El Galeón de Manila: Otra gran gesta de la Marina española (unió comercialmente Filipinas con Méjico durante 250 años) que se consiguió gracias al monje-marino Andrés de Urdaneta

El 10 de agosto de 1519, zarpó de Sevilla una expedición en busca del paso sur entre los dos océanos, Atlántico y Pacífico. Se componía de cinco buques (Trinidad, San Antonio, Concepción, Victoria y Santiago) con una tripulación formada por 239 hombres a las órdenes de Fernando de Magallanes.
Entre los días 21 de octubre y 27 de diciembre de 1520, Magallanes pasó el estrecho que lleva su nombre entre los dos océanos, no obstante, durante su paso, perdió otro buque. La San Antonio, mandada por Juan de Cartagena, desertó el 1 de noviembre y volvió a Sevilla a donde llegó el 6 de mayo de 1521.
Previamente, el 3 de mayo había perdido la nave Santiago, la más pequeña de todas al naufragar en la costa argentina.
Con las tres naves restantes, Magallanes reanuda su viaje a travesando el océano.
El 6 de marzo de 1521 arriban a la isla de Guam, actual archipiélago de Las Marianas, que ellos bautizan como isla de los ladrones. El 16 de marzo llagan a Sámar situada en las Bisayas Orientales, en las Filipinas. Es la tercera isla más grandes. El 27 de abril de 1521, Magallanes muere luchando en la isla de Mactán.
Después de varios incidentes, solo quedan 108, insuficientes para el buen gobierno de las tres naves, por lo que deciden quemar la Concepción que era la que en peor estado se encontraba.
Las dos naves supervivientes, la Victoria mandada por Sebastián Elcano y la Trinidad mandada por Gonzalo Gómez de Espinosa, ambas cargadas de clavo, deciden emprender el viaje de retorno.
La Trinidad, con una importante vía de agua, se queda para ser reparada el puerto de Tidore y una vez reparada intentaría volver cruzar océano Pacifico de Este a Oeste, mientras la Victoria retornaría directamente a Sevilla por la ruta del Cabo de Buena Esperanza bordeando África.
La Victoria zarpó el 21 de diciembre y arribó a Sanlúcar de Barrameda el 6 de septiembre de 1522 con 18 supervivientes.
La Trinidad, reparada, zarpó el 6 de abril de 1522, pero las corrientes y las fuertes tormentas volvieron a dañar gravemente a la nave. Pidió ayuda a los portugueses que tomaron la embarcación y a sus 17 tripulantes. Cinco de ellos, entre los que se encontraba su capitán, regresaron a España en 1527.
Ante la indefinición del contra meridiano definido por el Tratado de Tordesillas, el Emperador decidió disputar a Portugal los derechos sobre las Molucas.
Para ello envió una nueva expedición colonizadora. La expedición mandada por García Jofre de Loaísa estaba compuesta por siete navíos y 450 hombre entre los que se encontraban Juan Sebastián Elcano y el joven Andrés de Urdaneta. Zarpó de La Coruña el 24 de julio de 1525.
Durante el viaje murieron Loaísa y Elcano, perdieron tres buques por deserción antes de cruzar al Océano Pacifico y, de los cuatro que lograron pasar, solo uno (La Santa María de la Victoria) logró llegar al destino previsto, el puerto de Tidore, a principios de 1527 con 127 tripulantes.
Las otras tres: una, la San Lesmes se perdió en el océano; otra, la Santa María del Parral llegó hasta las islas Célebes donde, dos años más tarde, los supervivientes fueron recogidos por la expedición de Álvaro de Saavedra y el patache Santiago puso rumbo al norte y, en un extraordinario viaje, llegó a las costas de Nueva España.
Al llegar a las Molucas, los tripulantes, en cumplimiento de las órdenes recibidas del Emperador, empezaron a disputarle a los portugueses con las armas su dominio. Dando lugar a una guerra en el fin del mundo que duró diez años. Las necesidades monetarias del Emperador, hizo que vendiera a Portugal sus derechos sobre dichas islas Molucas en 1529 por Tratado de Zaragoza.
Los supervivientes de la expedición de Loaísa, solamente 24 hombres entre los que se encontraba Andrés de Urdaneta regresaron a España en 1536.
