Mientras el alcalde de Torrejón escucha a su pueblo y suspende los macrofestivales “para evitar las molestias a los vecinos”, la alcaldesa de Pozuelo sube el volumen para joderlos más

Hay gestos que definen a un Ayuntamiento mejor que cualquier campaña de imagen. Y lo ocurrido en Torrejón de Ardoz esta semana es un ejemplo de libro: Su alcalde Alejandro Navarro Prieto -del Partido Popular, por si alguien quiere jugar a las comparaciones- ha decidido cancelar todos los macrofestivales previstos para 2026 salvo uno, el ya consolidado elrow Town.
¿La razón?
Evitar molestias a los vecinos. Así, sin rodeos. Sin frases vacías. Sin vender motos. Con una claridad meridiana: Primero su gente, luego el “festivalazo”.
Puede que a algunos les sorprenda la decisión pero no a los vecinos de Torrejón, que llevan meses quejándose por las noches sin dormir y los fines de semana alterados.
El Ayuntamiento, lejos de ponerse de perfil, ha anunciado (con luz y taquígrafos) la cancelación de eventos como Brava Madrid, Madrid Salvaje o Torrejón Summer Fest. Y no solo eso, ha prometido reducir el número de conciertos ruidosos, rebajar el volumen cuando sea posible y orientar los escenarios hacia el polígono industrial para que la música deje en paz a las viviendas cercanas.
Y todo esto manteniendo únicamente elrow Town porque, además de no costar ni un euro a las arcas municipales, deja dinero, genera actividad económica y llega en horario diurno.
Vamos, que tiene lógica. Y, por si fuera poco, ofrecerán entradas al 50% para los vecinos. O sea, medidas, razones y beneficios claros. Lo que se llama gestionar.
COMUNICADO | #TorrejónDeArdoz cancela los macrofestivales de música, Brava Madrid, Madrid Salvaje, Torrejón Summer Fest… para evitar las molestias a los vecinos
https://t.co/Hi0AkINK8F pic.twitter.com/arzDCpyJsJ— Ayuntamiento de Torrejón de Ardoz (@Ayto_Torrejon) December 2, 2025
Dicho esto, uno mira hacia Pozuelo de Alarcón, y a su alcaldesa Paloma Tejero -también del PP- y la diferencia es tan grande que parece otro planeta.
Mientras Torrejón actúa con pragmatismo y sensibilidad, en nuestra ciudad vivimos en la república independiente del “porque lo digo yo” que soy una chica que valgo mucho.
El Gran Pozuelo de Alarcón, ese municipio que presume de ser el más rico de España y de una calidad de vida envidiable, está desde hace meses atrapado en un bucle de macroconciertos, ruidos, masificaciones, quejas vecinales por doquier y una alcaldesa absurda y trepa empeñada en seguir adelante como si el problema fuera de los vecinos y no del Ayuntamiento.
Claro que ELLA es forastera y todo le resbala. Es más, está loca por volver a Madrid con lo que, al vecino que le moleste el ruido, que se joda.
Lo hemos contado muchas veces en El Correo de Pozuelo: la cabezonería municipal se ha convertido en política cultural. Aquí no se cambia nada. No se replantea nada. No se escucha a nadie.
El ruido, el caos y las molestias son un daño colateral aceptable con tal de que la alcaldesa se cuelgue la medalla del “gran evento del año”.
Se podría pensar que Tejero tomaría nota del malestar creciente, del hartazgo vecinal, del evidente descontrol. Pero nada. Adelante con los conciertos, adelante con los escenarios gigantes, adelante con molestar a los mismos contribuyentes que pagan el show.
¿Quién dijo miedo?
¿Se puede ser más torpe, políticamente hablando?
En Torrejón, sin ir más lejos, hasta se han comprometido a instalar pantallas acústicas para el único festival que mantienen. En Pozuelo, mientras tanto, las pantallas solo están para hacerse fotos delante de ellas.
La comparación es inevitable y, sinceramente, dolorosa. Dos ayuntamientos del mismo partido político, dos realidades semejantes, dos municipios residenciales donde el descanso importa.
Pero dos formas opuestas de gobernar: uno escucha y actúa; el otro ignora y persiste.
Quizá, algún día, el PP de Pozuelo aprenda que gobernar no es imponer, sino equilibrar.
Que no es llenar titulares, sino proteger la convivencia.
Que no es montar “eventazos”, sino respetar a los vecinos.
Hasta entonces, el ruido seguirá. Y la cabezonería de una alcaldesa impuesta, insensata e insensible también.
Juan Manuel Sánchez






