Escándalo en el centro de menores de Casa de Campo: Un antiguo vigilante denuncia al director por “comportamientos violentos” y permitir el trapicheo y la fuga de internos

Un exvigilante de seguridad del Centro de Primera Acogida de Casa de Campo ha presentado una denuncia ante la Policía Nacional contra el director del centro, acusándolo de presuntas agresiones a menores tutelados y de permitir un deterioro grave en la gestión del recinto, según ha sabido El Mundo.
La denuncia, respaldada por testimonios y documentos internos, describe un panorama alarmante: episodios de violencia, tráfico y consumo de drogas, fugas de menores y una supuesta “ley del silencio” impuesta por la dirección y la Fundación Diagrama, entidad gestora.
El denunciante señala al director, de origen magrebí y con experiencia en centros de acogida, como responsable de agresiones físicas a los menores.
Un caso destacado ocurrió en mayo, cuando el director habría gritado a un adolescente en el comedor por incumplir normas de vestimenta, lo empujó y golpeó en la espalda, según el escrito.
Otros vigilantes habrían intervenido en incidentes similares, el último hace apenas dos semanas.
Además, se acusa a la dirección de tolerar un entorno caótico que facilita fugas de menores, quienes, según el exvigilante, delinquen y consumen drogas en el Camino del Robledal, cerca del centro de recuperación de aves rapaces.
La denuncia detalla un supuesto tráfico de drogas dentro y fuera del centro, con antiguos residentes entregando alcohol y pastillas a los tutelados, a veces ante la pasividad de la dirección.
Informes internos, que no han salido a la luz, constatarían este menudeo. Además, se prohíbe a los vigilantes alertar a la Policía, bajo amenaza de sanciones, consolidando un “blindaje de silencio”.
El exvigilante también denuncia graves deficiencias: ausencia de chalecos anticorte, emisoras defectuosas, botiquines insuficientes y una central contra incendios inoperativa desde hace un año.
A esto se suma un trato desigual por parte de mediadores que, según el denunciante, encubren conductas violentas de los menores o contradicen a los vigilantes en procesos judiciales, dificultando sanciones penales.
La sobrecarga laboral de los vigilantes y el miedo de los educadores a hablar, según el denunciante, refuerzan la percepción de opacidad.
La Consejería de Familia, Juventud y Asuntos Sociales niega tener constancia de la denuncia y defiende que el consumo o tráfico de drogas está prohibido en todos los centros. También asegura que no hay registros de agresiones por parte del director y que existen protocolos para detectar violencia.






