El sectarismo rampante de TVE o como una Televisión Pública se humilla ante personaje (Sánchez) que carece de ética política y todo le sirve para seguir en el poder, según X

En una democracia madura, la televisión pública debería ser un faro de pluralismo e imparcialidad, financiada por los impuestos de todos los españoles para informar sin sesgos ni agendas ocultas.
Sin embargo, lo que hoy vemos en TVE es un espectáculo inaudito de manipulación y sectarismo descarado, convertido en un altavoz personal de Pedro Sánchez y el PSOE.
Pagada por el erario público, esta cadena no informa: adoctrina. Sus presentadores y colaboradores, supuestamente profesionales independientes, se han transformado en defensores acérrimos del Gobierno, silenciando críticas y amplificando narrativas que benefician al Ejecutivo.
Es hora de denunciar esta deriva autoritaria que erosiona la confianza en los medios y la democracia misma.
El control político sobre RTVE no es un secreto, sino una realidad palmaria. En octubre de 2024, el Gobierno impulsó un “decretazo” que reformó el Consejo de Administración, excluyendo voces disidentes como las de Vox mientras aseguraba la presencia de aliados separatistas y de izquierda radical, incluido Bildu.
Este cambio, criticado como un “asalto institucional”, garantiza que los informativos queden bajo el yugo de Moncloa por más de seis años, perpetuando un sesgo que rechaza cualquier atisbo de pluralidad.
Profesionales internos de RTVE, unidos en plataformas como TVE Libre, han documentado cómo Ferraz dicta las líneas editoriales: ediciones selectivas de noticias, bulos contra la oposición y una sumisión absoluta al relato sanchista.
Un ejemplo flagrante es la edición manipuladora de los telediarios, donde se omite contexto adverso al PSOE y se exalta la figura de Sánchez, como en las coberturas de la DANA en Valencia, donde la cadena priorizó ataques a la “ultraderecha” en lugar de la gestión gubernamental.
Los presentadores y tertulianos de TVE encarnan este sectarismo con una devoción casi religiosa. En septiembre de 2025, durante un monólogo presidencial en la cadena, Sánchez arremetió contra jueces, prensa crítica y opositores sin que nadie le exigiera explicaciones por presuntas corrupciones en su entorno. Fue un “monólogo sin periodismo objetivo”, donde la audiencia pública financió una plataforma para teorías conspirativas como el “fango” contra el Gobierno.
Colaboradores como los de “La Sexta” o los informativos de TVE, sincronizados con órdenes de Moncloa, insuflan odio contra rivales políticos mientras blanquean desastres como la vivienda o las inundaciones, atribuyéndolos a “otros” en lugar de al desgobierno de siete años.
En Valencia, tras la tragedia de la DANA, TVE dedicó 16 horas diarias a propaganda socialista, ignorando el abandono de los afectados y manipulando imágenes para culpar a la oposición, con grabaciones exclusivas controladas por el Ejecutivo.
Esta instrumentalización no es casual: es estratégica. Sánchez ha “copado toda su programación” para convertirla en un “altavoz político”, midiendo audiencias con empresas afines que inflan cifras y perpetúan el ciclo de audiencia ideologizada.
En regiones como Murcia o Valencia, vecinos han expulsado equipos de RTVE gritando “fuera manipuladora”, evidenciando el hartazgo popular ante una cadena que prioriza el poder sobre el servicio público.
Incluso en eventos como la votación del asalto a RTVE durante las inundaciones, la cadena se convirtió en “Tele Pedro”, un No-Do moderno al servicio de un líder que desprecia la democracia al atacar instituciones que no le convienen.
Es inaudito que, en 2025, una televisión pagada por todos sea tan manipuladora. TVE no une: divide, polariza y adoctrina, atrayendo solo a los más sectarios mientras repele al resto.
Urge una reforma real que devuelva la independencia a RTVE, con consejos paritarios y sanciones a la manipulación. Solo así recuperaremos una televisión pública digna, no un feudo de Sánchez. Los españoles merecemos mejor: información veraz, no propaganda barata.
El Atalayero






