El Pozuelo (y la España) que quiero. Un artículo del pozuelero Francisco Moreno

Mi relación con Pozuelo es casi genética por que mi madre venía de vacaciones dos meses cada año desde que era una niña y lo siguió haciendo cuando nacimos hasta que, en el 73, nos mudamos aquí.
El Pozuelo que recuerdo de entonces era un pueblito pequeño y un poco aislado, rodeado de descampados, con algunos huertos y caminos de grava en lo que ahora son carreteras y calles principales.
Nada que ver con el actual “municipio más rico de España”.
El otro día, al leer las reflexiones que el Capitán Possuelo hacía sobre nuestra imagen de pueblo ricachón, recordaba aquellos tiempos con particular cariño.
No sólo era más joven y más inocente, también era mucho más… libre. No había ni una sola señal de prohibido en todo el término municipal. No había vallas, ni candados, ni puertas. Claro que entonces no éramos aún el pueblo más rico.
El Pozuelo de hoy es mucho mejor que el de entonces, sin duda. No por que sea más rico, sino por que es mucho más bonito. Además, ahora puede considerarse una ciudad con todos los servicios modernos, apta para el trabajo, el ocio y la vida agradable. Somos menos libres, en parte como consecuencia de que somos muchos más (por cada residente del Pozuelo de 1973 había 20 residentes ya en 2013), y ha sido necesario asegurar la intimidad de todos y, en parte, porque no se había iniciado ese extraño puritanismo que nos ha conducido a las prohibiciones de fumar en los bares, de beber en la calle y de circular a nuestro antojo.
Cierto que ahora podemos militar en el partido político que nos apetezca pero, la verdad, el precio pagado en las demás libertades ha sido muy alto. Por poner un ejemplo más, la legislación laboral de 1973 era más protectora de los derechos de los trabajadores que la de 2013.
No añoro aquellos años. No me gustaría perder los avances de todo tipo que he podido vivir desde entonces. Pero no termino de entender la razón de que hayamos tenido que perder muchas cosas buenas por el camino.
Este Pozuelo tan bonito de hoy, al que un amigo mío, por comparación con su barrio, llama Rivendel, no se lo debemos a nuestros políticos aunque se quieran apuntar el tanto.
Pozuelo es verde porque cada vecino, en su jardín, se ha esmerado en que sea verde. Los ejemplares de árbol más espectaculares están en propiedades privadas. Mi vecino tiene en la suya una sequoia (hijuela de otra, ya desaparecida, que crecía justo bajo mi ventana cuando era un niño) que es, seguramente, el ser vivo más alto de estos contornos. Y no costó tanto como el famoso “quercus palustris” que unos políticos megalómanos, irrespetuosos con lo público, trajeron a morir al Arroyo de las Cárcavas.
Esta belleza, conquistada metro a metro, puede que tuviera mucho que ver para que familias de renta elevada decidieran vivir en Pozuelo y poner su granito de arena en que sea un entorno espléndido para vivir.
Tampoco sería justo no reconocer que el patrimonio público de Pozuelo se ha engrandecido y está bien cuidado. Por fortuna, esa prosperidad tiene un reflejo en los medios de que dispone el Ayuntamiento y es de agradecer que una parte de esos recursos se emplee en los jardines y parques municipales.
Incluso, sería más lo que podría disponerse.
Porque no es fácil imaginar para qué necesita Pozuelo contratar 30 cargos de libre disposición, y asumir los costes correspondientes, cuando son personas que necesitan los partidos políticos, no los ciudadanos. Lo sé bien, yo he sido uno de ellos.
Ni sé para qué tiene que hacerse un colector que valdrá 100 millones de euros, cuando con estanques de tormentas, de los que ya tenemos alguno en Pozuelo, se haría el mismo servicio por la cuarta parte del coste.
Ni beneficia al buen nombre de Pozuelo que se incumplieran las normas urbanísticas por parte del propio Ayuntamiento para hacer, en una zona verde pública junto al Camino del Piste, unas viviendas que los jueces han declarado ilegales.
No comprendo que contratas como la de recogida de basura cuesten un millón de euros al mes, el equivalente a 500 sueldos, y además los contratos se consideren blindados y tengan que durar 10 años.
No sé en qué beneficia a Pozuelo que la alcaldesa contrate a un familiar del alcalde de otro pueblo con el fin de que éste tenga en su plantilla a la pareja de nuestra alcaldesa.
En cambio, no se utilizan los recursos municipales para evitar la ruina de edificios del Ayuntamiento, como ocurre en el Grupo Coca, ni en mejorar las condiciones de los pozueleros en riesgo de exclusión social, que también los hay.
Pozuelo podría ser un ejemplo de integración y resulta ser un caso de defensa a ultranza de privilegios, como ha ocurrido con la parcelación del Monte de Pozuelo.
Todo esto lo soportamos porque no hemos sido capaces de construir el Pozuelo y la España que queremos. Un Pozuelo y una España en los que los gobernantes estén sometidos a controles, necesarios para que, como seres humanos que son, no cometan arbitrariedades.
Exactamente eso, y no otra cosa, es una democracia moderna. Una democracia no puede albergar privilegios ni aforamientos, ni puede permitir que las Leyes, y mucho menos la Constitución, no se cumplan, porque en tales Leyes y Constitución están fundamentados nuestros derechos, individuales y colectivos.
Cuando se podía fumar en los trenes, me explicaba mi padre que la democracia consiste en que si de las seis personas que viajan en un vagón, cinco quieren fumar y la sexta no, los cinco fumadores se salen al pasillo a fumar. Porque la democracia no consiste en una fría aritmética de cómputo de votos, sino en respeto.
Y el respeto más necesario, el que debe profesar el poderoso hacia el inerme, es la auténtica conquista que los españoles, y también los pozueleros, tenemos pendiente.
Francisco Moreno, pozuelero






