Crónica telemática del Pleno de constitución de la Corporación del Ayto. de Pozuelo con los discursos esperados de los portavoces y una Tejero a la que le sobró la segunda intervención

No fui al Pleno de constitución de la Corporación del Ayuntamiento de Pozuelo de Alarcón. No me llamaba la atención. Sabía lo que iba a suceder. Cuando has visto uno (y yo he visto tres o cuatro) los has visto todos. Estos actos son para las familias de los electos y para las autoridades que apoyan a la candidata a la alcaldía.
Y es que lo normal es que venga gente importante, para que se note que los que mandan en el partido apoyan a la nueva alcaldesa. Si no vienen, mala cosa de entrada. Y el problema fue que no vino nadie. Estuvo Paloma Adrados y Enrique Ruiz Escudero pero ambos formaban parte de la candidatura de Tejero. También estuvo Gonzalo Aguado, ex alcalde de Pozuelo durante dos años, que, supongo, paseando por la Plaza Mayor vio luz, oyó jaleo y se dijo: Coño, algo pasa en el Ayuntamiento, voy a ver…
Y vino Borja Sémper, portavoz del PP Nacional desde primeros de año. Y estuvo bien que viniera. Pero el vasco no tiene cargo oficial alguno. Dicen las malas lenguas que vino a recomendar un eventual. La gente que es muy mala.
Dicho esto, trataré de hacer la crónica telemática de lo que vi a través de la señal que nos sirvió el Ayuntamiento en su página web.
Como la realización es fría y distante, solo podré hablar de los discursos de los portavoces que eran las únicas imágenes que servían al margen de los juramentos o promesas del cargo en los que, esta vez, si se llevaron a cabo con seriedad y conforme a lo que manda la ley.
¿Y qué fue lo que vi y oí?
Pues vi y oí a un Gonzalo Cerrillo dominador y sobradete (te sobraron ademanes, Gonzalo) y una Carmenchu Miralles de convidada de piedra que más le hubiera valido usar esa hora y media para terminar la liquidación del Presupuesto 2022 que aún tiene manga por hombro.
¿Qué hacía allí, Menchu, si no había pasta en juego?
Supongo que para dejarse ver.
Y en eso empezó el acto con la elección de la Presidencia de la Mesa de Edad del Pleno. El concejal de mayor edad fue Félix Alba y el más joven Ignacio Santana. Ambos del PP.
Comenzó exponiendo su planteamiento político de legislatura Patricia Cabal, de Somos Pozuelo, que hizo un discurso bien hilvanado pero en clave interna. Para su gente. Cosa, por otra parte, normal ya que sus posibilidades son más bien ninguna.
A continuación habló Ángel González Bascuñana del PSOE. Su discurso estuvo bien. Como siempre lo son. Pero se le notó algo apagado. Posiblemente, porque hasta él mismo está cansado de defender desde hace 8 años las mismas cosas y saber que, si el año pasado sin la mayoría absoluta hubo una posibilidad, en esta legislatura lo tiene muy crudo… Y no debe ser fácil volver a empezar a picar piedra.
En tercer lugar, intervino Ainhoa García de Vox. Se le notaba un cierto nerviosismo lógico del debutante pero, al menos, sabía lo que leía no como el tarugo de Fernández que, aparte de no saber leer, no sabía lo que decía.
Y por último, llegó el turno de Paloma Tejero. Y la verdad es que estuvo muy bien. Serena. Dominadora. Seria. Humilde. Porque humildemente presentó su candidatura a la alcaldía, sabiendo que la tenía ganada.
A continuación se votó y ganó. Y tras la victoria y el juramento. Y Félix Alba procedió a la entrega de la Vara de Mando que distingue claramente la responsabilidad de quien la porta.
(La leyenda dice que la Vara de Mando solo la puede portar el alcalde de turno aunque cuando el rey visitaba la ciudad se la cedía durante la estancia del monarca en la villa para demostrar que él era la máxima autoridad del municipio).
Celebrado ese pequeño protocolo, me llamó la atención (supongo que se ha hecho otras veces pero yo no me había fijado) Cerrillo mandó presto bajar a la Presidencia de Edad del estrado para que subiese la nueva alcaldesa. No sé si lo manda el protocolo pero a mí me pareció un acto servicial tirando a servil por parte de Gonzalo. No hubiera pasado nada que la ya alcaldesa hablase desde su escaño. Nada. Incluso, hubiera sido un gesto político importante que la Presidencia de edad cerrase el Pleno. Era lo suyo. Todo hubiera sido más normal.
Se entiende porque Cerrillo acostumbrado a Quislant, que solo se bajaba para hacer pis, obrase por rutina.
Y lo digo porque Paloma Tejero, desde la tribuna, fue otra. Posiblemente, porque ese lugar impone de entrada y lleva aparejado un subidón de responsabilidad o, sencillamente, a causa de la emoción que produce el cumplimiento de un sueño. Y más aún, cuando Paloma había salido de Pozuelo, hace cuatro años, hundida por los caprichos de una alcaldesa que nunca debió serlo. Volver a lo más alto, sin duda, es una satisfacción doble.
En cualquier caso, creo que a Tejero le sobró esta segunda intervención. Tendría que haberse limitado a dar las gracias, como hizo, y cerrar el Pleno. Hubiese quedado muy bien diciendo algo así como “nos vemos trabajando” y no ser tan redundante en su agradecimiento a Isabel Díaz Ayuso mientras repetía un tanto aturullada algunos puntos de su programa electoral.
Es cierto que la presidenta del PP de Madrid la puso de candidata. Y eso es de agradecer. Pero una cosa es una cosa y otra un paraguas. Creo que algo de mérito también hizo ella en campaña para merecerlo. Con tanto agradecimiento perdía valor ese trabajo y hacía bueno “el dicho de la cabra”.
Amén.
(Y cierro el artículo porque Gonzalo Cerrillo me ha hecho el ostensible gesto de la gumía rebanando mi cuello)
El Capitán Possuelo





