La traición miserable de Junts a su propia palabra (dejando que el irresponsable Sánchez condene a la central de Almaraz) tendrá consecuencias, según X

En el turbulento panorama político español, pocos episodios han destilado tanta hipocresía como la reciente maniobra de Junts per Cat, los independentistas catalanes que, en un giro indigno, han facilitado el cierre de la central nuclear de Almaraz mientras blindan las suyas propias.
Lo que se presenta como una “ruptura” con el Gobierno de Pedro Sánchez no es más que una puñalada calculada a su propia palabra, traicionando no solo a sus aliados circunstanciales, sino a los principios de equidad que algún día juraron defender.
Basado en el clamor de las redes en X, este acto de doble moral ha encendido las críticas, revelando la podredumbre de un independentismo que prioriza el cortoplacismo catalán sobre cualquier atisbo de coherencia.
La hemeroteca de X está plagada de voces que denuncian esta felonía.
Ayer, en el Congreso, se votó la enmienda del PP para prorrogar la vida útil de Almaraz, la joya energética de Extremadura y de muchas más regiones que genera miles de empleos y estabilidad para el país.
Pero Junts, en lugar de apoyar la extensión general, como prometieron en negociaciones previas con el bloque de la derecha, optó por una abstención estratégica que allanó el camino al cierre impulsado por Sánchez.
“Puigdemont se prepara para dar el primer golpe a Sánchez con las nucleares”, tuiteaba @larazon_es, anticipando el drama, pero lo que llegó fue peor: un silencio cómplice que condena a Almaraz al desmantelamiento en 2027, dejando a 4.000 familias extremeñas en la intemperie, según @SiAlmaraz
¿Por qué esta traición?
Las publicaciones en X lo dejan claro: un pacto inconfesable bajo la mesa.
Mientras Almaraz y Cofrentes (en Valencia) caen bajo el hacha verde del Gobierno, las centrales catalanas —Ascó y Vandellós— reciben una prórroga implícita, exenta de recortes.
“Junts amenaza con hacer efectiva su ruptura… para forzar la prórroga nuclear”, alertaba @20m, pero en la práctica, su voto tibio permitió que Sánchez avanzara en su irresponsable agenda ant-nuclear sin oposición real de los socios que lo apuntalaron en investiduras pasadas, contaba @Galeia156346
Es el independentismo de salón: gritan “a por todas” contra Madrid, pero cuando toca sacrificar algo propio, miran para otro lado.
@juralde, exdiputado y ecologista, lo resume en un hilo viral: el Gobierno renuncia a vetar enmiendas pronucleares, pero Junts, en su afán de venganza, deja que el cierre se cueza a fuego lento, priorizando “garantías de suministro” solo para Cataluña.
El colmo de la indignidad llega en las réplicas del pleno. Miriam Nogueras, de Junts, arremetió contra Sánchez llamándolo “cínico e hipócrita” por “cumplir acuerdos” que, en realidad, Junts ya había roto.
“¿Cómo va a gobernar ahora?”, se preguntaba @informativost5, capturando el caos.
Pero detrás de la retórica independentista, X desentraña la verdad: Junts no rompe por principios, sino por réditos electorales. Salvar Ascó I —clave para la industria catalana— mientras Almaraz agoniza es el epítome del “sálvese quien pueda”.
@publico_es lo expone crudo: la jugada del PP para alargar Almaraz, Ascó y Cofrentes se frustra por la debilidad del Gobierno, pero Junts, con su abstención, sella el destino desigual.
Esta maniobra no solo traiciona la palabra de Junts —que juró lealtad al pacto de investidura, sino que hipoteca el futuro energético de España.
Extremadura ve cómo su principal motor económico se apaga, mientras Barcelona aplaude en silencio.
Usuarios como @criaturina lo llaman “estertores de la autocracia culorrota”: un independentismo que, al final, es solo regionalismo egoísta.
Y @EFEnoticias remata: “Esta relación se acabó”, pero el daño está hecho. Almaraz cierra, Cataluña respira, y Sánchez ríe último.
En X, el veredicto es unánime: lo más indigno del día, y de la legislatura.
Junts no es traidor por romper con Sánchez, sino por romper con la decencia.
España merece socios, no saboteadores selectivos.
El Atalayero






