Este Gobierno de Pozuelo (ni anteriores) ha tenido un proyecto político de ciudad o de anhelo cultural, como el Museo de la Villa, que diese prestigio y sirviese de pegamento vecinal

El Gobierno del Ayuntamiento de Madrid acaba de comprar en ARCO cuatro obras de arte contemporáneo por algo más de 70.000 euros. Las piezas pasarán a formar parte de la colección del Museo de Arte Contemporáneo de la capital. Entre ellas hay trabajos de Patricia Gadea, Elena Blasco, Oriol Vilanova y Daniel Canogar.
Y cuando uno lee estas noticias, aparte de sentir envidia (sobre todo ahora que el Gobierno presume de la Exposición de Mujeres Pintoras), se hace una pregunta que en Pozuelo de Alarcón empieza a ser casi una tradición de este periódico:
¿Por qué aquí no tenemos un Museo de la Villa en donde exponer las obras que el Gobierno comprase?
La pregunta tiene una segunda derivada todavía más incómoda:
¿Por qué el Gobierno del Ayuntamiento de Pozuelo nunca ha comprado, siquiera, obras de tantos artistas que han vivido y creado en esta ciudad para crear ese museo?
Se hubiera creado algo de un gran prestigio, algo envidiable aparte, claro está, de agradecimiento a esos artistas pozueleros que nos da prestigio…
Porque no hablamos precisamente de aficionados de domingo que venían a pintar o esculpir a esta ciudad. En Pozuelo han vivido y trabajado o viven y trabajan nombres como Vaquero Turcio, Waldo Aguilar, Ángel Orcajo, Mayte Spínola, Francisco Farreras, Alberto Datas, Reinaldo Paluzzi, Nati Cañada, Javier de la Rosa, Manuela Picó, Gerardo Rueda, José María Cano, Ofelia Ontiveros o Marta Maldonado…
Y muchos más deben tener en el Diccionario de Artistas Municipal en el Ayuntamiento…
Artistas reconocidos dentro y fuera de España cuya obra podría haber formado parte de un gran patrimonio cultural de la ciudad. De su Gran Patrimonio.
Pero no. Aquí nunca se quiso hacer nada parecido. Y menos en los últimos 20 años. Cuando esta ciudad empezó a destacar por una riqueza, que no tiene, y no por su valor cultural que sí tiene, se acabó todo. Lo importante era lo rico que éramos. Esa gran falacia que tanto daño nos hace.
El Gobierno del Partido Popular de Pozuelo nunca, en estos últimos 20 años (y esa es una de las causas de su retraso frente a otras ciudades del entorno) tuvo interés en crear un Museo de la Villa. Nunca. Un museo que recogiese la cultura, la historia y las costumbres, a partes iguales. Incluso, ¿por qué no? de la barbarie que arrasó la ciudad en la Guerra Civil y de la que aún quedan vestigios. Pero eso no importaba. Era más importante ser ricos y presumir de ello aunque solo sea una estadística fría y torticera.
Y de eso sabe bastante, por ejemplo, Tono Rueda que, siendo concejal de UPyD, defendió con insistencia esta idea allá por 2013. Incluso propuso ubicarlo en el antiguo Matadero, junto a Educarte.
La propuesta se debatió en el Pleno. Y fue rechazada por el Grupo Popular con argumentos que, siendo generosos, podría calificar de pobres y absurdos. Eran tiempos en los que no había más interés político en que dejar que pasase el tiempo…
No entendían nada. Ni entonces ni ahora. Ahora están ofuscados por proyectos faraónicos costosísimos que nacen muertos, como el del Recinto Ferial o el Palacio de Congresos y Hotel…
En El Correo de Pozuelo hemos pedido muchas veces un Museo de la Villa. Muchas veces. El Gran Pozuelo de Alarcón necesita rebuscar en su historia y exponerla.
La historia de una ciudad como Pozuelo de Alarcón no es un simple archivo de datos y recuerdos de viejos sino el vínculo emocional que transforma un espacio residencial en una comunidad con identidad propia. Algo que uniría a los Mil Pozuelos. Algo que pondría las bases para acabar con la Federación de Urbanizaciones en que se ha convertido esta ciudad al no tener sentimiento de pertenencia de sus vecinos.
Pero debo ser que hablo en chino… Suele pasar cuando no se tiene claro a qué se viene.
La historia de Pozuelo está dispersa, olvidada o directamente inaccesible para los vecinos.
Incluso, algunas de las máquinas de curtido, herramientas agrícolas o la famosa “galletera” (una máquina para fabricar ladrillos) sobreviven en el Aula de Educación Ambiental de Humera. Muchas de ellas, por cierto, a la intemperie.
Y mientras tanto, otras piezas del patrimonio local están en manos de colectivos o particulares sin que los vecinos puedan verlas.
Pero el problema de fondo, insisto, es la falta de proyecto de ciudad que tienen las alcaldesas.
Aquí vienen gobiernos con mandatos o sin ellos pero solo para refugiar a sus alcaldesas en espera de un destino mejor. Y, después, se van. Y no dejan nada. Pasaron por aquí. Punto.
Y Pozuelo tiene historia de sobra.
En 1923 el investigador José Pérez de Barradas encontró cerca del arroyo Meaques una punta de hacha de sílex junto a otras herramientas prehistóricas. Décadas después se descubrieron los yacimientos del Mioceno en Somosaguas. Hay referencias a época romana. Y durante más de dos siglos existió en la zona una importante industria que desapareció hace apenas unas décadas.
Pero de todo eso saben muy poco los vecinos.
Y eso es un problema. Porque la identidad de un pueblo, insisto, empieza por reconocer su historia.
Pozuelo, en demasiadas ocasiones, funciona sin un relato común. Sin un pegamento cultural que una a quienes viven aquí.
Por eso el Museo de la Villa no debería ser un capricho cultural sino una necesidad. Un espacio vivo donde convivan la historia local, la memoria de la ciudad y el trabajo de los artistas que la han habitado.
Incluso hay un lugar evidente para hacerlo: el Espacio Cultural MIRA.
Ahí hay espacio de sobra si se tuviera la voluntad política de convertirlo en algo más que un edificio donde se reparten actividades menores y sin entender que podría ser el Bolshoi del noroeste.
Pero para eso hace falta una cosa que en Pozuelo escasea desde hace tiempo: Idea política y proyecto cultural.
Pozuelo no es nada y, al parecer, sus Gobiernos quieren que siga siendo nada aunque los embalen en papel púrpura.
No porque no tenga historia sino porque da igual. Nadie ha querido contarla.
Les basta con que en España se crean que aquí se atan los perros con longaniza.
El Capitán Possuelo





