El pasillo del infierno del Ayuntamiento de Pozuelo, ese que va directamente al despacho de Quislant, es el ejemplo de su lejanía con todo y con todos. Un artículo de Loro Encantado

Como buena mamá, me preocupan mucho mis “pollitos”. Me cuenta mi hija que existe un pasillo dentro del Ayuntamiento que se asemeja mucho al Politburó en los peores tiempos del Partido Comunista de la antigua URSS. La puerta de entrada a ese famoso pasillo es como la puerta de una “mazmorra” de una prisión de seguridad, hay que apretar un botón por parte del correspondiente conserje que recibe las instrucciones para abrir para hablar con su majestad la Alcaldesa de Pozuelo de Alarcón. Todo un ejemplo de cercanía.
Todavía recuerdo aquellos tiempos, no tan remotos, en que uno entraba en la Casa Grande como “Pedro por su Casa”, saludaba a los conserjes por su nombre y no era necesario retratarse en la entrada, pasar por un torno de seguridad, pasar el bolso por el escáner y luego esperar a que te abran la puerta al famoso pasillo del infierno. Soy consciente de que los tiempos han cambiado y hay cuestiones de seguridad que hay que cumplir pero, sinceramente, no me gusta nada de nada. Prefería el pueblo de antes en el que uno saludaba a todo quisque y le preguntaba a la secretaria del Sr. Alcalde si estaba en el despacho, entraba y charlaba un rato sobre lo que le preocupaba (es cierto que la secretaria era una mujer, ahora son varias mujeres, y el alcalde era un hombre, pero qué más da, debería dar igual, ¿verdad?). Lo importante es que todo era familiar y amable, nada de “agresivamente incómodo”. Una se encontraba como en casa, como debe de ser.
Desde que han traído a los “forasteros” no tengo ganas de ir al Ayuntamiento. Tengo la sensación de que ya no es mi pueblo, no conozco a nadie porque todos los han traído de fuera, la mayoría enchufados por el partido, porque si son funcionarios tienen todo el derecho a estar ahí al haber ganado su plaza. Y lo peor no es que sean forasteros, lo más sangrante es que se creen superiores a los demás ciudadanos, te miran por encima del hombro.
Ya no tengo edad para cambiar de pueblo, es el mío, y lo quiero a pasar de todo, pero ganas me entran. Vendrán tiempos mejores, seguro, vendrán personas honestas que no se crean mejores y que estén dispuestas a servir a sus “conciudadanos”. Ya sé que estoy soñando pero estamos en las puertas de la Navidad, felices Pascuas para todos los pozueleros y también para los “forasteros”, ¿por qué no?, ojalá nos hagamos amigas, es Navidad.
Loro Encantado






