El Gran Pozuelo de Alarcón no tiene solución: La mayoría de los vecinos viven su vida en sus urbanizaciones grandes y pequeñas y sus políticos están de paso y no quieren saber nada

Estimado director:
Le envió un artículo a su consideración y abundando en eso que tanto dicen ustedes en El Correo de Pozuelo con toda la razón del mundo: El Gran Pozuelo de Alarcón no tiene solución.
Y es que ese Gran Pozuelo de Alarcón, uno de los municipios más ricos y singulares de la Comunidad de Madrid, atraviesa una crisis que parece no tener fin aunque la mayoría de sus vecinos, atrincherados en sus urbanizaciones grandes y pequeñas, les da lo mismo porque viven ajenos a su Ayuntamiento pese a que sus dirigentes, de paso y sin arraigo, parecen más interesados en crear problemas que en resolverlos.
En el centro de este torbellino se encuentra Paloma Tejero, una alcaldesa que llegó al poder con ambiciones desmedidas pero sin un plan claro de ciudad y sin conocer su idiosincrasia y eso cuya gestión ha sido un cúmulo de errores, entre ellos subir los impuestos, que ha terminado enfadando a los vecinos, algo que parecía imposible, y ha debilitado la estructura municipal.
Tejero asumió la alcaldía con una actitud arrogante, como si Pozuelo fuera un trampolín para metas más altas en su carrera política. Sin embargo, pronto se topó con una realidad incómoda: las arcas municipales estaban exhaustas tras los excesos de su predecesora, Susana Pérez Quislant.
Pero Tejero, lejos de adoptar una postura prudente para sanear las finanzas, optó por seguir adelante con proyectos grandilocuentes que la ciudad no demandaba. Subió impuestos de forma drástica, vendió patrimonio municipal sin considerar su valor para los ciudadanos y apostó por una colaboración público-privada que, aunque válida en otros contextos, resultó absurda para iniciativas como hoteles o palacios de congresos en un municipio que no los necesita.
La parte privada, como era de esperar, no tardó en aprovecharse de esta administración desorientada y hacerle la pelota pero de poner dinero como que ya veremos.
Esta obsesión de Tejero por destacar la llevó a aislarse. Despreció a sus colaboradores, humillándolos en ocasiones, y dejó claro que no necesitaba a nadie para sus grandes planes.
En su equipo inicial, las denominadas “Tres Marías” (Miriam Picazo, Lucía Molares y Macarena Lora, sustituida luego por Laura Pérez de Ziriza tras la caída en desgracia de esta última) fueron su único sostén. Félix Alba, un veterano político que supuestamente aportaría cordura, se apartó pronto, y los concejales restantes fueron ignorados desde el primer día.
El resultado ha sido devastador. La administración municipal se desangra con la marcha de personal clave y el caos se ha instalado en el Ayuntamiento.
Pero a Tejero parece no importarle. Su desconexión con Pozuelo es absoluta: No conoce la ciudad ni ha mostrado interés por entender su idiosincrasia. Llegó con prisas, proponiendo cambios de oídas, sin análisis ni consulta, como si Pozuelo fuera una localidad más del sur o el oeste de la Comunidad de Madrid. Su paso previo por el municipio, bajo el mandato de Quislant, había sido irrelevante, y su gestión actual no ha hecho más que confirmar su falta de preparación política.
Uno de los mayores errores de Tejero ha sido su enfrentamiento con los vecinos. Desde el minuto uno, se dedicó a tocarles las narices con decisiones impopulares y una actitud prepotente.
Propuso transformar una ciudad que ya está transformada, impulsando vivienda barata sin analizar por qué, históricamente, se ha construido tan poca vivienda de esas características en Pozuelo. No es que no se necesite vivienda pública (que podría ser una discusión interesante), sino que cualquier iniciativa requiere un enfoque político cuidadoso por la propia particularidad de la ciudad, algo que Tejero nunca se planteó. Las prisas han sido su sello como política irreflexiva.
De todas maneras, el origen de este desastre hay que buscarlo en el PP de Madrid, que colocó a Tejero al frente de Pozuelo sin advertirle de su peculiaridad. Pozuelo es un municipio con residentes que no toleran que les compliquen la vida, ni siquiera con una mayoría absoluta de 17 concejales. Nadie le explicó esto a Tejero, tal vez porque el PP, tanto regional como nacional, hace tiempo que dejó de prestar atención a este feudo tradicional, dándolo siempre por ganado.
Ahora, el partido empieza a preocuparse. La pésima gestión de Tejero ha puesto en riesgo este bastión histórico, y el PP de Madrid busca tomar el control antes de que el Gran Pozuelo de Alarcón se les escape de las manos. La agrupación local, antaño poderosa, es hoy una sombra de sí misma. Y Tejero, que tenía dos legislaturas para consolidarse, apenas ha durado media. Le entregaron la “ciudad bicoca” de la Comunidad, pero nadie le dijo que no debía molestar a los vecinos. Y ella no ha parado de hacerlo.
En resumen, el Gran Pozuelo de Alarcón no tiene solución a corto plazo. Sus vecinos seguirán en sus urbanizaciones, indiferentes al caos político, mientras los dirigentes de paso seguirán tomándolo como un escalón más en su carrera política.
Tejero, atrapada en su propia ambición y desconexión, pasará a la historia como un ejemplo de lo que no se debe hacer en un municipio que exige más sutileza de la que ella jamás pudo ofrecer.
Y el PP, que la catapultó a este puesto, recogerá ahora las consecuencias de su negligencia.
Y Pozuelo, mientras tanto, esperará a que alguien entienda qué ciudad es y qué necesita realmente.
Muchas gracias por permitir que exprese mi opinión.
Juan Cornago




