‘Menos entusiasmo quiero’: Sería bueno rebajar la exaltación desmedida (no sé si interesada) por la llegada de BiciMad a Pozuelo ya que solo es un parche en el problemón de la movilidad

La próxima llegada de BiciMAD a Pozuelo, tras aprobarse la nueva Ordenanza de Movilidad del Ayuntamiento de Madrid, ha sido recibida con un entusiasmo que, visto con algo de perspectiva, resulta excesivo. Demasiado. Wow, que fuerte.
‘Menos entusiasmo quiero’
(‘Menos entusiasmo quiero’, es un pequeño juego de palabras homenaje a la famosa voz de los capataces de los Pasos de las procesiones de Semana Santa de Sevilla (ahora que empieza) cuando se dirigen a los costaleros diciendo “Menos pasos quiero” para que ralenticen su marcha)
Pero no porque la iniciativa sea negativa, todo lo contrario, sino porque corre el riesgo de presentarse como la solución a un problema que es mucho más profundo. Y mucho más grave.
Y hay que ralentizar el entusiasmo desatado. Es cierto que Pozuelo será el primer municipio fuera de Madrid capital en integrarse en el sistema, con 30 estaciones, cerca de 400 bicicletas y una inversión municipal de 2,4 millones de euros, además de un coste anual de mantenimiento nada desdeñable, pero su resultado está por ver y no se deberían lanzar las campanas al vuelo que ya tenemos la mala experiencia de los patinetes eléctricos.
La iniciativa, impulsada bajo el paraguas normativo del alcalde José Luis Martínez-Almeida y asumida por el equipo de Paloma Tejero, busca (dicen) conectar universidades, Cercanías, zonas comerciales y distintos barrios del municipio.
Y sobre el papel, todo correcto. Pero no sé, no sé.
El problema surge cuando se pretende elevar esta medida a la categoría de respuesta estructural a los problemas de movilidad de Pozuelo. Y no lo es. No, señora.
Conviene recordar, una vez más, que la movilidad (interna y externa) es, desde hace muchos años, el principal problema del municipio. Un problema de base, de diseño urbano, de conexiones y de dependencia del vehículo privado.
Pozuelo se desarrolló con una lógica dispersa, con grandes urbanizaciones y ejes viarios que funcionan más como barreras que como conexiones. Y eso no se corrige con 30 estaciones de bicicleta eléctrica. No, señor. Huele a parche. A cola de pegar.
Pozuelo, de verdad de la buena, exige un estudio muy concienzudo sobre la movilidad y hecha, además, por expertos (aunque cueste un buen dinero) para asumir el problema en todo su contexto. Y más con los desarrollos que se nos vienen encima que, posiblemente, aumenten la población de la ciudad en 20.000 habitantes.
Pero sus Gobiernos en las cuatro últimas legislaturas tienen prisas político-electorales y solo usan cataplasmas para solucionar este grave problema.
Y es que, tras este entusiasmo que todo el mundo se quiere apuntar electoralmente, la pregunta clave sigue sin responderse:
¿Para quién es realmente útil BiciMAD en Pozuelo aparte de ración electoral?
Puede serlo, sin duda, para determinados perfiles y trayectos concretos. Pero parcialmente. Para jóvenes, como nos venden, para conectar puntos muy específicos como pueden ser las universidades… Es posible pero…
Ero en Pozuelo siempre hay un pero…
Pero no cuentan que la realidad diaria…
Para empezar, muchos estudiantes universitarios estudian fuera de Pozuelo y, en cambio, a las Universidades de Pozuelo la mayoría de ellos vienen de Madrid.
Se han estudiado esas cifras o la cosa se ha hecho un conteo a voleo…
Los forasteros vendrán en Cercanías para coger una bicicleta y cruzar la M-40 o la M-503 e ir a sus universidades… Pregunto.
¿Y los pozueleros?
¿Y quiénes se desplazan desde otros municipios a trabajar en urbanizaciones (Servicio domestico, jardinería o chapuzas varias)y tienen que encadenar varios medios de transporte? Estos difícilmente encontrarán en la bicicleta eléctrica una solución real.
Creo que conviene rebajar la euforia. Menos euforia quiero.
No es la primera vez que se intenta introducir una solución “moderna” sin abordar el problema de fondo. El precedente del patinete eléctrico es bien conocido: Muchas expectativas, poca planificación y resultados, en el mejor de los casos, desastrosos y Pozuelo regado de patinetes.
Eso sin hablar de los coches eléctricos de alquiler (el carsharing le llaman) que se aparcaban (ya veo pocos) en la Estación de Cercanías y se llenaban de polvo mientras se les agotaba la batería por falta de uso…
No es esto, no.
Mientras tanto, las medidas que sí inciden directamente en la movilidad siguen siendo parciales. El reciente aumento de frecuencias en líneas como la 563 o la 656 es positivo. Reduce tiempos de espera, mejora el servicio y beneficia a los usuarios habituales. Pero no deja de ser eso: un ajuste.
¿Es una mejora? Sí.
¿Es suficiente? En absoluto.
La movilidad en Pozuelo no se resuelve con pequeños retoques ni con anuncios electoralistas aislados. Exige, insisto, un análisis serio de los flujos de desplazamiento, de las conexiones con Madrid, del papel de Cercanías, de los accesos a las grandes vías y de las alternativas reales al coche. Exige, en definitiva, planificación.
Incluso, por qué no, un Ramal de Metro ahora que se ha puesto en marcha la tuneladora ‘Mayrit’ que hará una diagonal, según avanza la presidenta Ayuso, que va a ser la pera limonera.
En este contexto actual, BiciMAD puede ser útil. Puede sumar. Puede incluso mejorar algunos trayectos concretos. Pero no conviene engañarse: Solo es un remiendo.
Un parche que llega en medio de un problema estructural que sigue sin abordarse con la profundidad necesaria. Y ya veremos el resultado.
Pozuelo no necesita solo buenas iniciativas. Necesita una estrategia a medio plazo siquiera. Porque la movilidad no es una cuestión secundaria. Es lo que condiciona, cada día, la vida de miles de vecinos. Y lo que marcará, en gran medida, el futuro de la ciudad.
Pero nuestras responsables siempre tienen prisa… Ay del cortoplacismo electoral…
Y las prisas, ya saben, solo sirven para los ladrones, los malos toreros y los políticos menores…
Solucionar ese problemón sí que transformaría la ciudad, alcaldesa…
El Capitán Possuelo






