Tejero está sola en el Pasillo del Infierno (solo rodeada de sus “cubanos”) y el Ayto de Pozuelo se enfrenta a un caos monumental en un año preelectoral y en el puede pasar cualquier cosa

Estimado Capitán:
Desde el interior de este Viejo Convento, como dice usted, le escribo sobre la situación que estamos viviendo y con la que enfrentamos este 2026 por si es de su interés.
Y es que creo que es muy importante señalar que Paloma Tejero entra en el año político más decisivo de su mandato completamente sola. Y lo hace, insisto, en el peor momento posible. Año preelectoral. Con varios grandes nichos de voto profundamente enfadados. Justo lo único que un alcalde de Pozuelo nunca debe provocar. Nunca. Especialmente gobernando con mayoría absoluta. Especialmente después de prometer en 2023 lo que hoy no ha cumplido.
Y, además, como también dicen en su periódico, huyendo pero sin saber hacia dónde. Dando palos de ciego y, créame, puede pasar cualquier cosa.
Algo normal, por otra parte, ya que dos años y medio después, el balance de su gestión es muy negativo. Promesas electorales incumplidas. Compromisos olvidados. Y una sensación creciente de desconexión con la calle. Con los vecinos. Con los suyos. Tejero no ha sabido gestionar ni el poder que tenía ni el equipo. Y ha optado por el peor camino: gobernar desde la soberbia, el aislamiento y la adulación.
Está recogiendo lo sembrado ya que, durante la legislatura, ha ido dejando cadáveres políticos por el camino. Concejales. Colaboradores. Directores generales. Gente que la apoyó, que trabajó para que llegara a alcaldesa y que dio la cara por ella ya no están o están siendo ninguneados.
Hoy apenas le queda una guardia pretoriana de tres o cuatro personas. Nada más. En el Pasillo del Infierno del Ayuntamiento los llaman “los cubanos”. No por casualidad. Hay mucho talento en la máquina del café y no hay por qué explicar las causas del apodo.
Pero lo cierto es que son estos “cubanos” quienes lo hacen todo. Relaciones públicas. Comunicación. Control interno. Filtros. Decisiones. El Gobierno municipal, como tal, no existe.
Paloma Tejero no recibe a sus concejales. No despacha con sus directores generales. No escucha a su equipo. Todo pasa por alguno de los “cubanos”. Todo se decide en un círculo mínimo. Opaco. Cerrado. Endogámico. Pero gente leal a muerte. O, al menos, a su salario.
En el camino han caído los llamados “enriquitos”, según su propia definición. Once o doce concejales propuestos por Enrique Ruiz Escudero. Fuera. No le sirven. Han caído también los dos o tres que le impuso el PP de Madrid. Fuera. Incluso, han caído sus dos amigas íntimas. Fuera.
No hay lealtad suficiente para ella si no hay adoración absoluta.
Porque Tejero solo quiere oír una cosa. Que es la mejor. La más guapa. La más alta. La más rubia. La más lista. Quien no lo diga alto y claro, quien no lo repita, quien no lo escenifique, será fulminado. Sin explicaciones. Sin debate. Sin matices. Así se gobierna hoy Pozuelo. Supongo que lo sabrán en Madrid.
El problema es que los vecinos no viven en ese espejo.
Los vecinos viven en la realidad.
Y la realidad es una alcaldesa encerrada en sí misma, rodeada de aduladores, enfrentada a colectivos claves y con una estructura política cada vez más frágil.
Y todo el mundo toma nota.
Y en año preelectoral, la memoria cuenta.
Paloma Tejero ha confundido autoridad con soberbia. Liderazgo con aislamiento. “Auctoritas” con “Potestas”. Gestión con propaganda. Y ahora afronta el tramo final de la legislatura con un Ayuntamiento desactivado y un partido destrozado.
En política, la soledad no es épica. Es el síntoma previo a la derrota.
Pero, en este Pozuelo, además, suele ser letal.
Juana Pozuelo