Enterado Hernán Cortés de los problemas de la expedición de Loaísa por el patache Santiago, preparó una expedición de auxilio con las naves Florida, Santiago y Espíritu Santo, mandada por Álvaro de Saavedra. Zarpó de Zaguanatejo en noviembre de 1527. Aunque al puerto de Tidore solo llegó la Florida, se desconoce el destino de las otras dos.
La intención de Cortés era contactar con la expedición anterior, recabar información y volver para informar al Emperador. La Florida, después de dos intentos, no pudo superar los vientos y las corrientes y regresó a Tidore, donde ya se conocía el Tratado de Zaragoza. El tratado solo afectaba a las Molucas, pero no significaba una renuncia al comercio con Oriente.
El problema seguía siendo encontrar la ruta de retorno, es decir el tornaviaje a través del Pacífico hasta Nueva España. Se habían realizado hasta seis intentos, todos ellos frustrados.
El último intento había sido el del capitán general Ruy López de Villalobos. Zarpó con dos naves que partieron de Jalisco el 1 de noviembre de 1542. El intento de volver a Nueva España volvió a fracasar y Villalobos acordó con los portugueses que aquellos tripulantes de la expedición que así lo desearan, serían devueltos por aquellos a España. Llegaron a Lisboa en 1548.
Después de su llegada a España, Urdaneta conoció a Pedro de Alvarado quien tenía firmadas unas capitulaciones que le autorizaban a “descubrir los secretos del Mar del Sur”. Alvarado tenía el proyecto de preparar una expedición para ir a la vuelta de China. En 1538, Urdaneta embarcó en la expedición de Pedro de Alvarado que zarpó de Sevilla, pero la muerte de Alvarado, en 1541, en Nueva España puso fin a la proyectada expedición.
Urdaneta se quedó en Nueva España haciendo diversos trabajos para el virrey, entre ellos mandar una flota a Perú en apoyo a Pedro de la Gasca para ayudar en la guerra civil contra los Pizarro. Tiempo después, Urdaneta se hizo monje agustino y sacerdote.
Entre tanto, la Corte española seguía interesada en los viajes a Oriente. Los motivos eran una mezcla de intereses económicos, políticos y religiosos. Así, en 1559, el rey Felipe II le manda una carta al Virrey de Nueva España, Juan de Belasco, dándole órdenes para la preparación de una expedición a las Filipinas
Urdaneta que no dejaba de proclamar que él era capaz de “hacer volver no solo a una nave, sino a una carreta” atravesando de Este a Oeste el Océano Pacífico, fue propuesto para mandarla, pero por su condición de religioso declinó el mandarla, no obstante aceptó formar parte de ella. Se eligió para mandarla a Miguel López de Legazpi que era escribano mayor del Ayuntamiento de Ciudad de Méjico.
Se construyeron las naves en Nueva España en 1564. Eran dos galeones grandes (San Pedro y San Pablo), dos pataches (San Juan de Letrán y San Lucas) y un pequeño bergantín (Espíritu Santo).
Zarparon del puerto de Navidad en noviembre de 1564 y la expedición tenía como objetivos: encontrar la ruta de vuelta, el Tornaviaje; acceder al mercado de las especias; poblar y evangelizar a la población nativa. Cinco meses más tarde llegaron a Cebú (Filipinas), en abril de 1565, e iniciaron los preparativos del viaje de vuelta.
Se preparó le galeón San Pedro, se le dio el mando al nieto de Legazpi, Felipe Salcedo, y se eligieron dos buenos pilotos que acompañaron a Urdaneta que continuaba aconsejando la ruta a seguir ya que, siendo monje, no podía tener cargo alguno.
Zarparon de Cebú el 1 de junio, accedieron al Pacífico por el estrecho de San Bernardino y navegando hacia el noroeste alcanzaron la latitud de 39º 30´. Siguen navegando hacia el oeste disminuyendo la latitud hasta los 33 º y, el 18 de septiembre, avistan en costa de California la isla Deseada, a la altura de la actual Santa Rosa, frente a la bahía de los Ángeles.
