Sirvan estas letras para reconocer la dignidad, lealtad y memoria de Yolanda Estrada en su serie de artículos sobre el Gürtel y el ex alcalde Sepúlveda en Pozuelo. Gracias por tanto decoro

He de decir que, como Henri Ford, patriarca y creador de la firma del óvalo, se quitaba el sombrero cada vez que veía por la calle un Alfa Romeo, yo “me quito el sombrero” cuando leo las crónicas de Yolanda Estrada sobre sus análisis entre jurídico y político del Caso Gürtel en lo que concierne a Pozuelo y Jesús Sepúlveda.
Tengo que decir, por delante, que no conozco a Yolanda, personalmente, pero sí recuerdo el pasaje bíblico que nos recuerda: “por sus frutos los conoceréis” y aunque no acierto a entender, visto cómo la tratan en el partido de la gaviota, admiro su solvencia intelectual, personal y moral para trasladar con argumentos fidedignos su desacuerdo sobre lo acontecido en una sentencia “tripartita” que, finalmente, se quedó en: progresistas: dos, conservadores: uno.
No me atrevería a juzgar al Sr. Sepúlveda, para eso ya han estado tres magistrados, eso sí, discrepantes, sobre los mismos hechos, con unas consecuencias para el futuro de España que ninguno de ellos imaginaría ¿o sí, Sr. De Prada?, pero vistos sus considerandos ideológicos, todos apuntaban que se aproximaría al desfiladero, aunque despeñarse por él, no fuese creíble en la persona de Mariano (por cierto, si no era creíble su declaración ¿por qué no hay diligencia abierta por falso testimonio…?), hoy huido hasta del PP.
Mantiene y recuerda Yolanda la transparencia en el mandato del Sr. Sepúlveda, la obligada colaboración del “confidente” interno y ofendido por haber sido expulsado de su puesto y cargo y la participación del PSOE en los pliegos de oferta a instancias del alcalde en libertad bajo fianza y hoy en precario, más cerca de la indigencia que de la opulencia. Aunque discurso y testimonio no fuese considerado, vista la sentencia, en sede judicial.
No se harta de objetar acusaciones con argumentos directos y llenos de lógica, por estar allí y desde su primer artículo hasta hoy, nadie ha rebatido lo por ella escrito.
Yolanda, doy por bueno que en ningún momento Jesús Sepúlveda -obvio el tema de los coches/coche- interfirió, manipuló o sencillamente participó en concursos y aprobaciones -“mayores”-, pero hay un hecho que lo penaliza, no sé si para el delito de cohecho, por supuesto, y no con la inusitada dureza de la sentencia dictada contra él.
Falló en el obligado cumplimiento de “in vigilando”. Esa sí era su responsabilidad y entiendo que el Sr. Fernández y otros similares no obligaron al alcalde a que les cediera la parte del botín que todos quieren/querían en la Casa Consistorial: contrataciones y delegación.
En el pecado de la confianza sufrió, ¡y qué precio sigue pagando! la penitencia, primero de la avaricia de los imprescindibles como Roberto y luego de la clemencia por la delación y así salvarse, trasladando por necesidad y/o convencimiento ¿? a los tres magistrados, dos con certeza absoluta, que la mano que mecía la cuna era la suya y tras la habitación de los críos, anexionada, estaba la casa azul que, también, recibía prebendas.
Personalmente, como ciudadano, me tranquilizaría comprobar que en la pieza del llamado Gürtel valenciano del PSOE se aplicarán los mismos argumentos de defensa de lo público y que los magistrados, para dar credibilidad al ciudadano, se vistan dos de conservadores y uno de progresista y, tras escuchar el veredicto final pudiésemos discrepar de la sentencia, alabando la coincidencia de los tres magistrados ante el delito -supuesto- cometido.
Ganaría la verdad y sobre todo la justicia. El ciudadano podría irse a la cama tranquilo y con la confianza que el que llame a su puerta, a media mañana, vaya a ser el lechero.
Yolanda, leyendo tus crónicas sobre los vericuetos de esta sentencia y de este caso, incluso he tenido la tentación de poder algún día poner mi voto con las siglas del partido que con tanta valentía defiendes, con argumentos y desde el respeto, a pesar de cómo te han tratado los “dignos” mandatarios de Madrid y Pozuelo, pero al retomar al reciente pasado y recordar la actitud del increíble lector del Marca, hasta ayer faro del PP y recordar a Bolinaga, Cataluña, María San Gil, “sé fuerte Luís”…, me he dado cuenta que las personas como tú y los miles de afiliados anónimos, leales, francos y honrados, siempre acabáis, en los grandes partidos, arrinconados, porque el poder entiende solo de un principio: ganar y para alcanzar esa cima no se puede mirar atrás, ni ver el daño hecho (por eso no podréis contar con el mismo). Eso sí, siempre por el bien mayor que es el de servir al ciudadano (aunque a nosotros nunca nos pregunten qué queremos).
Gracias, Yolanda, por mostrarnos que ni todo vale, ni todos somos iguales, aún hay esperanza.
A. Nogueiro





