El indeseable legado de Francisco Salazar, el amigo de Pedro Sánchez, sospechoso de acoso sexual, impunidad y el silencio cómplice de un PSOE a tres centímetros del machismo

En el corazón del PSOE, partido que se erige como baluarte del feminismo y la igualdad, late un escándalo que expone su hipocresía más cruda.
Francisco Salazar, el socialista de manual que escaló hasta ser asesor de confianza de Pedro Sánchez en Moncloa, ha sido señalado como un depredador serial contra mujeres.
Sus conductas, descritas con crudeza en denuncias que el partido prefirió enterrar, revelan un patrón de acoso sexual y humillación que no solo mancha su trayectoria, sino que cuestiona la integridad de todo un aparato político.
Salazar no solo ha evadido la justicia interna, sino que ha resurgido como asesor externo, un fénix de la impunidad que el PSOE parece ansioso por rehabilitar.
Salazar, ex presidente del Hipódromo de la Zarzuela y figura clave en la maquinaria sanchista, acumula acusaciones que pintan un retrato repulsivo.
Dos mujeres, militantes y ex subordinadas suyas, presentaron en julio de 2025 denuncias formales en el canal antiacoso del PSOE.
Sus relatos, recuperados por elDiario.es, son un testimonio de terror cotidiano: “Se subía la bragueta en tu cara, escenificaba felaciones y pedía vernos el escote”.
Otras describen comentarios hipersexualizados, exhibiciones inapropiadas y un ambiente laboral “irrespirable” donde las jóvenes eran objeto de humillaciones constantes.
Estas no son anécdotas aisladas; forman parte de un mosaico de testimonios que emergieron en julio, cuando Salazar fue cesado “fulminantemente” de Moncloa tras la primera ola de revelaciones.
Sin embargo, su salida fue un exilio dorado: el partido lo encumbró como adjunto a la Secretaría de Organización en el Comité Federal, un ascenso que solo se frustró por el escándalo público.
Lo más indignante es la desaparición misteriosa de esas dos denuncias clave. Ingresadas en el sistema interno del PSOE, se volatilizaron durante cinco meses por un supuesto “error informático”, según la versión oficial de Ferraz.
La dirección socialista, liderada por figuras como Rebeca Torró, admitió “falta de diligencia” pero alegó que, con la baja de militancia de Salazar en noviembre, el procedimiento decaía.
¿Casualidad?
Las denunciantes no recibieron ni una llamada para contrastar hechos, ni un atisbo de protección.
Solo tras la publicación de elDiario.es el 30 de noviembre, y bajo presión mediática, el PSOE “resucitó” los expedientes en 72 horas, prometiendo continuar la investigación pese a la baja.
Demasiado tarde para disimular el encubrimiento: fuentes internas hablan de coacciones a las víctimas, ofertas de puestos para silenciarlas y un “hilo directo” con Salazar que facilitó su redeploy en Latinoamérica –Colombia, Uruguay y Costa Rica– a través del Grupo Parlamentario Socialista en Europa.
Esta no es solo negligencia; es un patrón sistémico en el PSOE. Mientras Sánchez presume de paridad en consejos y leyes contra la violencia de género, su entorno protege a un hombre investigado por la UCO de la Guardia Civil por cobrar 2.000 euros mensuales del Ayuntamiento de Dos Hermanas sin pisar el puesto, entre 2012 y 2017. Y ahora, la guinda: Salazar ha sido recontratado como asesor externo.
Fuentes socialistas confirman su rol en la consultoría montada con Iván Redondo, exjefe de gabinete de Sánchez, asesorando directamente a La Moncloa y al PSC.
Salvador Illa, presidente de la Generalidad catalana y primer secretario del PSC, lo utiliza como estratega, pese a las negaciones tibias de Luïsa Moret: “No hay relación contractual actual”. Una foto reciente de Salazar almorzando con la ministra Pilar Alegría, portavoz del Gobierno, fue el detonante para que las víctimas indaguen el paradero de sus denuncias.
Alegría, irónicamente, califica las expresiones de Salazar como “vomitivas”, pero el Gobierno da por zanjada cualquier vinculación laboral.
El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, no ha escatimado palabras: “Silencian supuestos acosos sexuales en sus filas” y tacha a Salazar de “guarro” que no merece ser asesor de Sánchez.
Agustín Aguilera, del PP sevillano, exige “transparencia” y una investigación independiente, recordando que el feminismo del PSOE es “de pancarta”.
Tienen razón: ¿dónde queda la credibilidad cuando un partido pionero en protocolos antiacoso los sabotea para uno de los suyos?
El caso Salazar no es un error aislado; es el síntoma de un socialismo que prioriza lealtades sobre justicia.
Las mujeres que alzaron la voz merecen más que disculpas tardías: merecen que el PSOE expulse de verdad a sus indeseables, no que los reciclen en sombras.
Mientras tanto, la impunidad de Francisco Salazar –ese socialista que acosó, humilló y resucitó– erosiona la fe en un partido que dice defendernos a todas.
Es hora de que Ferraz elija: ¿el poder o las mujeres?
Por ahora, la balanza pende del lado equivocado a tres centímetros del machismo.
María Alarcón





