Historia de los Mil Pozuelos (III) escrita por un pozuelero de nacimiento: En aquel largo periodo llegó a amenazar a los comerciantes y vecinos con llevarse el Ayto ‘a donde le diese la gana’

Continúo con el relato de los problemas de este largo periodo de tiempo (1983-2003) que generaron toda esta rara situación en la que se encuentra la ciudad.
Mención aparte, y movido por las dudas o el pánico que en aquel momento le inspiraba la unión de vecinos (semanas antes de unas elecciones municipales), es el alevoso engaño firmado y documentado que entregó a la extinta Asociación de Comerciantes y a los propios partidos de la oposición sobre la cesión de un terreno municipal terciario ofrecido a este colectivo.
Pocos días después de los comicios, ganados con aplastante mayoría, sin argumentación ni respeto, todo lo cambió de uso y lo vendió.
Cuando los afectados reclamaron solo pudieron hacer su protesta formal por escrito sin contestación, como era su costumbre, sin conseguir ser recibidos en ningún momento, además de que jurídicamente el documento no tenía ninguna validez al no estar aprobado en Pleno Municipal.
Sin embargo, y para que conozcan al personaje, pocos días más tarde, sí tuvo a bien “encontrarse por casualidad” con unos pocos comerciantes de “la plaza”, en una cafetería donde nunca pisaba, para dejar clara su determinación y formas: “no tengo por qué daros explicaciones y si me seguís molestando me llevaré el ayuntamiento donde me dé la gana”.
Con estos antecedentes, no fue casualidad que, en poco tiempo, desapareciera del antiguo casco urbano, una parte de los departamentos administrativos municipales, además de la Policía, la Seguridad Social y hasta la Notaría.
Milagrosamente, aunque no sepamos hasta cuándo, aún tenemos el Registro de la Propiedad.
Estos hechos y actitudes, junto con la general ignorancia e inanición de los posteriores poderes municipales, son los que han traído hasta aquí el presente. Ahora solo nos queda por imaginar los márgenes y probabilidades de futuro.
Creo sinceramente que, para empezar a poner orden en este desconcierto, lo primero sería darle al pueblo lo que tenía: El digno lugar histórico que define nuestra identidad, adecentándolo, embelleciéndolo y centrando en él todos los servicios administrativos públicos.
Con el fin de que no se deserticen sus calles, trabajar para dinamizar por necesidad un nuevo comercio con nuevas ideas técnicas, lúdicas, de ocio y culturales que deben debatir y estudiar todas las partes interesadas, dejar semigratuito, pero regulado, el aparcamiento central.
Imitar por sus buenos resultados a algunos pueblos de nuestra Comunidad, engrandeciendo las centenarias tradiciones, la música, el olvidado teatro y los muy diferentes, diversos y alegres festejos celebrándolos en su viejo entorno, donde siempre deberían de haber estado, promoviendo la semana de aquellos atrayentes y añorados encierros y novilladas a la cabeza….
La caprichosa necedad de reducirlas y de buscar nuevos emplazamientos para nuestros múltiples festejos fue el primer error que comenzó a desvirtuarlas.
Nunca existió la necesidad, como tampoco lo es ahora, de gastar en la construcción de un Recinto Ferial y un Palacio de Congresos adherido a un Hotel o viceversa que, además de no tener un consenso con los vecinos que se sienten perjudicados, los que nacimos en este pueblo sabemos por experiencia, que nuestra excepcional proximidad al voluptuoso y atractivo duende comercial madrileño ha cercenado o menguado históricamente muchos negocios en la localidad.
Los impuestos que engrosan los Presupuestos tienen nombre y apellidos y, por economía y respeto, no deberían de estar para caprichosa floritura ni apuesta que, si fracasa, nadie asumirá a excepción del contribuyente.
Es obvio indicar que las arcas municipales están para mantener y mejorar el servicio público y deberían de estar disponibles en la actualidad, por ejemplo, para la promoción y construcción de viviendas sociales, para que no aumente y remita la delincuencia, para implementar nuevas técnicas y métodos que ayuden a agilizar las necesidades burocráticas de los contribuyentes poniendo remedio a la anquilosada y lenta administración municipal (es ridículo y vergonzoso que la respuesta a la demanda o solicitud de cualquier ciudadano o empresa, tarde meses o años en resolverse)…
O para sustituir las muy antiguas infraestructuras de aguas que tantos, peligrosos y graves problemas han causado, causan o pueden causar en las viejas zonas donde no se han renovado, para restaurar y rejuvenecer calles y plazas, para proyectos y procesos de renovación estructural de alguna zona urbana, para hacer desaparecer los cables de postes y fachadas, para como ya he apuntado y lo vuelvo a hacer por su importancia, trabajar para con dedicación, estudio, sentido e imaginación coordinar y alentar a los comerciantes con nuevas propuestas que generen puestos de trabajo y riqueza creando vida en nuestras aceras…
O para enfatizar el centro con lugares y programas culturales, para promover la construcción o, al menos, no entorpecer a los propietarios de pequeños solares y viejas casas llenas de humedad con antigua, rígida y ridícula normativa o, como gran labor determinante, para fomentar la creación de un medio tangible, abierto, autónomo y libre que nos ayude a ver nuestra propia y cotidiana realidad las 24 horas del día, tal y como hizo durante muchos años la desgraciadamente desaparecida “Radio Oeste”…
En estas y otras innumerables realidades sí hay mucho que imaginar, trabajar e invertir.
También debo de apuntar que, desde un plano estratégico, habría sido beneficioso vincular con el centro la relación humana, comercial y de ocio de la próxima construcción de 5.500 viviendas y su denominada área de empleo (de especial oportunidad diría yo) de ARPO.
Desconozco su normativa, pero solo hay que asomarse y mirar por qué algunos pueblos alrededor nuestro que, con otras lógicas reglas urbanísticas en sus proyectos, sí acertaron a crear “su ágora”.
(Continuaremos)
Juan Pozuelo






