La Transformación prometida de Tejero era confundir fiestas navideñas con patronales, homenajear a una virgen foránea y charlar como gran acto contra la violencia en la mujer

No entiendo nada. Mejor, sigo sin entender nada. Si ayer hablé en esta misma columna que la alcaldesa había abierto el Tiempo de las Chuminadas en el Gran Pozuelo de Alarcón (con gran éxito, por cierto, de lecturas aunque nada comparable con la cifra de la cacicada de Mejode) hoy tengo que hablar de la gran transformación de la ciudad que está llevando a cabo Paloma Tejero que ya se estudia en las Facultades de Políticas del mundo mundial.
Para empezar, solo recordar que a menos de una semana de plantarnos en diciembre, y con una mayoría absoluta en el Pleno, que debería permitirle aprobar un presupuesto hasta en una servilleta del Suri si quisiera, seguimos sin saber absolutamente nada del Presupuesto 2026. Nada. Cero pelotero.
La transformación parece que radica en que se harán públicos cuando a ella le sale de Los Centros, que cantaba la Piquer (y al que le pese que se joda). Aunque dicen en la máquina de café del Viejo Convento que el problema es que no se aclaran con lo que quieren.
Todo un misterio.
Aunque un misterio mayor sería descubrir qué se hizo del espíritu navideño en esta ciudad… Porque lo que se está montando en el Parque Prados de Torrejón es una broma de mal gusto. Tejero ha reconvertido un recinto navideño en un recinto ferial para celebrar la Patrona de cualquier pueblo de España, a precio de oro, claro.
Ideal, eso sí, para pasear (si se puede ante tanto cacharrito) por el recinto y uno preguntarse si se ha confundido de fecha o de ubicación.
El Ayuntamiento llama a aquello “navideño”, pero tiene toda la pinta de encontrarse al feriante gritándole que le quedan dos tickets para la tómbola. Habrá, incluso, Gran Caseta de la Fiesta de la Cerveza, todo muy navideño e infantil…

Es una sensación extraña percibir esa mezcla entre fiesta patronal y mercadillo ambulante que solo este Gobierno sabe convertir en “programación navideña”. En Pozuelo todo se confunde: las ferias con la Navidad, lo municipal con lo simbólico, lo urgente con lo irrelevante.
Y hablando de celebraciones y cosas raras pero transformadoras de la ciudad. Mientras Pozuelo entero mira el calendario con la ceja levantada, la alcaldesa Tejero se dedica a lo que realmente importa: decisiones extrañas, gestos emotivos y homenajes muy sentidos…
Homenajes a 200 vecinos en una ciudad de 90.000. Porque 200 vecinos (y tiro para arriba) son los hermanos de la Hermandad de La Virgen del Rocío de Pozuelo de Alarcón a los que la alcaldesa les ha concedido un monumento a la Blanca Paloma en el Centro de la Villa.
Nada que objetar a la Hermandad, faltaría más y más aún a la Virgen almonteña pero quizá, solo quizá, cabría pensar que una alcaldía debería buscar símbolos que unan a una ciudad y no que la sigan fracturando en Mil Pozuelos.
Pozuelo de Alarcón tiene poco que ver con la Virgen del Rocío, y lo digo habiendo estado muchas veces La Aldea y sintiendo un gran respeto por la Reina de las Marismas.
Pero nada tiene explicación. Todo da a entender que es una nueva petición de perdón al abandono del Centro de Pozuelo aunque solo consiga que ese centro siga siendo un espacio endogámico y desconocido. Exactamente lo contrario de lo que debería hacer.
Esa concesión, precisamente, no es transformación de la ciudad… Es ahondamiento en sus problemas, que son muchos.

Pero la joya de la corona (la que verdaderamente resume la capacidad comunicativa del Gobierno) la vimos cuando ayer, 24 de noviembre, la alcaldesa celebró el 25 de noviembre, Día Internacional contra la Violencia hacia la Mujer.
Una fecha solemne, seria, necesaria. Un día, alcaldesa, que se debe celebrar como Dios manda. Por ejemplo, con un bando de alcaldía (ya sé que no puede hacer mucho más que llamar la atención de los vecinos ante un problema tan importante) y no hacerlo, curiosamente, el día antes con una reunión en un inhóspito despacho de la Comisaría de Policía Nacional de Pozuelo, en donde parecía que se iba a iniciar una partida de Cinquillo con el comisario Del Valle de apuntador, como dice El Mudo.

Todo un alarde de implicación, sin duda, en el problema.
Si esta es la transformación del Gran Pozuelo de Alarcón que prometía la alcaldesa en su campaña electoral, será mejor que alguien encuentre el manual de instrucciones.
Porque esto, señora, no es transformar, es improvisar para terminar haciendo el ridículo.
Juan Manuel Sánchez





