La instrumentalización de la diada, las mentiras del 11 de septiembre de 1714, las mentiras del independentismo catalán y Paloma Adrados

Como es de sobra conocido en La Diada se conmemora la mencionada caída de Barcelona un 11 de septiembre de 1714 en manos de las tropas borbónicas al mando del duque de Berwick (aunque su nombre pueda parecer británico, en realidad, era un militar francés hijo ilegítimo de Jacobo II de Inglaterra), durante la Guerra de Sucesión Española (que no de secesión), tras catorce meses de sitio. Esta victoria conllevó la abolición de las instituciones catalanas tras la promulgación de los Decretos de Nueva Planta en 1716. Sobre estos hechos posteriormente se ha montado una teoría de la conspiración. Pero vayamos por partes:
Tradicionalmente, durante La Diada se hace una ofrenda floral a Rafael Casanova que fue un patriota español cuyo bando, que circulaba por Barcelona en los días previos a la rendición, animaba a los catalanes a “salvar la libertad del Principado y de toda España, evitar la esclavitud que espera a los catalanes y al resto de los españoles bajo el dominio francés, derramar la sangre gloriosamente por el rey, por su honor, por la Patria y por la libertad de toda España”. (La gaceta: “las mentiras del 11 de septiembre).
Los decretos de nueva planta, en los que según los independentistas catalanes se suprime el idioma catalán, es radicalmente falso. En ningún momento se menciona esta circunstancia. Más bien lo que intentan es, en el ámbito de la administración del estado, sustituir el Latín por una de las lenguas más hablada (o la más hablada) en España, pero en manera alguna se prohíbe el catalán. Los Decretos de Nueva Planta, se aplicaron en toda España, incluida Castilla, dado que eran medidas modernizadoras del Estado.
La primera manifestación verdaderamente reivindicativa ante el monumento a Rafael Casanova se produjo en 1901, convocada por Lluís Marsans i Sola y las asociaciones Catalunya i Avant, Lo Sometent, Lo Renaixement, Los Montanyenchs, La Falç y Lo Tràngul
Como decíamos, es en 1901 cuando se tergiversa la historia en pro de los intereses de una nueva CLASE BURGUESA Y EMPRESARIAL (HOY SUSTITUÍDA POR UNA DETERMINADA CLASE POLÍTICA) al albur de un recién sentimiento nacionalista-independentista como fruto de una bonanza económica pasada y en declive. Recordemos que estamos en el periodo de monarquía de Alfonso XIII y económicamente esta clase burguesa reclamaba el proteccionismo de los textiles catalanes mediante la imposición de aranceles a los tejidos británicos que costaban la mitad. Lo curioso es que, a la vez, reclamaban la eliminación de los aranceles al carbón británico porque el asturiano les costaba el doble y esta era la materia prima principal que movía las fábricas textiles catalanas. Es más, para contentar a esta nueva burguesía acomodada y adinerada, el gobierno de turno le concedió el comercio exclusivo de textiles con las colonias, lo que a la postre nos llevaría a una guerra por la independencia cubana
De todo lo anterior se deduce que lo que realmente está detrás de los promotores del independentismo catalán es la defensa a ultranza de su tres por ciento, que es lo que marca la diferencia entre ellos y el resto de ciudadanos catalanes y españoles. Y todo ello, a costa de fracturar la sociedad catalana de semejante manera a como lo intentó en su día el Lehendakari Ibarreche.
Frente a las timoratas acciones del Gobierno de la Nación, el partido de Alvert Rivera, Ciudadanos , el pasado 2 de septiembre y de forma simultánea, registraron una moción en defensa de la unidad de España con el título: “Declaración institucional por la defensa del proyecto común español” en todos los Parlamento autonómicos. En Madrid, la rechazó Paloma Adrados, curiosamente.
Ahora el PP acaba de registrar una PNL con el mismo contenido.
Aviraneta






