La Intolerancia política (administrativa y financiera) de la alcaldesa Paloma Tejero está abriendo una brecha insospechada y de consecuencias imprevisibles con los sindicatos

La reciente decisión de las Secciones Sindicales del Ayuntamiento de Pozuelo de Alarcón de no asistir a la Mesa General de Negociación con el Gobierno pone de manifiesto una problemática que va mucho más allá de la buena relación que siempre ha existido en el Viejo Convento.
La intolerancia política y económica de la alcaldesa Paloma Tejero es, en estos momentos, incomprensible. Es como si, políticamente, hubiera decidido negarlo todo. Todo salvo lo que favorezca su propia imagen. Un error político inconcebible.
Y es que tras haberse cargado la opinión política de la Oposición en la Revista Vive Pozuelo (en una muestra autocrática intolerable y con la que ha traspasado todas las líneas rojas de la democracia) todo es posible al final del Pasillo del Infierno.
Y, lógicamente, lo primero que ha saltado por el aire ha sido el respeto a la representación de los trabajadores del Ayuntamiento que se han visto obligados, como decía, a no asistir a la reunión de la Mesa General de Negociación convocada ayer día 14.
Los representantes de los trabajadores del Ayuntamiento han denunciado repetidamente la falta de voluntad del equipo de gobierno para abordar cuestiones clave como la equiparación salarial, la regulación del teletrabajo y la cobertura de bajas por incapacidad temporal, temas sobre los que hasta ahora, por lo menos, recibían buenas palabras. Ahora, en cambio, parece que todo se ha dinamitado.
A pesar de que estas problemáticas afectan directamente al desempeño y bienestar es los propios trabajadores, el equipo de Paloma Tejero parece estar más interesado en mantener un control político autocrático que en resolver los verdaderos problemas del municipio, entre los que destaca la gestión administrativa en un Ayuntamiento, cuya plantilla se deshace materialmente.
La incongruencia política de la alcaldesa se refleja también en su incapacidad para reconocer el sobresfuerzo de los empleados públicos a causa de esa menguante plantilla de trabajadores. En lugar de valorar su profesionalidad y dedicación, Tejero parece empeñada en cargarles con la responsabilidad de su mala administración ante los vecinos.
Esta situación no solo es injusta sino que también resulta contraproducente para esos vecinos que dependen del buen funcionamiento de los servicios municipales. La precariedad en que están trabajando ya que no solo les está afectando gravemente a ellos, sino también a la calidad de los servicios que reciben dichos vecinos.
Por otra parte, la crisis financiera que sufre el Ayuntamiento del Gran Pozuelo de Alarcón causada por la mala cabeza de la ex alcaldesa Susana Pérez Quislant y de la propia alcaldesa Paloma Tejero, está ahora influyendo en todo.
Es un hecho innegable que el Ayuntamiento atraviesa una crisis financiera, pero lo verdaderamente preocupante es que esta situación Tejero parece que quiere resolverla, en parte, a costa de los empleados municipales.
En lugar de buscar soluciones dialogadas y efectivas, la alcaldesa ha optado por una gestión impositiva que ignora las demandas y necesidades de los trabajadores para ahorrar dinero. Esta actitud generará un clima laboral insostenible, con consecuencias que van desde problemas de salud entre los empleados hasta un deterioro, insisto, en la calidad del servicio público.
Es urgente que Paloma Tejero reconsidere su postura y adopte una actitud más inclusiva y dialogante. La crisis financiera del Ayuntamiento no puede servir como excusa para perpetuar un clima de intolerancia política y desamparo laboral. Los empleados municipales merecen un trato digno y justo, y los vecinos de Pozuelo de Alarcón necesitan un gobierno que priorice el bienestar colectivo por encima de intereses partidistas.
La protesta de las Secciones Sindicales es un recordatorio de que los límites han sido superados. Es hora de que la alcaldesa asuma la responsabilidad de sus acciones y trabaje en conjunto con los trabajadores para encontrar soluciones reales y sostenibles. De lo contrario, el precio de esta intolerancia política será pagado no solo por los empleados municipales, sino también por toda la comunidad de vecinos de Pozuelo de Alarcón.
Y eso es malo para todos.
Juan Pozuelo