Continúan bajando la costa de California hasta llegar a Acapulco en octubre de 1565, tras cuatro meses de navegación y solo con dieciséis bajas entre los 212 hombres que zarparon de Cebú. La ruta del tornaviaje estaba abierta, la gesta se había logrado.
Cuando Andrés de Urdaneta arribó a Acapulco, se encontró con la sorpresa de que el patache San Lucas, que se había separado de la flota y había sido dado por perdido, se encontraba en el puerto, había llegado unos meses antes. Su capitán Alonso de Arellano aseguraba que había llegado a Filipinas y que decidió la vuelta Nueva España al no conseguir conectar con el resto de la flota.
Con el descubrimiento de la ruta de Tornaviaje, además de dar comienzo a la ruta comercial con Oriente por medio del Galeón de Manila, también llamado Galeón de Acapulco o Nao de China, tuvo un componente político, Filipinas fue asociada como Capitanía General al gran Virreinato de Nueva España.

La ruta entre ambos continentes duró 250 años, desde 1566 hasta 1815.
Los productos procedentes de Oriente se descargaban en Acapulco de donde se llevaban al Caribe y de allí a Sevilla con las Flotas de Indias. Hacia Filipinas trasportaba productos europeos y sobre todo plata porque el precio de la plata era mucho mayor en Oriente debido a las necesidades que China tenía de dicho metal.
Teniendo en cuenta que el galeón no era un galeón de la Armada, era un mercante de compañías comerciales que prestaban toda su atención en cargar mercancías con menos precio de sus capacidades defensivas y, que, salvo cortos períodos de tiempo, no gozó de escolta por buques de la Armada.
El número total de buques que se hicieron la travesía a lo largo de este cuarto de milenio fue de 108. De ellos, solo fueron 4 capturados en los 250 años que estuvo funcionando la ruta:
- El Santa Ana, en 1587, en las costas de California por Thomas Cavendish como ya hemos contado en esta serie.
- El Nuestra Señora de la Encarnación, en 1709 por el pirata ingles Wooden Rogers. Había zarpado de Cavite junto al Nuestra Señora de Begoña, pero en las costas de California se separaron y dos fragatas de Wooden atacaron al Begoña por dos veces, pero este se defendió y consiguió llegar a Acapulco.
- El Nuestra Señora de Covadonga, en 1743, en las proximidades de Filipinas. Atacado por el navío inglés Centurion, de la escuadra de Anson. Después de un encarnizado combate —con 120 bajas y 60 muertos—, el navío español y su carga fueron presa de la superioridad artillera del inglés.
- El Santísima Trinidad y Nuestra Señora del Buen Fin, alias El Poderoso. En 1762 zarpó de Cavite con destino a Acapulco, pero los duros vientos de un tifón le produjeron tan graves daños en la arboladura que el capitán decidió regresar a Manila, pero no sabía que España e Inglaterra estaban en guerra y los ingleses acababan de tomar Manila. Atacado por dos navíos, se rindió y fue capturado.
Los hundidos y desaparecidos fueron 26, casi todos por causa de fenómenos naturales.
El último viaje del Galeón de Manila fue en 1815. La fragata Magallanes que arribó sin carga procedente de Méjico. La plata conseguida por la venta de los productos había sido incautada por los insurrectos mejicanos.
Así terminaba una ruta comercial que unió a los tres continentes durante un cuarto de milenio.
Joaquín de la Santa Cinta, autor de «50 héroes españoles olvidados» y «135 Presidentes del Ejecutivo español en la Decadencia española (1788 -1905)»
Para saber más:
- Juan Farragut, Mariano. El Galeón de Manila
- Sierra de la Calle, Blas. La Expedición de Legazpi- Urdaneta (1564-1565). El Tornaviaje y sus frutos.
- Pereira Fernández, José Manuel. Andrés Urdaneta: In Memeoriam en el quinto centenario de su nacimiento. Universidad de Santiago de Compostela. Revista de Historia Naval n.º 102. Año XXVI. 2008.
- Pérez, Enciso. Tierra Incógnita.







Gracias por estos serios y amenos artículos de la Historia de nuestros antepasados .
Que pasen una Feliz Navidad !!!
Muchas gracias por su participación y consideración. Igualmente le deseamos Feliz Navidad