Con este resultado electoral, si eres de clase media… tiembla

Por fin llegaron y pasaron las benditas elecciones. Mas no por ello van a acabar los líos. Más bien van a empezar. Se saludan los resultados como una victoria de la democracia, sobre todo por el fin del bipartidismo. Fin que significaría que habrá que dialogar más, llegar a acuerdos y pactos razonables en pos de la mejora del país.
Y así sería si fuéramos un país como Alemania, o el Reino Unido, Holanda, o algún otro de la órbita europea. Pero tal como yo anunciaba en mi comentario de la pasada semana, aquí y ahora será cuando llegue el momento de las sorpresas para el ingenuo votante. Veremos extrañas alianzas entre partidos que hasta la fecha se han lanzado sapos y culebras y algunos dardos envenenados. Y los dirigentes que con carita de angelical convencimiento nos han asegurado hasta la saciedad que “Jamás pactaremos con este o aquél partido, que tanto se aleja de nuestros ideales políticos”, sin apenas mover un músculo facial nos anunciarán con desfachatez que sí, que por fin han llegado a un acuerdo (democrático, eso sí) con estos o con aquellos en busca, naturalmente, del bien común. Mas el votante empezará a sospechar, con razón, que tales alianzas se han culminado con el único y exclusivo fin de repartirse el poder.
¿Otra predicción? Es bastante fácil. Pues todos prometen sustanciales mejoras para la mayoría del pueblo. ¿Y de dónde saldrá el dinero? Pues muy sencillo: Como siempre, de la sufrida clase media. En teoría debería ser la clase más rica la que más aportara. Pero comprobado está que si les aprietas mucho, se valdrán de todas las argucias legales para pagar menos impuestos que nadie. Y en cuanto a la población más desfavorecida, pues difícilmente vas a sacar nada de quienes nada o muy poco tienen.
Así pues, querido amigo y sufrido compañero de la clase media, que tanto esfuerzo y sacrificio te ha costado con tu sueldecito medio comprar la casa donde vives, el cochecito con el que te desplazas a tu curro diario, y tus cortas vacaciones en el pueblo de la familia, prepárate a rascarte el bolsillo porque, gane quien gane, te esperan malos tiempos. He oído decir a algún economista cosas tan inquietantes como que “Hay que elevar los impuestos sobre la vivienda, porque es un bien cautivo que no pueden evadir llevándose a otro país”, o bien “hay una importante bolsa de dinero en muchos viejecitos jubilados, que hace mucho tienen su casa pagada y encima acumulan unos sustanciales ahorrillos”.
No creas que el panorama varía mucho si el gobierno deriva más hacia la derecha o hacia la izquierda. En el primer caso se asfixia más a los pobres, y en el segundo a los ricos. Pero, con unos o con otros, SIEMPRE a la clase media. O más bien se intenta, porque en economía, que dicen es un asunto tan complicado para nosotros, los pobres legos, si lo miras bien, la cosa es de una simplicidad apabullante.
Simplicidad que en su día resumía muy bien un personaje que, pese a su loco y dudoso pasado tupamaro, de viejo parece haber encontrado un cierto equilibrio, al menos en sus frases: El ex presidente de Uruguay, José Múgica, en una entrevista realizada por uno de tantos reporteros más papistas que el Papa, después de dialogar ampliamente con Múgica sobre la pobreza, las injusticias, etc. le llegó el turno a los empresarios. Frente al ataque demagógico del periodista, el ex presidente levantó la mano frenando un poco la verborrea de su entrevistador. Lo que dijo fue que ojo con destruir el tejido empresarial de un país, porque si no existieran esos ricos, ¿de dónde saldría el dinero para los pobres? Lo que equivale a decir que no mates a la gallina de los huevos de oro.
De modo que si ejecutas políticas que escoren demasiado hacia la izquierda, los más favorecidos acabaran emigrando, o haciendo emigrar sus fortunas hacia países más benevolentes, pero si te inclinas excesivamente hacia la derecha y te pasas en la explotación del currante, te las tendrás que ver con huelgas, y a la postre con una revolución. El arte, pues, consiste en ese delicado equilibrio hacia el centro, que todos pregonan y pocos logran.
Ojalá, por el bien de todos, los resultados de estas elecciones se traduzcan en ese “camino de en medio” que predica una milenaria sabiduría que, según la Wikipedia, le sirvió a Gautama Buda para alcanzar “el estado de nirvana a través de la moderación que supone la huida de los extremos”.
Ommmmmmmmm…
Abelardo Hernández




