La pasarela de la M-515 de Quislant se está demoliendo. Nunca debió construirse. Era una presunta prevaricación. Lo denunció El Correo de Pozuelo. Pero nadie da explicación alguna

Este fin de semana, un lector habitual nos ha escrito un mensaje a la sección “Cuéntaselo a Sira” en el que decía:
“Hola Sira. Espero que estés descansando en algún lugar fresquito.
Te escribo porque hoy he visto que el recientemente construido puente/pasarela peatonal que une Pozuelo con Majadahonda a la altura de Monteclaro acaba de ser derruido.
He alucinado porque ese puente no tiene más de 4 años o así.
¿Sabes cuales han sido los motivos?
Me gustaría que preguntases quien paga este dispendio…”
Con Sira de vacaciones, contestaré yo en esta columna…
Agradeciendo la denuncia, empezaré diciendo que nuestro lector lleva razón.
Así que vayamos por partes cómo diría Jack el Destripador:
La pasarela peatonal que el Ayuntamiento de Pozuelo de Alarcón construyó sobre la carretera M-515, a la altura de Monteclaro, en 2018 ya está siendo demolida.
Apenas han pasado cuatro años desde que se inauguró con gran boato, con la exalcaldesa Susana Pérez Quislant sacándose fotos para la posteridad junto a su entonces concejal de Obras Pablo Gil y unos pocos vecinos.

Hoy, esa misma estructura metálica de 21 metros de longitud, por la que se gastaron más de 656.000 euros de dinero público, ha sido desmantelada. Y la gran pregunta de nuestro lector y la nuestra propia es:
¿Quién paga esto?
Y cuando digo esto, me refiero a lo que costó construirla y lo que está costando su demolición. A lo que habría que añadir lo que costará levantar una nueva. Aunque no será ahí.
Y no será ahí porque ya de entrada se hizo mal.
Lo que está ocurriendo ahora no es una anécdota. Es un escándalo. Un ejemplo de libro del despilfarro institucional de aquella alcaldesa desastre que gobernó Pozuelo desde el capricho y la indigencia cultural y política. Esta pasarela es una demostración de la alegría con la que se gastó el dinero de los vecinos, sin previsión, sin visión urbanística y, lo que es peor, con total desprecio por el futuro.
Y es que, cuando esa pasarela se construyó, en 2018, ya se sabía que su ubicación coincidía con una futura gran rotonda incluida en los planos del desarrollo ARPO-Sector de Empleo II. Estaba dibujada. Estaba proyectada. Y, aún así, Quislant la construyó sabiendo que tendría que demolerse. Una presunta prevaricación de libro.
No estamos hablando de un simple error técnico. No. Hablamos de una chapuza política de primera categoría. Una más. Y esta vez, con resultado tangible: Los escombros y los hierros ya están en el suelo y la factura en los bolsillos de todos.
La pasarela ha sido desmontada porque estorbaba. Porque estaba mal ubicada. Porque ya se sabía en 2018 -cuando se construyó- que ese punto era parte, repito, del futuro desarrollo urbanístico de ARPO, Sector de Empleo II. Los planos lo decían. Lo dicen. Los técnicos lo sabían. Lo saben.
¿Por qué se consintió?
¿Por qué la Oposición no protestó?
Al menos yo no lo recuerdo cuando era, vuelvo a insistir, un presunto delito de prevaricación. Y no sé si de presunta malversación. Porque, en aquella época la indigente política que mal gobernaba Pozuelo ya estaba buscándose una salida digna de una indigna legislatura y solo le importaba aparentar que hacía algo en su propio beneficio.
Como tantas otras veces, se impuso el “que lo herede el siguiente”. Esa política cortoplacista, de foto y nota de prensa que nos han impuestos las forasteras que ha mandado el PP a Pozuelo.
Además, aquella pasarela no resolvía ningún problema real de conexión peatonal o ciclista. Estaba plantada en tierra de nadie, uniendo dos tramos de carril bici infrautilizados, como si la fiesta de la bici de Pozuelo se fuese a fusionar con la de Majadahonda y a encontrarse todos en la explanada de la UFV.
Absurdo.
Y con el agravante que ya lo denunciamos entonces en El Correo de Pozuelo. Lo comentaron algunos vecinos. Pero en el Pozuelo de Quislant la crítica era ruido a perseguir y las decisiones se tomaban con arrogancia e improvisación cayese quien cayese.
Hoy, los hechos nos dan la razón: Han tirado a la basura 656.000 euros en una estructura inútil. Una infraestructura condenada a la demolición desde el mismo día en que se aprobó. A lo que hay que añadir, repito, el dinero que está costando su demolición.
¿Dónde están ahora las explicaciones?
¿Quién ha pedido perdón?
¿Dónde está Susana Pérez Quislant, premiada como diputada del PP en la Asamblea de Madrid y responsable directa de este despilfarro?
¿Dónde está Paloma Tejero, alcaldesa actual, para contarnos quién va a pagar el dinero gastado en aquel capricho electoralista?
Porque el silencio, señores, no es una opción. Ya vale.
Los vecinos de Pozuelo merecen saber quién autorizó esta barbaridad, qué informes urbanísticos se ignoraron y por qué se siguió adelante con un proyecto condenado al fracaso.
Esto no es un fallo menor. Es el ejemplo perfecto de lo que ocurre cuando un Gobierno municipal pierde el contacto con la ciudad y gobierna solo para sí mismo.
Pero, desgraciadamente, nadie dirá nada.
Ni siquiera la Oposición.
Todo vale, curiosamente, en esta ciudad castigada y abandona por el PP cuando es en la que más se le ha querido.
Amén.
El Capitán Possuelo





