El Ayto Pozuelo celebró ayer el aniversario de la Constitución con Adolfo Suárez Illana (siguen jugando al equívoco con su padre) con un acto menor, paradigma de la gobernanza de Tejero

Ayer, en Pozuelo, el Gobierno del Ayuntamiento del Gran Pozuelo de Alarcón volvió a demostrar que la gobernanza de Paloma Tejero se sostiene más en gestos huecos que en convicciones reales.
La celebración del aniversario de la Constitución en el Salón de Plenos fue el ejemplo perfecto de la gestión política de esta legislatura: Un acto menor, más bien clandestino, presidido por una estrategia política que empieza a ser marca de la casa.
Tejero quería una foto y cumplir con el expediente y lo logró.
Porque lo primero que destaca -y escandaliza- de su nota de prensa es el juego torticero, consciente y calculado, de confundir a Adolfo Suárez Illana con su padre, el verdadero y mítico Adolfo Suárez, presidente que lideró la Transición y cuyo legado pertenece a la historia de España, no a los trucos de un gabinete de propaganda municipal.
En la nota oficial difundida por el Ayuntamiento, la referencia constante a “Adolfo Suárez” sin segundo apellido no es un descuido: Es un acto deliberado de confusión. Un uso doloso de la memoria histórica para engordar artificialmente el acto y darle un lustre que no tenía.
Parece mentira que el Gobierno sea pepero.
La figura del expresidente Suárez se merece respeto, no esta manipulación cutre para vestir de trascendencia un evento pobre. Su hijo, Adolfo Suárez Illana, tiene su identidad, su trayectoria y su papel en la vida pública, pero no es el sustituto simbólico ni emocional de su padre.
Jugar a esa confusión es indigno, impropio y profundamente desleal con la ciudadanía. Y menos aún por conseguir una foto.

Y eso nos lleva al segundo punto marcado por la absoluta falta de ambición -e incluso de respeto institucional- del acto organizado por Tejero. Si esto es lo que entiende la alcaldesa por homenajear la Constitución Española en peligro, que venga Dios y lo vea.
Reducir la conmemoración del texto que garantiza nuestros derechos a un encuentro menor, con un puñado de mayores seleccionados al milímetro, es una falta de altura política monumental.
La Constitución no es un accesorio de escaparate. No es una excusa para hacer una foto decente en un jueves frío. No es un decorado de cartón piedra para que la regidora recite frases manidas sobre concordia y consenso. Es -o debería haber sido, al menos en Pozuelo- el marco que inspira la acción de gobierno, el referente moral y jurídico de cada decisión municipal.
Pero Paloma Tejero no gobierna desde el espíritu constitucional. Gobierna desde el tacticismo, la improvisación y una preocupante incapacidad para enfrentarse a los problemas reales de Pozuelo. Ayer, con este acto menguado, lo dejó más claro que nunca.
Porque si Tejero cree que con una lectura institucional y un invitado que suene a Suárez ya ha cumplido su papel, entonces está políticamente más perdida que el barco del arroz.
Un Ayuntamiento serio no disfraza un acto menor de gran celebración. No maquilla su propia anemia política con nombres de resonancia histórica. No usa el mito de la Transición como coartada.
Ese truco -cutre, además- revela mucho más de su manera de gobernar que cualquier discurso que pronunciara ayer: Apariencia, confusión interesada, superficialidad y ninguna sustancia. Discurso de carril.
La Constitución se honra con hechos, con políticas, con valentía y con respeto. No con trampas semánticas. No con homenajes de saldo. No con espectáculos de humo. Y desde luego, no jugando con el nombre de un presidente histórico para tapar la pobreza de un acto.
En Pozuelo, el aniversario de la Constitución merecía algo digno. Algo grande.
Lo de ayer fue todo lo contrario.
Una muestra más de que Tejero no está a la altura del cargo ni del momento.
Juan Manuel Sánchez





