La incoherencia política de la alcaldesa de Pozuelo Susana P. Quislant está a tres centímetros de la demagogia si no ha caído ya en este vicio tan de moda

La alcaldesa Quislant está a punto de entrar en la mayoría de edad de los malos políticos. Hace cursillos acelerados y ya empieza a caer en la incoherencia política y la incoherencia es uno de los peores vicios de la vida pública. De los malos políticos, mejor dicho. Y, como es un tema que no me gusta, quiero recordar aquí algunas de esas incoherencias. Más porque se autocorrija que por otra cosa. Porque, como siga así, se quedará, políticamente, en nada. En Pozuelo forever, que diría Ulecia.
Y es que, mientras sigue sin contar oficialmente lo que pasó en el incendio del Polideportivo El Torreón y cuando de lo único que habla la propaganda oficial es de los actos a los que asiste, con foto y sus pomposas declaraciones incluidas, quiero recordar una serie de circunstancias que se han producido en este mismo año y en las que la alcaldesa de Pozuelo estuvo implicada. Solo como recuerdo y por su bien.
(Ya sé que no lee este periódico pero también sé que alguien se lo dirá, si se atreve)
Y es que, en estos días, con tanto hablar de condenar la violencia de género con motivo de su Día Internacional y tanto hablar de presunción de inocencia, con motivo de la muerte de Rita Barberá, es bueno que Susana se acuerde de algunas cosas para no traspasar esos tres centímetros que ya la separan entre incoherencia y demagogia.
La alcaldesa Quislant, en estos días, se ha cansado de condenar la Violencia contra la Mujer. Incluso, salió a la escalera de la Casa Consistorial a llevar a cabo un minuto de silencio por las mujeres asesinadas por sus parejas. Como curiosidad y extrañamente, lo hizo a las 10 de la mañana y sin anunciar con lo que poca gente asistió. Normal en este Gobierno clandestino. A veces, tengo la sensación que huye de los contribuyentes.
Por eso, hoy, quiero recordar su pasión por la Peña Las Domingas. Y domingas, como ya se lo expliqué a Pablo Gil hace tiempo, son los pechos femeninos, alcaldesa. Pero en español vulgar. Y tiene connotaciones claramente machista. Recuerden la jota de Pablo Echenique. “Chúpame la minga, dominga”… Los podemitas, incluidos los pozueleros, son incoherentes y demagogos.
También hemos dicho muchas veces que esta peña pozuelera se puede llamar como quiera pero que nadie de la Corporación puede apoyarlas con dinero público, ni que los políticos les rían las gracias o que confraternen con ellas, como confraternaron en la pasadas Fiestas de la Consolación. Recuerdo, como la alcaldesa anunciaba su llegada a la plaza el día del Pregón de Bertín y las fotos que se hacían con ellas días después…
Y, alcaldesa, o se está en la procesión o se está repicando las campanas. Y esta alcaldesa quiere estar en los dos sitios. Y las Domingas, lo mismo que las Mingas, son nombres infumables cuando se quiere tener tolerancia cero con la Violencia de Género. Y no se puede condenar la Violencia en la Mujer cuando se están protegiendo comportamientos machistas.

También en estos días le he leído y oído a la alcaldesa apelar a la presunción de inocencia en relación a Rita Barberá. Y es verdad. A la señora Barberá no le respetaron en vida ese pilar básico de la democracia.
Pero yo aquí quiero recordar como a la señora Quislant se le olvidó también ese democrático e imprescindible principio cuando Ángel González Bascuñana dijo que iba a poner a disposición de la Fiscalía de la Audiencia una serie de documentos que podían implicar al entonces concejal Pablo Rivas. Está grabado. Ángel ponía en duda la honorabilidad de Rivas y Susana Pérez Quislant no supo mantener en el Pleno siquiera la presunción de inocencia del que, hasta días antes, había sido su concejal de no recuerdo qué y sobre el que, además, sabía que estaba muy enfermo.
Y no se puede estar en la procesión y repicando las campanas, repito. La presunción de inocencia no puede ser para unos sí y para otros no. Así no va nuestra alcaldesa a ningún lado. Y a mí me dolería que por estas cosas no termine yéndose…
Cuide su coherencia, señora, el postureo no la llevará a ninguna parte.
Y anda que si por ese defecto se queda usted aquí otros cuatro años… Puf…
El Capitán Possuelo




