Un árbitro contra el poder caciquil del concejal Magide del Ayto o cuando el deporte municipal se humilla ante sus caprichos porque a él no le gusta que su hijo pierda un partido por goleada

Se veía venir. La cabra siempre tira al monte y el concejal Luis Magide es de esos políticos (nunca debió llegar a ser concejal ni siquiera asesor porque no está preparado intelectualmente para ello) que creen que el cargo los convierte en pisa-hormigas, siendo hormigas todos los vecinos menos sus jefes ante los que dobla el espinazo.
Y se veía venir que antes o después metería la pata. Hasta el corvejón. Tenía que demostrar que él es el que manda en el deporte municipal (lo había hecho en sus anteriores destinos como en el INNPAR de donde hubo que sacarlo porque había cola para cantarle las cuarenta) y lo demostró con una gran cacicada.
De todos es conocido cómo esta persona llegó a ejercer cargos en el Ayuntamiento de Pozuelo. Lo hemos contado muchas veces en El Correo de Pozuelo (ay, qué cosas tiene mi niño)
Y es que el pasado 16 de noviembre fue uno de esos días en los que se confirma lo que en Pozuelo muchos sospechábamos, que Luis Magide es un cutre sin ninguna clase política.
Mangonear la competición de un partido del campeonato municipal de futbol que su hijo Fernando Magide había perdido 8 a 3, castigando al árbitro porque había expulsado a tres jugadores del equipo del niño es muy fuerte. Tanto que, desde aquí y para que no se me olvide, exijo su cese inmediato. Inmediato, alcaldesa. Este señor no merece seguir ni un día más de concejal de deportes del Ayuntamiento del Gran Pozuelo de Alarcón.
(Y como no se le puede echar, que quede como concejal sin dedicación y que el PP de Pozuelo le abra un expediente sancionador. Es intolerable)
Y estos fueron los hechos.
Nuestro protagonista, un árbitro municipal con más de una década ejerciendo y que no busca gloria ni guerra, solo que le dejen trabajar y ganar un dinerillo extra porque es familia numerosa, dirigió ese encuentro del día 16, a las 20:30 en el campo de El Pradillo.
Partido normal de Primera División municipal, con sus calentones habituales, sus protestas habituales y un hijo de concejal que, por lo visto, esperaba un trato menos habitual.
En el descanso, el árbitro hizo lo que cualquier árbitro decente debe hacer: poner orden para enfriar el partido. Reunió a los capitanes, explicó que solo ellos podían hablar con él y que cualquier agarrón se pitaría como falta. Blanco y en botella: Reglamento puro y duro.
Final del partido: Tres expulsados y un 8-3 en contra del equipo del hijo del concejal.
Pero eso fue muy duro para un jugador que ya salió en el ‘Vive Pozuelo’ en noviembre de 2018 (Los amigos de mi niño, son mis amigos, que diría aquella Olvidable)
“Fernando Magide, el Pichichi de las ligas futboleras de II División”.

Y, a partir de ahí, comenzó la “vendetta…”
Porque el martes, martes, nadie sabía dónde estaba el Acta del partido.
“En el buzón del Torreón”, contestó el árbitro. Como se deja siempre. Pero ese día, milagro bíblico, el acta había desaparecido justo cuando el comité debía revisarla. Pero no había sido un milagro ya que el acta, por arte del birlibirloque, apareció días después. Casualidad. Sin duda, Pozuelo no es Nueva York y las cosas no se pierden tan fácilmente.
Y el jueves llegó la sentencia disfrazada de cordialidad. Por canales no reglamentarios le hacen llegar este mensaje al árbitro:
“De momento hasta enero de vacaciones. Ya hablamos”.
Vacaciones. Así lo llaman ahora. Inhabilitación express (nevera se dice en términos futbolísticos) porque, presuntamente, al señor concejal (hay testigos que lo aseguran) le molesta que alguien haga cumplir el reglamento cuando juega su hijo.
Pero lo más grave no es que Magide ordenara, presuntamente, cargarse a un árbitro. No. Lo grave es que el comité disciplinario ni investigó, ni llamó al árbitro, ni escuchó a los equipos, ni consultó al jefe de sede. Ni sancionó al árbitro de forma oficial. Nada. Cero. Silencio administrativo al estilo cacique: “Que éste no vuelva a arbitrar y punto”.
Lógicamente, al árbitro, que no entiende nada, solo le queda preguntar por las vías correspondientes, como preguntaría cualquier persona con dignidad:
“Si yo he cumplido con mi trabajo y ellos no han cumplido con su protocolo, ¿por qué me sancionan?”
La respuesta es sencilla, y huele a cortijo rancio:
Porque en Pozuelo hay quien confunde Concejalía con Cortijo Personal, autoridad con chulería.
Y eso, concejal Magide, es lo que realmente ensucia el deporte de esta gran ciudad.
Nunca debiste cruzar El Arroyo Meaques.
El Capitán Possuelo






