Consideraciones sobre el penoso espectáculo del sorteo de “casi 30 viviendas” en la ciudad más rica de un supuesto país desarrollado y, encima, tener el descaro de presumir de ello

Estimado Capitán:
Hace un par de días, leí en su periódico un artículo sobre la revista VIVE POZUELO, ese panfleto que nuestro Ayuntamiento publica periódicamente con nuestro dinero, en el que comentaba que no había salido en junio y, por lo que parece, tampoco saldrá en julio…
Y a propósito de dicho artículo, quisiera comentarle alguna cosa sobre lo que el Gobierno anunciaba en uno de los últimos números de dicha revista…
Hace un par de semanas, llegó a mis manos un número de la revista VIVE POZUELO. No sé a qué mes correspondía porque no lo pone en ningún lado pero, como curiosidad, conté hasta doce fotografías de nuestra alcaldesa forastera. Es lógico, como ella no es de aquí y no la conoce nadie, tiene que utilizar todos los medios a su alcance para darse a conocer. Insisto, con nuestro dinero.
Pero no era de eso de lo que le quería hablar. Lo que me llamó la atención fue la noticia de portada, sin duda una muestra de la decadencia tan profunda en la que ha caído nuestra sociedad. Que anunciemos el sorteo de viviendas para jóvenes como un gran logro merece una profunda y compungida reflexión que dejo a su consideración por si quiere publicarla.
Comencemos por comprender la entidad de la medida. Recientemente veíamos publicada la noticia de que el área metropolitana de Madrid tiene un déficit de unas 850.000 viviendas. Cada vez más, vamos conociendo casos de gente que vive hacinada en los llamados pisos patera. Son viviendas compartidas por varias familias donde se llega a pagar 700 euros por cada habitación.
El problema de la vivienda es un problema estructural que ha resultado de la proverbial inutilidad de los partidos que nos han gobernado durante los últimos cincuenta años.
Para paliar el problema, nuestra forastera corporación ha puesto a disposición de nuestros jóvenes 29 viviendas. Bien. Ya solo nos faltan otras 849. 971. La cantidad es tan ridícula que los redactores del autobombo tienen que hacer contorsionismo dialéctico con expresiones como “casi 30 viviendas” o “cerca de una treintena”.
Pero lo más lamentable es que nuestra forastera corporación haya convertido Pozuelo de Alarcón en una sucursal de la Unión Soviética, donde hasta la suerte es provista por el estado.
Existen diferentes niveles de totalitarismo. La cosa comienza con limitaciones a la libertad de movimiento o de acción. Se trataría de prohibiciones a desplazarse libremente, a reunirse con quien se quiera o a consumir determinadas cosas; en definitiva, a vivir como uno quiera.
El siguiente grado de totalitarismo se da cuando se cercena la libertad de expresión. Cualquier idea u opinión contraria al pensamiento único es cancelada y su autor perseguido. No me voy a extender sobre esta cuestión porque desde que George Orwell publicara ‘1984’ está todo dicho.
La siguiente vuelta de tuerca llega cuando los niveles impositivos del país se vuelven confiscatorios. Esto significa que el ciudadano medio trabaja la mayor parte de su tiempo para el Estado, por ejemplo, para pagar una tasa de basuras abusiva como hacemos en Pozuelo. A esto lo podríamos llamar esclavismo, ya que unas élites obligan coercitivamente a la gente a trabajar para ellas.
Finalmente, se alcanza el máximo nivel de sublimación totalitaria cuando el estado procura la buena o la mala suerte sorteando viviendas.
Por lo visto, ya no aspiramos a que los jóvenes de Pozuelo de Alarcón puedan labrarse un porvenir con su talento y su esfuerzo. No pensamos en que las nuevas generaciones puedan aspirar a adquirir la vivienda que ellos quieran, fruto de su trabajo, de su ingenio y del sudor de su frente.
En un mundo liberal, la gente sale al terreno de juego en condiciones desiguales, cada uno con sus antecedentes psicosociales y psicogenéticos, que es tanto como decir con su talento y con su capital social. En última instancia, nuestra vida viene determinada por la suerte. Pero al fin y al cabo es mi suerte. Y está en mi mano cambiar esa suerte si juego bien mis cartas.
Ahora ya no. Nuestros políticos han creado un mundo donde las nuevas generaciones no tienen ninguna esperanza de valerse por sí mismos y tendrán que limitarse a esperar a que les toque una vivienda en la rifa.
Mientras tanto, los más talentosos y aquellos con más recursos económicos se marcharán a estudiar sus doctorados en universidades de prestigio a lo largo y ancho de este mundo, muy lejos de aquí. Acabarán trabajando y viviendo en otros mercados que permitan a la gente vivir con dignidad.
Y en Pozuelo de Alarcón solo quedará la frustración como forma de vida.
Juana Pozuelo






