La falta de decoro de Francina Armengol en el Congreso: La presidenta y algunos diputados desprecian la institución con una vestimenta propia de un chiringuito de playa

La chabacanería y el mal gusto se ha instalado en el Congreso. La presidenta Francina Armengol no sabe distinguir el código de vestimenta que rige en el chiringuito de la playa respecto al de la Cámara Baja. No procede presentarse en vestido de tirantes y un collar de cuentas al estilo hippy, como hizo este viernes, ya preparada para irse de fin de semana, quizá a Magaluf.
Armengol se ha sentado en la butaca del Congreso desde el martes con los hombros descubiertos. Qué menos que una americana para desempeñar como tercera autoridad del Estado. Marta Lois, la portavoz de Sumar, también enseñó bíceps en la primera jornada del debate, con un top sin mangas. El viernes la pillaron sacando el móvil para tomarse un selfi con sus compañeros de bancada, como si estuviera en el pub. Que el macarra de Óscar Puente combine el traje con las zapatillas de deporte tampoco sorprende.
Quién nos iba decir que al final la filoetarra Mertxe Aizpurua, con su corte de pelo al hacha, sería la que rescatase una americana arrugada del armario, como el que guarda una corbata vieja en el cajón de la oficina. Lástima que su colega Óscar Matute no se quite los vaqueros, por no hablar del pendiente.
De la corbata prescindieron muchos. Ay, si les viese José Bono. Al final vamos a agradecer que Yolanda Díaz se gaste los cuartos en la peluquería y en la tienda de Prada.
(Gentileza El Debate-Ana Mellado)






