Un lector se queja de mi buen trato a Pablo Gil cuando en esta legislatura se ha cargado las Fiestas de Pozuelo

(05-05-15) Resulta curioso lo controvertida que es la figura de Pablo Gil en Pozuelo. O se le ama o se le repudia. Creo que hay tantos pozueleros que le quieren como que le odian. Como en este caso:
Consideración de lector:
No me gusta el hockey… Es más, ni sé cómo se juega. Y es cierto, no ha sido el mejor concejal de Deportes y de Fiestas que ha tenido Pozuelo…
Pero el problema es que, aunque ser concejal de deportes es un chollo, nadie quiere ser concejal de Fiestas.
Nunca supe qué relación tenía una cosa con la otra pero, con Paloma Adrados, no es fácil encontrar relación de áreas en muchas concejalías. Y si no me cree, pregúnteselo a Diego de Aristegui.
Ser concejal de Fiestas de Pozuelo es quemarse la sangre porque se haga lo que se haga siempre estará mal.
También es cierto que Pablo lleva 12 años de concejal y eso es mucho. Tanto que yo no sé qué va a ser de él cuando deje la política pozuelera. No le quedará más remedio que convertirse en ‘paraca’ de otro pueblo aunque dudo que, para entonces, quede esa figura política en el PP.
Soy la mayor defensora de la renovación pero la alcaldesa prefiere lo contrario.
A Pablo, en cualquier caso, hay que reconocerle dos cosas: su disponibilidad y su bonhomía. Gil siempre está dispuesto siempre a trabajar sea la hora que sea y es bueno y honrado.
¿Y qué quiere que le diga…? Me parecen dos cualidades difíciles de encontrar y no digo tanto lo de la bonhomía como la disponibilidad a trabajar. No puede imaginarse cómo se escaquean algunos concejales.
De todas maneras, acepto su consideración y crítica.







