La tendencia más moderna en Madrid es cenar a las ocho, cosa de la influencia turística y los nuevos hábitos de trabajo

Durante décadas, cenar a las ocho era cosa de turistas o jubilados. Pero eso se acabó. En Madrid, cada vez más restaurantes ofrecen turnos de cena temprana porque los nuevos clientes quieren dormir pronto, madrugar para entrenar y publicar su tostada de aguacate a las siete.
La pandemia aceleró la tendencia, y el teletrabajo terminó de consolidarla. Los madrileños descubrieron que salir antes permite volver sin pelear con los taxis ni las copas.
En Chamberí, en Lavapiés o en Pozuelo, muchos locales han duplicado su facturación gracias al “primer turno”. Y lo que empezó como rareza se ha convertido en estilo de vida.
Los camareros, encantados: los servicios acaban antes. Los vecinos, también: menos ruido. Los únicos que sufren son los noctámbulos, que ven cómo Madrid se acuesta cada vez más pronto. La ciudad que no dormía ya bosteza.
El nuevo madrileño se levanta temprano, va al gimnasio, trabaja desde casa y cena cuando antes merendaba. El ocio se racionaliza, la noche se civiliza… y los bares de copas lo notan. Quizá no sea el fin del Madrid fiestero, pero sí el principio de su madurez. O de su aburrimiento.
Purita Muñoz




