La alcaldesa de Pozuelo, la ciudad del agua, no solo puede acabar con esa fortaleza (ya muy deteriorada) con su caprichoso Recinto Ferial sino que demostrará su escasa visión política

Aprovechando las abundantes lluvias y el brutal desborde de ríos y arroyos en toda España, incluidos, los ríos Jarama, Alberche y Henares de la Comunidad de Madrid, el cuerpo me pide hablar del agua en el Gran Pozuelo de Alarcón.
Y es que hablar de Pozuelo de Alarcón es hablar de agua. O eso debería ser. Pozuelo es la ciudad del agua pero no parece que lo sea. Y eso es malo, políticamente hablando.
Bajo su territorio discurre una red natural formada por 32 arroyos y más de 20 fuentes, un patrimonio ambiental que durante siglos configuró el paisaje, la biodiversidad y la identidad del municipio.
Sin embargo, hoy esa riqueza permanece en gran parte abandonada, degradada o invisibilizada, amenazando con desaparecer precisamente en el momento histórico en que el agua se ha convertido en el recurso más valioso del planeta. De hecho, el Siglo XXI es el siglo del agua.
Pero en Pozuelo da igual. Y el ejemplo más evidente de esta situación se encuentra en los arroyos Portugués y Antequina, cuyos cauces han sufrido alteraciones, acumulación de tierras y lodos, desvíos artificiales y falta de mantenimiento durante años.
Este deterioro no solo afecta al equilibrio ecológico, sino también a elementos patrimoniales como el Puente de la Garrapata, que presenta un grave descalzamiento de su lecho tras años sin una intervención clara.
La ausencia de limpieza y restauración está provocando, además, que numerosos tramos se encuentren colmatados y al borde del desbordamiento en episodios de lluvias intensas como las actuales, convirtiendo lo que deberían ser corredores naturales de regulación hídrica en focos de riesgo ambiental y urbano.
Y no lo digo yo. Lo dice un informe de la situación de degradación de los arroyos Portugués, Antequina y su puente histórico de la PLATAFORMA SALVEMOS LA CASA DE CAMPO…
Informe sobre el estado de los Arroyos Portugués y Antequina
Y tras leerlo, y ya que se señalan los problemas del Arroyo del Portugués (o de la Mina del Portugués), me he acordado de la implantación del Recinto Ferial en su entorno, impulsado por el actual gobierno municipal de alcaldesa Paloma Tejero. Una actuación que podría suponer un nuevo deterioro o, incluso, la desaparición funcional de parte de su cauce natural si no se adoptan medidas estrictas de protección ambiental.
(El Arroyo del Portugués, lo aclaro para evitar confusiones, es el que el Ayuntamiento de Pozuelo llama Arroyo de las Platas. De hecho, los dos se funden en la Casa de Campo)
El siglo XXI, decía más arriba, es el siglo del agua. La escasez, la contaminación y la degradación de los ecosistemas hídricos amenazan la salud humana y la vida de innumerables especies. El agua es la base de los procesos biológicos y del equilibrio ambiental; protegerla significa proteger la vida misma. Por ello, las ciudades que miran al futuro están recuperando ríos, renaturalizando cauces y colocando el agua en el centro de su modelo urbano.
Y Pozuelo posee una oportunidad extraordinaria para situarse en esa vanguardia. Recuperar sus arroyos no es solo una cuestión ecológica, sino también social, cultural y sanitaria: implica crear corredores verdes, prevenir inundaciones, mejorar la calidad del aire, fomentar la educación ambiental y reconciliar la ciudad con su territorio.
Convertir Pozuelo en la Ciudad del Agua real, ese viejo sueño de la Asociación Pozuelo Prestigio, es ahora más importante que nunca.
Lógicamente, exige entender el agua como sinónimo de medio ambiente, como idea capaz de unificar los “Mil Pozuelos” existentes. Ubificar el urbano y el natural, el pasado y el futuro.
Supone restaurar los cauces históricos, limpiar y mantener los arroyos, proteger sus riberas y reconocer que el desarrollo sostenible comienza por cuidar aquello que hace posible la vida.
Hoy, más que nunca, Pozuelo debe decidir si permite que su red de arroyos desaparezca en el abandono o si asume el reto de recuperarla como eje de su identidad. Porque cuidar el agua no es solo una responsabilidad ecológica: es una obligación con la historia, con la ciudadanía y con las generaciones futuras.
Hacer de Pozuelo la Ciudad del Agua ya no es un sueño.
Es una urgencia.
Y el Recinto Ferial puede rematar la idea política.
Y todo por nada.
Y, encima, demostrará su escasa visión política.
Juan Manuel Sánchez







Estimado Juan Manuel Sánchez,
Agradezco profundamente tu incansable dedicación por defender el patrimonio natural y la identidad de Pozuelo de Alarcón. Tu artículo no solo expone con rigor la degradación de los arroyos y fuentes, sino que también señala una triste realidad: la desconexión de quienes deberían protegerlos.
Es indignante que un municipio con tanta riqueza hídrica —32 arroyos y más de 20 fuentes— permita que su esencia se pierda entre el abandono y decisiones cortoplacistas. El caso del Arroyo del Portugués y el Puente de la Garrapata es solo un ejemplo de cómo la desidia política prioriza proyectos huecos (como el Recinto Ferial) sobre la sostenibilidad y la memoria histórica.
La desconexión de la alcaldesa con el municipio y sus problemas, así como su seguidismo de Génova, son factores clave que agravan esta situación. En lugar de escuchar las necesidades reales de Pozuelo, parece actuar como mera ejecutora de intereses ajenos, ignorando el valor ecológico e histórico de su territorio. Y sí, el electorado comparte parte de la culpa por normalizar esta falta de ambición.
Tu llamado no es solo ecológico, es un grito por dignidad. Pozuelo podría ser un referente en renaturalización, pero mientras el agua siga siendo invisible para sus gobernantes, el futuro se secará junto a sus arroyos. Ojalá tu voz encuentre eco antes de que sea demasiado.
He repetido que Pozuelo tiene fama, o mejor dicho famoseo, pero le falta prestigio cultural y social.
Un saludo firme y admirativo,
Muchas gracias por su consideración. Saludos