El Puente de la Estación bajo la vía del tren (ese obsoleto embudo que asfixia el crecimiento del barrio) es un problema que Tejero debe abordar ya con Adif si quiere transformar la ciudad

Estimado Capitán:
Le escribo para ver si, a través de El Correo de Pozuelo, puede llegarle el problema a la alcaldesa o a alguien que se preocupe por un Pozuelo mejor porque aquí no todo está en edificar un Palacio de Congresos o un Recinto Ferial o un centro cultural no sé dónde sino en resolver los graves problemas de siempre.
Y es que parece que nadie se da cuenta de que Pozuelo de Alarcón crece y crecerá más pero a dos velocidades y no, precisamente, a las que marcan el progreso.
Mientras nuevas promociones de viviendas brotan en el barrio de la Estación, la infraestructura que debe sostener ese aumento poblacional parece anclada en una época en la que el municipio era una fracción de lo que es hoy.
El epicentro de este despropósito eterno tiene nombre y ubicación: El túnel de la calle Juan XXIII.
Este paso bajo las vías del tren es, actualmente, el único cordón umbilical que comunica las dos partes de este del barrio abandonado. Sin embargo, lo que debería ser una vía de fluidez se ha convertido en una auténtica ratonera diaria para cientos de vecinos.
Este túnel fue diseñado para un Pozuelo que hoy ya no existe. Para una ciudad que tenía la séptima parte de habitantes y apenas una décima parte del tráfico actual.
No sé si algún concejal ha intentado pasar por él en hora de colegios, o a cualquier hora, porque es muy raro que no se hayan dado cuenta de problema.
Un problema no solo del presente sino de la alarmante falta de planificación a futuro.
En los últimos años, la zona este del túnel ha experimentado una expansión urbanística sin precedentes. Desde la promoción de Priconsa que ya cumple un lustro, pasando por los nuevos desarrollos en la calle Murania, hasta los proyectos de vivienda de protección y la transformación de las antiguas viviendas de Coca de la Piñera, el flujo de residentes no deja de aumentar.
Cada nueva llave entregada es un coche o dos más que, inevitablemente, acabará atrapado en los atascos bajo el puente que ya son norma cada mañana, mediodía y tarde.
¿Cómo es posible que se sigan autorizando licencias de edificación sin exigir una alternativa de movilidad real?
Lo más frustrante para mí, como vecino y pagador de impuestos, no es solo el humo del tubo de escape del coche de delante sino la respuesta institucional.
He contactado varias veces con el Ayuntamiento de Pozuelo y la respuesta suele ser una variante del clásico “no es competencia nuestra“. Ese túnel pertenece a Adif y no se puede hacer nada.
Si bien es cierto que Adif gestiona la infraestructura ferroviaria, el Ayuntamiento no puede lavarse las manos ante un problema que afecta directamente a la calidad de vida y la seguridad de sus ciudadanos.
No podemos sentarnos a esperar que un técnico de Adif despierte un día con la voluntad de ensanchar el paso a dos carriles por iniciativa propia. Es labor del consistorio exigir, negociar y liderar una solución técnica antes de que el barrio colapse definitivamente.
Si Pozuelo pretende seguir creciendo, no puede hacerlo a costa de encerrar a sus vecinos en infraestructuras obsoletas. El túnel de Juan XXIII es hoy un cuello de botella; mañana, si no se actúa, será el símbolo de una gestión urbanística que olvidó lo más importante: que las ciudades las habitan personas que necesitan moverse con dignidad.
Capitán, gracias por dar voz a los que no la tienen.
Aunque este malestar mío, lejos de ser una queja aislada, es el sentir de todo un barrio que se siente ignorado.
Juan Pozuelo






