Humera ya es el “Magaluf de Madrid” y el problema es que Tejero no tiene el valor para pararlo a base de sanciones porque no sabe si al niñato que multa tiene “papá influyente” o no

Estimado director, a propósito de la queja de una lectora de Humera que publicaron ayer en El Correo de Pozuelo, quiero que conozcan nuestra impotencia de afectados ante el abandono del Ayuntamiento a los vecinos de este barrio.
Qué mala suerte tenemos con los Gobiernos de esta ciudad.
A aquel problema de malos olores de la vieja depuradora que nos invadió durante un largo tiempo y por el que acudimos a los tribunales (aunque quedó en nada y no voy a contar aquí lo que pienso de aquella decisión judicial de cerrar el caso provisionalmente) se une ahora este martirio de discoteca que ha convertido este maravilloso barrio residencial en el “Magaluf de Madrid”, como acertadamente definieron en su periódico hace unos días…
Y es que, ante tanto abandono del Gobierno de Pozuelo, queremos que se sepa que recurrimos, a finales del año pasado, a la Ley de Transparencia para solicitar al Ayuntamiento información detallada sobre la actividad de la discoteca Le Club, denunciando una situación que describimos como insostenible:
Ruido nocturno, vandalismo, consumo de alcohol y drogas en la vía pública, dificultades de acceso a las viviendas y una degradación general del entorno urbano.
En el escrito, los vecinos reiteramos que no podemos dormir, que existen cristales y suciedad en calles y parques, que se producen cortes de tráfico y que, incluso, hay presencia de menores accediendo al local o personas consumiendo sustancias en espacios públicos.
Por ello, solicitamos datos concretos sobre presencia policial, controles de alcoholemia, sanciones, inspecciones al local y autorizaciones para ocupar la vía pública, buscando esclarecer si las medidas municipales son suficientes para proteger el descanso y la seguridad del barrio.
La respuesta del Ayuntamiento de Pozuelo nos contestó, en primer lugar, que el establecimiento dispone de título habilitante como discoteca y que su horario se ajusta a la normativa de la Comunidad de Madrid, que permite la apertura hasta las 5:30 horas, ampliable en determinados supuestos de fin de semana o celebraciones.
Desde luego quien concedió ese “título habilitante” desconocía la idiosincrasia de Humera. Vamos, que ni se había pasado por aquí. Entiendo su queja contra los gobiernos de forasteras.
Además, en la contestación se asegura que la Policía Municipal se ha mantenido proactiva y constante de vigilancia, con patrullas uniformadas y de paisano, controles de consumo de alcohol en la vía pública, pruebas de alcoholemia en accesos al local, vigilancia en parques cercanos y coordinación con la seguridad privada para el control de aforo, accesos, sustancias prohibidas y niveles de ruido.
Nosotros no las hemos visto, salvo en contadas ocasiones y, en la mayoría de los casos, más que policía proactiva parecía proreactiva, tirando a pasiva y a consentidora. Como si supiese que no convenía mostrar seriedad por si, presuntamente, se molestaba a algún gerifalte con autoridad y les terminaba afectando…
Sin embargo, la propia respuesta municipal se contradice al introducir un reconocimiento especialmente significativo:
Señala que “la coexistencia de una actividad de ocio nocturno con horario autorizado hasta las 06:00 horas y un aforo permitido de 350 personas presenta dificultades objetivas para eliminar por completo las molestias derivadas de la afluencia de público y el ruido ambiental”.
¿Cómo que el aforo presenta dificultades objetivas para eliminar por completo las molestias derivadas de la afluencia de público y el ruido ambiental?
No entiendo nada. No entendemos nada.
Cuando la propia administración admite la imposibilidad de eliminar totalmente las molestias, yo creo que la cuestión deja de ser técnica para convertirse en política, social y, lógicamente, policial.
¿Para qué pagamos impuestos?
Y es que cuando el ruido se prolonga hasta el amanecer y el descanso se vuelve incierto, el debate deja de ser local para convertirse en una reflexión sobre qué ciudad se está construyendo y para quién…
Particularmente, creo que es un tema de acojone, y perdone la palabra. Entiendo la legalidad de la discoteca, aunque nunca se debió concederle “el título habilitante”, pero creo que la alcaldesa no quiere complicaciones. Tejero no tiene lo que se espera de una alcaldesa para dar un paso al frente.
Y la solución es sencilla. Basta poner a la policía municipal en la puerta y, al que se desmadre de madrugada, multa al canto.
Otra cosa es el temor a que el niñato al que se le multe tenga papá influyente y, entonces la cosa se puede complicar…
Pero, señora alcaldesa, el mismo derecho que tiene esa discoteca a existir, tenemos los vecinos a descansar.
O más.
Veremos qué pasa en mayo del año que viene cuando vengan a vendernos milongas…
Qué ya vale.
Juan Pozuelo






