La renuncia del General Castresana a su acta de concejal ha sido una mala noticia para Vox Pozuelo: Se ha perdido una oportunidad de oro para acabar con la mediocridad de su dirección

La renuncia del general José Javier Muñoz Castresana (nos enteramos por El Correo de Pozuelo) ha sido una mala noticia para Vox Pozuelo. Cuando supimos de la dimisión de la inefable Marta Ordozgoiti a muchos afiliados y ex afiliados se nos apareció la luz al final del túnel en que nos ha sumido el concejal y (des)coordinador Juan Ignacio Fernández Tomás (el pobre Nachete) y su mujer María Teresa López Divassón (la inefable Maite).
Pero no pudo ser. El general de división del ejército español tampoco dio la talla. Se arrugó. Es posible que tuviera alguna importante razón para ello pero, como no la ha explicado, tenemos que dudar de los motivos de su renuncia. Hubiera sido maravilloso para Vox Pozuelo conocerlos ya que él se presentó libremente a representar a los pozueleros.
Una pena. Se ha marchado, incluso, antes de tomar posesión del cargo de concejal. Y unos cuantos enfadados, ante tan vergonzosa gestión de la parejita Fernández-López, esperábamos que el genral aceptara el cargo para poner algo de orden en este ilusionante partido de derechas pero que, en Pozuelo, no hace más que alejar votantes. Vox Madrid sabrá por qué lo consiente.
Y ese es el problema. Vox Madrid es el problema. No quiere enterarse de lo que está ocurriendo en Vox Pozuelo.
El problema de Vox Pozuelo es muy fácil y ha sido identificado decenas de veces a través de los artículos de El Correo de Pozuelo y parte, como ya he dicho, de la gestión del concejal y (des)coordinador Juan Ignacio Fernández Tomás y su mujer María Teresa López Divassón. Ninguno de los dos da la talla política que necesita esta ciudad en la que Vox ya debería estar dando encuestas “sorpasso” a un PP en descomposición. Pero nada. Esta pareja no da la talla, insisto. En ningún aspecto. Ni intelectual, ni profesional. El hace el ridículo mientras ella es la mano que mal mece la cuna.
Ambos han demostrado tener un talento tan escaso que todo el mundo opina que no valen para nada.
Políticamente, son un timo. Tal vez por eso, la única candidatura alternativa a Rocío Monasterio salió de Pozuelo, encabezada por Manuel Pizarro, solo tenía un objetivo: Llamar la atención en Madrid de este desastre. Un detalle que pretendía alertar hasta al más ignorante de los problemas que había que resolver en Pozuelo pero no fue el caso.
A ese desastre de (des)coordinadores se une ahora la desastrosa lista electoral de Juan Ignacio que no deja de sufrir bajas. El paracaidista Aizcorbe salió corriendo en cuanto pudo ya que nunca le interesó Pozuelo pero, seguramente, aceptó para poder tener algún sueldo mientras intentaba llegar al Congreso.
Por favor, señor Aizcorbe, no vuelva.
Tras irse el paraca catalán, se quedaron Ignacio Fernández y Ángel Hernández (esa triste sombra que persigue a Ignacio hasta más allá de lo personalmente correcto y que ríe cuando Ignacio ríe, que llora cuando Ignacio llora y que, sin él, no es nada. Manga güevos, qué nivel, Maite) y la concejala Marta Ordozgoiti (esa que nunca dejaba de gritar porque debe estar enfadada con el mundo desde que nació).
Con Aizcorbe cogiendo las maletas tras haber conseguido destinar 400.000€ para un ESTUDIO del soterramiento del tren (qué poca vergüenza), entró la señora Sara Suárez Pérez, que no consiguió aguantar ni un mes los gritos de Marta y la pronunciada estulticia de Ignacio. Fue demasiado para su cuerpo.
Cuando la señora Suárez se fue, le tocó el turno a Alberto de Miguel Terraillón. Un concejal que “no puede hacer nada”. Va diciendo por ahí que es “porque no le dejan”. Con razón. Este fin de semana, Alberto se ha ganado a pulso el enfado de casi todo Vox Pozuelo. De los afiliados, de los (des)coordinadores Ignacio y Maite y de los ex-afiliados.
¿Qué habrá pasado?
Pero ahora no toca contarlo.
Y tras Marta Ordozgoiti, de oca a oca, le tocaba el turno a José Javier Muñoz Castresana… Una oportunidad perdida.
¿Se imaginan el caso que iban a hacer a Vox Pozuelo desde la sede de Vox en Madrid si un General de División alzara la voz desde el pleno de Pozuelo para denunciar el caciquismo de la (des)coordinación de Ignacio y Maite?
¿O que escribiera un artículo sobre el tema en este periódico?
España entera sabe que, en Vox, tiran más dos generales en una foto que dos carretas.
Castresana podría haber llevado a cabo su gran último servicio a la Patria. Su renuncia indica que estamos ante una nueva calamidad: Otra más de Vox Pozuelo.
Ahora entrará una tal Mercedes. Mercedes Morales. Una auténtica estadista (dicen), que además podrá coquetear, políticamente hablando, con sus antiguos compañeros del PP de Pozuelo.
Con ella, señores, continuará subiendo el talentoso nivel de Vox Pozuelo. Que Dios nos coja confesados…
Juan Pozuelo






