A propósito de la seguridad en Pozuelo: Ante la negación de la inseguridad real, el asesinato del ucraniano en plena calle es un salto cualitativo que, fatalmente, no ha hecho más que empezar

Estimado director:
A propósito de la angustia vivida en Pozuelo con el nuevo asesinato de una persona a la que no le compraría un coche usado, me gustaría hacer unas consideraciones sobre la inseguridad en esta ciudad que, durante muchos años, fue ejemplo y sinónimo de tranquilidad.
Pozuelo de Alarcón fue el municipio modelo, referencia de calidad de vida y seguridad, en la Comunidad de Madrid.
Esa imagen, sin embargo, se ha ido resquebrajando a toda velocidad. Y lo que antes era orgullo se ha convertido en una creciente preocupación vecinal por la inseguridad…
Pero eso no parece inquietar al Gobierno del Ayuntamiento que no lo asume. Peor, se intenta maquillar una realidad cada vez más difícil de esconder.
La criminalidad ha subido y no se trata de una percepción objetiva basada en unos datos cocinados. Se nota en la calle. Es algo subjetivo por mucho que se empeñen las autoridades.
Pero este deterioro no ha sido repentino, sino progresivo. Y ha coincidido con la gestión de dos alcaldesas forasteras del PP que, en lugar de afrontar el problema con responsabilidad, han optado por disimularlo con titulares, ocurrencias y medidas cosméticas.
Susana Pérez Quislant, al frente del consistorio durante 8 años, dejó pasar el problema como si la seguridad no fuese un pilar esencial del municipio. Bajo su mandato se instalaron cámaras lectoras de matrículas pero solo fue una medida estética mientras se abandonaba la necesaria ampliación de la plantilla de Policía Municipal.
La dejadez en el cuerpo policial fue más que evidente y la sensación de inseguridad creció a pie de calle.
Con la llegada de Paloma Tejero, se esperaba un cambio de rumbo. Lo que ha llegado, sin embargo, es más de lo mismo, aunque con una estética más tecnológica.
La alcaldesa ha anunciado la creación de una unidad de drones y la instalación de 200 cámaras inteligentes, que aún no se sabe si lo ha hecho, dicho sea de paso. Sobre el papel, un despliegue moderno y ambicioso. En la práctica, un intento de tapar el agujero con soluciones que suenan bien en notas de prensa, pero que no responden al fondo del problema: La falta de efectivos policiales reales, de presencia disuasoria, y de una estrategia seria y coherente.
Y es que los 15 nuevos agentes que se incorporarán no serán suficientes. Se necesitaría el triple.
Mientras los vecinos denuncian robos, okupaciones y delitos en aumento, desde el Gobierno de Pozuelo se lanzan propuestas tan ridículas como la del “código QR” para que los ciudadanos avisen cuando no estén en casa, como si el problema de la seguridad pudiera solucionarse con una aplicación digital.
Y ahora, lo que faltaba: Que se produzca muertes al mejor estilo de la mafia. En plena calle y de día. Y en la puerta de un colegio. Y van dos ya casos.
¿Qué quiere decir esto?
Esto quiere decir, y esa es la gran tragedia, que ha habido un salto cualitativo de gran importancia en la inseguridad ciudadana y con la sensación de que puede repetirse en cualquier momento… Porque, fatalmente, esto no ha hecho más que empezar.
Pozuelo de Alarcón ya no es Pozuelo de Alarcón. Y el problema es que no hay voluntad política para revertir la situación de inseguridad porque la actual alcaldesa está a otra cosa.
Y eso, en esta ciudad, es imperdonable.
Por muchos homenajes que se les dé a las policías. Santo, incluido.
Juan Pozuelo




