Carta a los Reyes Magos de un vecino de esta ciudad castigada por la soberbia y el capricho de Tejero, con la esperanza de que le traigan un poco de cordura y deje de cabrearnos tanto

Queridos Reyes Magos de Oriente:
Este año, desde Pozuelo de Alarcón, los vecinos de no os escribimos para pedir perfumes, juguetes ni más luces de colores. Tampoco cabalgatas grandilocuentes ni fuegos artificiales.
Después de cómo ha transcurrido 2025, el deseo es mucho más sencillo y, a la vista de los acontecimientos, bastante más urgente: Un poco de cordura para nuestra alcaldesa Paloma Tejero.
No pedimos milagros, Majestades. Solo sentido común. No es tanto.
Porque 2025 ha sido el año de la improvisación permanente, del anuncio antes que la reflexión y del acto antes que la gestión. Un año en el que gobernar parecía consistir en inaugurar, comunicar, vender humo y confiar en que el siguiente evento borrase el rastro del anterior.
Las fiestas municipales han sido el mejor ejemplo. Contratos explicados a medias, licitaciones fallidas, prisas de última hora y decisiones precipitadas. Incluso tradiciones tan consolidadas como la Cabalgata de Reyes terminaron convertidas en un problema administrativo de primer nivel. Algo que debería unir a la ciudad acabó generando recursos, dudas y más titulares por su trastienda que por su magia.
Los plenos municipales tampoco trajeron tranquilidad. Más bien dejaron la sensación de un gobierno a la defensiva, poco dado a la autocrítica y excesivamente preocupado por el relato.
Los debates se perdieron en explicaciones confusas mientras los problemas reales de los vecinos seguían esperando respuesta.
Y es que Gobernar, queridos Reyes, es algo más que sobrevivir a cada pleno.
En lo económico, la historia no fue muy distinta. Presupuestos presentados como ambiciosos, pero con una ejecución poco clara. Preguntas sin responder, advertencias externas y una transparencia más estética que efectiva.
También ha quedado en evidencia un problema de modelo de ciudad. Fiestas pensadas para la foto, eventos que representan a cada vez menos vecinos y una idea de prestigio basada en la apariencia. Gobernar una ciudad diversa exige escuchar más y posar menos.
Ni siquiera la Navidad escapó a esta dinámica. Actividades aprobadas sin explicaciones claras y una sensación constante de desorden administrativo. Puede que todo sea legal, pero no todo parece ejemplar.
Por eso, este año os pedimos algo modesto pero esencial: Que en 2026, llegue a Pozuelo reflexión, transparencia y humildad.
Que se planifique antes de anunciar, que se gestione antes de celebrar y que se escuche antes de comunicar.
No queremos más confeti para tapar problemas. Queremos liderazgo, responsabilidad y autocrítica y que deje de cabrearnos.
Con esperanza y algo de cansancio,
Juan Pozuelo, un vecino de esta ciudad castigada por la soberbia y el capricho de su alcaldesa




