La luz de la Navidad parpadea en Pozuelo de Alarcón y un deseo popular que bien podía ser una carta a los Reyes Magos para que nos alejen del cutrerío

Aprovechando este “acueducto” festivo dispuse de tiempo y ganas para pasear la villa y buscar el espíritu navideño que tanto enternece a los programas televisivos y que tan poco muestran en sus tertulias (sociales, económicas, bullangueras y, por supuesto políticas) guiadas siempre por personas sobrepasadas, habitualmente, por el personaje que representan del cuál acaban siendo esclavos, y que tienen la ventaja de saber de todos los temas -todos eruditos y sabios- única y verdadera razón de poder ser y otorgarnos el bálsamo de fierabrás que cada caso necesita, más allá del problema que proceda. Y decía que, caminando, caminando me llegué a la Plaza del Padre Vallet… rezumaba sal, pues las heladas habían aconsejado esparcirla, para evitar caídas innecesarias, aunque visto que solo sirve para golpear el balón los peques, a pesar de la prohibición, pocos sustos, pudo evitar.
Esperaba encontrarme con un gran árbol o un belén, quizás unas luces llamativas o un trovador para animar a vecinos y comerciantes. Nada de nada, quietud, frío, soledad y tedio.
Es la receta de nuestro municipio para todo…, excepto para las comilonas festivas y lúdico-políticas. Reconozcámoslo, una vez más, por el estómago el voto y por la economía el mandato… aunque no creo que el roscón de Reyes sea la solución.
La misma sensación se vive pasee uno por dónde quiera de nuestra extensa villa: tono desangelado, luces peripatéticas, algún puesto ambulante de comidas navideñas y, por supuesto, pista de hielo y pequeños espectáculos para niños, más propios de los años ochenta (cómo les gusta a nuestros munícipes tornar atrás y el vintage) enfrente a la Biblioteca del ESIC, imagino yo, que por aquello de la cultura…, por si se pega, vamos.
Me pongo la venda, antes que la herida, porque visto el anticipo navideño me temo, un año más, que la Cabalgata tornará a ser ejemplo de la desidia de nuestros concejales, con ambiente añejo, ornamentos oxidados y transformaciones en los vehículos de la misma que nos recuerdan a las pancartas olvidadas, en vez de a los leads actuales. Al menos, esperemos que caramelos haya y los verdaderos reyes del día cinco, se vayan a casa con los bolsillos llenos de los mismos.
Y qué decir del Programa social, que tendría que ser el verdadero motor en estas fechas…y siempre, más allá de la consabida recogida en los hiper y de la buena voluntad de tantos pozueleños, volverá a no ser nada ni para los que poco tienen, ni para los que pocos tienen (pequeños, medianos, adultos y, por supuesto abuelos…).
Hoy les propongo una idea, atúsense la melena, despójense de prejuicios y anímense a innovar (pendiente aún del resultado del Bus Búho gratuito de nuestras patronales): dado que la mayoría de Vds. ni son, ni se les espera en el municipio, bueno sería, primero para los concejales y luego para tantos padres y niños, abierto a todos los pozueleños, que empezásemos por conocer Pozuelo, por tener conciencia de ser de aquí y, para ello, nada mejor que visualizarlo de manera lúdica económica y divertida; sin riesgos: todos esos trenecitos que circulan y pasean a tantos y tantos ciudadanos por los diversos sitios y lugares de Expaña mostrando barrios y monumentos o simplemente enseñando la ciudad – cascos incluidos – serían en unas fechas tales y con un recorrido adecuado la ocasión de sentir y conocer Pozuelo, porque no se puede interiorizar lo que ni sientes, ni distingues.
Se imaginan disfrutar del Parque Adolfo Suárez, para así conocer Húmera, o trasladarlos a la antigua Plaza Consistorial para que tantos conozcan el casco antiguo. Qué decir de poder mostrar que hubo un tiempo y un matadero… hoy pendiente de viviendas y gran CC y así hasta conocer nuestra villa para amarla, sentirla y poder presumir de ella.
Que los Reyes de Oriente traigan luz y sepamos seguirla, aunque me temo que otro año más, pasarán de largo recordando la máxima: cuando se hace lo mismo, nada puede cambiar. Y hay que reconocer que, en eso, nuestros insignes gobernantes locales son maestros.
A. Nogueiro






