La humillación de Pedro Sánchez ante Carles Puigdemont para seguir en Moncloa o cuando el precio es demasiado alto para la deshonra que está sufriendo España, según X

En los pasillos del Congreso de los Diputados, donde se forjan los destinos de España, pocos episodios han generado tanto revuelo como la reciente sumisión del presidente Pedro Sánchez ante Carles Puigdemont.
El líder goplista, exiliado en Waterloo y figura central del procés catalán, ha logrado no solo condicionar la agenda legislativa del Gobierno, sino también arrastrar al Ejecutivo a concesiones que muchos ven como una afrenta al Estado de Derecho.
Medios como OKDIARIO y ABC han documentado en sus publicaciones en X cómo Sánchez, en su afán por asegurar el apoyo de Junts per Catalunya, ha cedido terreno de manera humillante, priorizando la supervivencia política sobre la dignidad nacional.
El clímax de esta saga se remonta a noviembre de 2024, cuando la aprobación de la ley de amnistía abrió la puerta al regreso de Puigdemont.
Sin embargo, lo que se presentó como un gesto de reconciliación se transformó en una serie de exigencias que Sánchez no pudo ignorar.
En un post de EL PAÍS en X, se detalla cómo el presidente marcó una “línea roja” al rechazar someterse a una cuestión de confianza que Puigdemont reclamaba, viéndola como una “humillación pública”. (@el_pais)
Pero las palabras no bastaron: Junts, con sus siete diputados clave, retuvo el apoyo para los presupuestos, forzando a Sánchez a negociar en la sombra.
La Razón, en sus actualizaciones en X, reveló cómo el Gobierno daba por hecho una “fotografía” con Puigdemont tras el aval del Tribunal Constitucional, un paso que Génova calificó de “humillación ante el prófugo”.
Esta dinámica no es nueva, pero ha alcanzado cotas inéditas en 2025. En septiembre, OKDIARIO publicó en X la denuncia de Vox sobre la “humillación” de Salvador Illa ante Puigdemont, describiéndolo como un “lacayo” de Sánchez recibiendo órdenes para desbloquear la amnistía política. (@okdiario)
El Confidencial, en un hilo en X, explicó cómo Sánchez inauguraba esta “amnistía política” a través de Illa, permitiendo a Puigdemont proyectar una imagen de mando mientras el Gobierno buscaba votos para sus cuentas. (@elconfidencial)
Puigdemont, por su parte, no escatimó en rebajar la euforia socialista: en junio de 2025, como reportó OKDIARIO en X, acusó al Supremo de “prevaricador” y exigió más que la mera ley de amnistía, que calificó de “insuficiente”.
La oposición no ha tardado en capitalizar este desgaste.
Alberto Núñez Feijóo, en declaraciones recogidas por La Razón en X, espetó a Puigdemont: “Sánchez te ha estafado con la amnistía, yo no lo haré”, rechazando cualquier viaje a Waterloo y alertando sobre la inconstitucionalidad de la norma. (@larazon_es)
ABC, en su editorial de julio de 2025 compartida en X, fue demoledor: “Legitimar a un prófugo que ha atentado contra el orden constitucional es un límite infranqueable en cualquier democracia europea”. (@abc_es)
Incluso en momentos de aparente distensión, como la planificación de un encuentro en La Moncloa para primavera de 2025 según ABC en X, la percepción de rendición persiste. (@abc_es)
Pocas veces un presidente ha expuesto tan crudamente la fragilidad de su mayoría. Sánchez, que en diciembre de 2024 celebraba en X de EL PAÍS el “éxito” de la amnistía al ver acuerdos entre Feijóo y Puigdemont, ha visto cómo su estrategia se vuelve en contra. (@el_pais)
En julio de 2025, El Confidencial reportó en X que Junts seguiría apoyando al Gobierno “a su pesar”, sin obtener más que migajas más allá de la amnistía. (@elconfidencial)
Y en octubre, EL PAÍS en X describió un clima de “ruptura” en Junts, con la decisión de Perpiñán pendiente de la militancia casi dos años después del pacto inicial. (@el_pais)
Esta humillación trasciende lo personal: avergüenza a los españoles al erosionar la igualdad ante la ley. Como editorializó La Razón en marzo de 2024 en X, Sánchez se rinde ante Puigdemont en una “humillación para España, la Constitución y el Estado de Derecho”. (@larazon_es)
El Periódico, en diciembre de 2024, alertó en X sobre las “consecuencias irreversibles” si se veta el debate de confianza exigido por Puigdemont, quien se quejaba de ser tratado como “presunto delincuente”. (@elperiodico)
En Waterloo, Puigdemont dicta el tempo; en Madrid, Sánchez baila a su son.
El Congreso, testigo mudo de esta farsa, refleja un país dividido donde la estabilidad se paga con soberanía.
¿Hasta cuándo durará esta genuflexión?
Los españoles merecen respuestas, no más fotos ni promesas vacías.
La vergüenza, como advierten estos medios en X, ya no es solo de los golpistas: es colectiva.
El Atalayero






