transmitir que hay alguien pendiente de lo que ocurre incluso cuando la agenda política se relaja.
Ayer, me quedé sin respiración tras leer lo que está pasando en Humera.
Los vecinos, alcaldesa, esperan soluciones a problemas cotidianos. Sentido común en sus políticos. Ajuste en los servicios públicos que requieran supervisión constante.
La vida municipal no entiende de pausas prolongadas ni de desconexiones colectivas.
Por eso, lo que ha dejado esta Semana Santa no es solo una imagen de ausencia física, sino una percepción de abandono. Y, en política, las percepciones importan tanto como los hechos.
Pozuelo no es un municipio cualquiera. Es una de las ciudades con mayor renta de España, con todo por hacer (lo contrario de lo que se ha hecho), con capacidad de liderazgo local. Incluso, autonómico. Y, precisamente por eso, el listón de exigencia debe ser más alto, no más bajo como está ahora.
La pregunta, por tanto, es qué está pasando estos días. Por qué una ciudad con tanto potencial transmite ahora esa sensación de pausa, de espera, de falta de impulso.
No sé si queda tiempo. Supongo que sí. Pero para ello es necesario saber qué se quiere. Y la alcaldesa Tejero creo que no lo sabe.
Es más, creo que está asustada…
Todo se lo jugaba políticamente a la carta faraónica del Recinto Ferial y el Palacio de Congresos… Pero, de pronto, le han mandado parar y ya no sabe qué hacer ni tiene quien le ayude…
Y el caso es que quiere seguir en la próxima legislatura…
El problema será sigue pero en minoría…
Como le pasó a la otra…
Pepero Pozuelero






